Propiedad Intelectual IA

De la guerra al pacto: Disney, Midjourney y la nueva frontera de la propiedad intelectual en la era de la IA generativa

El 11 de junio de 2025, tres de los mayores estudios de Hollywood —Disney, Universal y Warner Bros.— presentaron una demanda conjunta contra Midjourney. No era un pleito más sobre si entrenar modelos con obras protegidas es legal o no. El foco era otro, y mucho más incómodo para las tecnológicas: la herramienta generaba, bajo petición, imágenes de Darth Vader, Spider-Man, los Minions y Shrek con una precisión que los demandantes calificaron de «máquina expendedora virtual» de infracciones. Seis meses después, Disney anunciaba una inversión de 1.000 millones de dólares en OpenAI, el creador de Sora y ChatGPT. ¿Qué ocurrió entre medias? La respuesta condensa la evolución del conflicto jurídico y comercial entre la industria del entretenimiento y la inteligencia artificial generativa a lo largo de 2025, un año que ha redefinido las reglas del juego.

El cambio de foco: del input al output

Durante 2023 y 2024, los litigios se centraron en la fase de entrenamiento: ¿es fair use escanear millones de libros e imágenes para crear modelos estadísticos? Las sentencias de junio de 2025 en los casos Bartz v. Anthropic y Kadrey v. Meta trajeron un cierto alivio para las tecnológicas. El juez Alsup, en Bartz, calificó el entrenamiento de «espectacularmente transformativo», equiparándolo al aprendizaje humano. Pero añadió un matiz crucial: si los datos proceden de «bibliotecas en la sombra» (fuentes pirateadas), el almacenamiento de esas copias es una infracción independiente no amparada por el fair use.

Sin embargo, la demanda de los estudios contra Midjourney desplazó la diana. Ya no se trataba de cómo se entrenó el modelo, sino de lo que es capaz de generar. Los demandantes aportaron pruebas periciales de que la IA puede regurgitar fotogramas casi idénticos y personajes icónicos con prompts sencillos. El debate jurídico se trasladó así a la «infracción por diseño»: cuando un sistema está concebido para producir resultados que compiten directamente con las obras originales, ¿sigue siendo aplicable la misma defensa de transformatividad?

La jurisprudencia que marcó el año: Bartz y Kadrey

Las dos sentencias del Distrito Norte de California, ambas de junio de 2025, consolidaron una doctrina dual. Por un lado, el entrenamiento en sí mismo puede ser fair use si los datos se obtienen lícitamente. Por otro, la procedencia ilegal de los datos —como en el caso de Books3— veta esa defensa. En Kadrey, el juez Chhabria desestimó las pretensiones de los demandantes por falta de prueba de daño de mercado, pero dejó la puerta abierta a que los titulares de derechos acrediten un perjuicio concreto.

Esta jurisprudencia incentivó a los estudios a documentar meticulosamente cómo la IA generativa erosiona el valor de sus franquicias. No basta con alegar una infracción masiva; hay que demostrar que el público prefiere el contenido sintético al original, o que la saturación de «AI slop» (basura de IA) degrada la marca. Y eso, precisamente, es lo que Disney, Universal y Warner intentaron probar en su demanda contra Midjourney.

La teoría de la dilución de mercado y el fantasma del «AI slop»

En mayo de 2025, la Oficina de Copyright de Estados Unidos publicó la tercera parte de su informe sobre IA y propiedad intelectual. Introdujo allí un concepto que ha generado un intenso debate: la «dilución de mercado». Según la Oficina, el daño no se limita a la copia literal, sino que la capacidad de la IA para inundar el mercado con obras del mismo estilo o con personajes reconocibles puede socavar el incentivo para crear nuevas obras originales. Es una visión expansiva del cuarto factor del fair use (el efecto sobre el mercado potencial) que algunos consideran necesaria y otros, una amenaza a la libertad creativa.

Los críticos argumentan que convertir la «dilución» en un criterio autónomo podría llevar a una suerte de monopolio estilístico, protegiendo no solo obras concretas sino también ideas y estilos, algo que el derecho de autor tradicionalmente ha rechazado. Sin embargo, para los estudios, esta teoría es la llave que abre la puerta a reclamaciones más allá de la similitud sustancial.

El giro estratégico: cuando litigar no basta, invierte

A finales de 2025, la vía judicial dio un giro inesperado. El 11 de diciembre, Disney anunció una inversión de 1.000 millones de dólares en OpenAI. El acuerdo, estructurado mediante warrants de acciones y licencias de tres años, permite a la herramienta Sora generar vídeos con más de 200 personajes específicos de Disney, bajo condiciones muy estrictas: exclusión de voces y rostros de talento real, y la prohibición expresa de usar ese material para entrenar el modelo general de OpenAI.

Este movimiento es una muestra de «ordenación privada» (private ordering): ante la lentitud de la jurisprudencia y la incertidumbre legislativa, los grandes titulares de derechos optan por sentarse en el consejo de administración de las propias tecnológicas. La propiedad intelectual deja de ser un mero activo a proteger para convertirse en capital de inversión. Y la pregunta que nadie puede evitar es: ¿puede un estudio demandar por infracción mientras se convierte en accionista de la empresa que supuestamente infringe? ¿Es compatible la litigiosidad ofensiva con la participación en los beneficios de la tecnología?

Lo que parece claro es que el futuro de la relación entre Hollywood y la IA generativa no se decidirá únicamente en los tribunales. Los contratos privados, las licencias condicionadas y las participaciones accionariales están creando una arquitectura de mercado paralela que, para bien o para mal, deja fuera a los creadores independientes.

Para comprender en profundidad cómo 2025 ha redefinido las reglas del juego, descarga el informe completo del equipo de investigación de derechoartificial.com. En él encontrarás un análisis detallado de las sentencias, el derecho comparado (UE, Japón, China), las propuestas de licencias colectivas ampliadas y el modelo de gobernanza por contrato que emerge como alternativa a la guerra judicial.

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Conclusiones clave

  • El conflicto se ha desplazado del input (entrenamiento) al output (generación): la demanda contra Midjourney se centra en la capacidad de la IA para producir personajes icónicos, no en cómo se entrenó.
  • La jurisprudencia de 2025 consolida el fair use para el entrenamiento lícito, pero rechaza las «bibliotecas en la sombra»: Bartz y Kadrey sientan las bases de una doctrina dual.
  • La teoría de la dilución de mercado gana terreno: el informe de la Oficina de Copyright de mayo de 2025 introduce un nuevo estándar de daño que podría reconfigurar el cuarto factor del fair use.
  • La ordenación privada se impone como vía paralela: el acuerdo Disney-OpenAI de 1.000 millones de dólares con warrants y licencias restringidas señala el camino hacia una gobernanza contractual, accesible solo para los grandes actores.
  • El debate de fondo persiste: ¿cómo equilibrar la innovación tecnológica con la protección del incentivo creativo humano sin caer en monopolios estilísticos?