Elon Musk: el tecnoligarca que convirtió el Estado en negocio
Ética IA

Elon Musk: el tecnoligarca que convirtió el Estado en negocio

·PorRicardo Scarpa

Sección 1. Introducción: el tecnoligarca en la primera línea del poder

Elon Musk es, en 2026, el hombre más rico del planeta y el caso más avanzado de lo que la literatura sobre gobernanza tecnológica empieza a llamar tecnoligarquía: una sola persona concentra infraestructura crítica privada, un canal de influencia algorítmica sobre el debate público y acceso directo al aparato del Estado. Su patrimonio ha sido, este año, tan volátil como revelador. Tras la salida a bolsa de SpaceX el 12 de junio de 2026, la mayor OPV de la historia, Musk se convirtió por unas semanas en la primera persona con un patrimonio superior al billón de dólares. La corrección posterior del valor de la acción le costó, solo en julio, más de 360.000 millones de dólares, y situó su fortuna en torno a los 690.000-780.000 millones según el índice que se consulte a comienzos de agosto. La cifra exacta importa menos que la distancia con el segundo puesto: Musk mantiene sobre él una ventaja de cientos de miles de millones de dólares, algo que no tiene precedente en la historia económica reciente.

Su poder no vive solo en el patrimonio. Musk opera al mismo tiempo en la economía, la tecnología, la defensa y la política, con capacidad de intervención directa en tres dominios que hasta hace poco pertenecían en exclusiva al Estado: la gestión de la administración pública, la infraestructura de comunicación militar y el diseño de los sistemas algorítmicos que moldean el debate democrático.

Su nombramiento como asesor presidencial y su papel al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) institucionalizaron esa influencia en el núcleo del poder ejecutivo estadounidense. Su plataforma X hizo lo propio en paralelo: la evidencia experimental disponible confirma que el algoritmo prioriza contenido conservador y desplaza a los medios tradicionales, lo que le permite moldear el debate público a escala global sin necesidad de intervenir línea por línea en el contenido. Su imperio empresarial (SpaceX, Tesla, xAI y X) se integra, además, verticalmente con el Estado a través de contratos gubernamentales, infraestructura militar y tecnología de doble uso.

La relación de Musk con el Estado es de simbiosis, no de confrontación. Ben Tarnoff, coautor de Muskism: A Guide for the Perplexed, sostiene que una de las líneas conductoras de su carrera es la capacidad de instrumentalizar el sector público como fuente de poder y beneficios. El relato del libertario que odia al gobierno lo construye el propio Musk; la práctica muestra a un empresario que ha aprendido a convertir la inversión pública y la infraestructura estatal en apalancamiento privado. SpaceX no existiría sin los contratos de la NASA y el Pentágono. Tesla dependió durante años de subsidios gubernamentales. X opera bajo la protección de la Sección 230 de la Communications Decency Act.

Este artículo examina a Musk como estudio de caso de gobernanza tecnológica: su relación estructural con el Estado, los resultados verificables del DOGE, el funcionamiento algorítmico de X, su intervención en la política europea, su giro hacia la automatización militar y el conflicto regulatorio con la Unión Europea. El interés doctrinal está en lo que el caso revela sobre el control democrático, o su ausencia, cuando un mismo actor privado concentra infraestructura crítica, canal de información y contratos con el Estado.


Sección 2. La simbiosis con el Estado: cómo Musk convirtió el sector público en su mayor fuente de beneficios

El mito de Musk como libertario que odia al gobierno es, cuando menos, engañoso. Su imperio se construyó sobre una simbiosis estructural con el Estado. Ben Tarnoff lo resume así: una de las líneas conductoras de la carrera de Musk es su capacidad para instrumentalizarse en el sector público, injertarse en el aparato público y aprovechar tecnologías desarrolladas por el Gobierno de Estados Unidos como andamiaje de sus propios proyectos.

SpaceX es el ejemplo más ilustrativo. En 2006, la empresa no había completado un solo lanzamiento orbital exitoso y apenas generaba ingresos. La NASA le adjudicó ese año 278 millones de dólares para desarrollar el cohete Falcon 9 y la cápsula Dragon, dentro del programa de servicios comerciales de carga orbital. Esa inversión pública dio a SpaceX la tecnología que después comercializaría. El propio Musk lo reconoció en 2012: sin la ayuda de la NASA, dijo, la compañía no habría podido fundarse ni llegar hasta donde llegó.

La dependencia del sector público no se limita a la NASA. El Pentágono es otro cliente clave: SpaceX ha obtenido contratos, algunos clasificados, para tecnología militar, entre ellos Starshield, la rama de defensa de Starlink. La infraestructura GPS del Pentágono, de titularidad pública, ha sido un habilitador central de la operativa de SpaceX. El patrón se repite en el resto del conglomerado. Tesla se benefició durante años de créditos fiscales para vehículos eléctricos. X opera bajo la protección de responsabilidad que otorga la Sección 230. Neuralink y The Boring Company dependen de permisos y contratos gubernamentales para funcionar.

La relación no es unidireccional. SpaceX ha reducido, de forma comprobable, el coste de los lanzamientos orbitales para la NASA y el Pentágono. Starlink ha dado a Ucrania comunicaciones militares críticas en el frente. Musk ha convertido a sus empresas en socios difíciles de sustituir para el Estado, y esa posición le otorga un poder de negociación que la mayoría de contratistas privados no tiene: el Estado necesita a SpaceX tanto como SpaceX necesita al Estado, y de esa dependencia mutua sale buena parte del poder político de Musk.


Sección 3. El DOGE: los resultados reales de un experimento de gobierno empresarial

El papel de Musk al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental institucionalizó su influencia en el núcleo del poder ejecutivo. El 20 de enero de 2025, el día de la toma de posesión, el presidente Trump firmó la Orden Ejecutiva 14158, que estableció el DOGE como una división temporal integrada en el United States Digital Service, con un mandato de dieciocho meses y fecha formal de terminación fijada para el 4 de julio de 2026. Musk lo dirigió con el estatus de "empleado especial del gobierno", una figura que limita a 130 los días laborables anuales que puede prestar servicio. La misión declarada era modernizar la tecnología de la información federal y eliminar el despilfarro, el fraude y el abuso.

En la práctica, equipos de jóvenes profesionales tecnológicos, muchos procedentes de empresas de Musk o recién licenciados, se desplegaron en decenas de agencias federales con autoridad amplia para cancelar contratos, rescindir subvenciones y facilitar despidos masivos. Musk proyectó al principio un ahorro de dos billones de dólares. La cifra se revisó a la baja varias veces hasta quedar en unos 150.000 millones para el ejercicio fiscal 2026, antes de que Musk dejara la oficina en mayo de 2026.

La Government Accountability Office (GAO), el órgano de fiscalización no partidista del Congreso, sometió esos resultados a un escrutinio que conviene reproducir con precisión, porque buena parte de la prensa lo ha simplificado. El informe GAO-26-108615, publicado el 6 de agosto de 2026 a petición de los senadores demócratas Gary Peters y Richard Blumenthal, analizó los ahorros que DOGE reportó en su web pública "Wall of Receipts" entre el 20 de enero de 2025 y el 7 de julio de 2026: un total declarado de 110.000 millones de dólares en contratos, subvenciones y arrendamientos terminados. La conclusión no es uniforme para las tres categorías. En subvenciones, la GAO no pudo verificar el método de cálculo del 96% de los ahorros reportados. En contratos, DOGE siguió su propia metodología declarada solo en el 27,5% de los ahorros contabilizados. En arrendamientos, el "Wall of Receipts" no explica el método de cálculo empleado. DOGE, además, no respondió a ninguna de las solicitudes de información ni de entrevista que le formuló la GAO durante la investigación.

Los hallazgos concretos hablan por sí solos. De los 13.476 contratos que DOGE listó como terminados, la GAO determinó que 2.503 nunca se cancelaron, y esos contratos intactos representaban 27.400 millones de dólares en ahorros reclamados. Un contrato de 1.700 millones de dólares de la Agencia de Salud de Defensa del Pentágono, para servicios de TI en más de 700 instalaciones militares, se contabilizó como ahorro pese a que nunca se terminó ni se modificó. De los 264 arrendamientos listados para terminación, 108 (el 40% del total, equivalentes a 15,3 millones de dólares en ahorros reclamados) ya estaban en proceso de extinción antes de que DOGE empezara a operar.

El senador Gary Peters resumió el hallazgo en un comunicado con dos afirmaciones que conviene no fundir en una sola cita. La primera: "todos apoyamos erradicar el despilfarro, el fraude y el abuso en el gobierno federal, pero DOGE fue un esfuerzo descuidado y engañoso que engañó al pueblo estadounidense mientras causaba daño real a la capacidad del gobierno de servir a los ciudadanos". La segunda, en declaración separada: Musk y la Administración Trump reclamaron miles de millones en ahorros que no pudieron sustanciar, se atribuyeron trabajo que ya estaba en marcha y se negaron a mostrar su metodología, todo mientras exponían datos sensibles de los estadounidenses a riesgo y vaciaban de capacidad operativa a agencias clave. La GAO formuló una única recomendación, todavía abierta: que la Oficina Ejecutiva del Presidente exhiba de forma visible en el "Wall of Receipts" las limitaciones de calidad de sus propios datos.

El fin oficial del DOGE, el 4 de julio de 2026, no cerró sus consecuencias presupuestarias. Varias agencias federales han iniciado procesos de recontratación de personal, revirtiendo en parte los recortes previos, ante el déficit operativo que dejaron los despidos y los pagos asociados a las ofertas de salida voluntaria conocidas como "encrucijada" (fork in the road). El experimento de gobierno empresarial que Musk prometió no cumplió sus objetivos declarados y trasladó al erario costes adicionales que el Estado debe asumir ahora.


Sección 4. X como plataforma de poder: el algoritmo que moldea la política global

X se ha convertido en el principal instrumento de poder político de Elon Musk. Desde que lo compró en 2022, Musk transformó la plataforma en un vehículo de influencia que fija agenda, promueve narrativas afines y ataca a sus adversarios a escala global. Lo que distingue a X de otros medios de masas no es solo su alcance: su propietario controla también el mecanismo que decide qué contenido llega a cada usuario.

Un estudio publicado en Nature en febrero de 2026 aporta la primera evidencia experimental de gran escala sobre el efecto político de estos sistemas de recomendación. Lo dirigieron Germain Gauthier (Universidad Bocconi) y Ekaterina Zhuravskaya, con un experimento aleatorizado realizado en 2023 sobre casi 5.000 usuarios estadounidenses de X: siete semanas de exposición controlada a un feed cronológico frente a uno algorítmico. Los usuarios asignados al feed algorítmico recibieron contenido conservador con una probabilidad aproximadamente un 20% superior a la del contenido liberal, que solo subió un 3,1%. Los medios tradicionales aparecieron un 58% menos en ese feed, mientras que el contenido de activistas políticos apareció un 27,4% más. Los usuarios expuestos al algoritmo se desplazaron hacia las prioridades políticas republicanas: vieron con más recelo las investigaciones penales contra Trump y adoptaron posiciones más próximas a Rusia sobre la guerra en Ucrania. Un dato importante para entender el alcance del hallazgo: esos efectos persistieron incluso después de que los usuarios volvieran al feed cronológico, lo que sugiere que la exposición inicial al algoritmo deja huella duradera en la actitud política, no solo en el consumo momentáneo de contenido.

Conviene precisar el marco temporal. El experimento se hizo en 2023, meses después de la compra de Twitter, y el sistema de recomendación ha cambiado desde entonces hacia un modelo impulsado por Grok, la inteligencia artificial de xAI. Esa evolución algorítmica es objeto, además, de una investigación separada de la fiscalía francesa, que registró las oficinas de X en París en febrero de 2026 por una causa sobre manipulación algorítmica que se ha ampliado a otros contenidos ilícitos detectados en la plataforma.

La influencia de Musk en X no se agota en el diseño algorítmico. Sus publicaciones personales, con un alcance de cientos de millones de impresiones, pueden mover mercados, alterar el curso de una elección o fijar la agenda política en horas. Controla la infraestructura de distribución y tiene alcance personal masivo; esa combinación convierte a X en una plataforma de poder sin equivalente reciente. Musk no es solo un usuario influyente. Es el propietario del sistema que decide qué ve el resto del mundo.


Sección 5. La intervención en la política europea: el caso del Reino Unido

La influencia de Musk no se queda en Estados Unidos. A través de X ha intervenido en la política de varios países europeos, con especial intensidad en el Reino Unido. El Financial Times documentó en junio de 2026 que Musk había publicado, retuiteado o respondido más de 110 veces sobre asuntos británicos en una sola semana. La política británica representó, en ese período, más de un tercio de su actividad en X: casi el triple de la que dedicó a SpaceX, incluso mientras la compañía buscaba una valoración de 1,8 billones de dólares en la salida a bolsa que culminó el 12 de junio de 2026. Fue el nivel de actividad de Musk sobre el Reino Unido más alto en una década.

Musk respalda abiertamente a Restore Britain, la formación de extrema derecha que lidera el diputado Rupert Lowe, antiguo miembro de Reform UK. El líder liberaldemócrata Ed Davey calificó la intervención de Musk como una campaña coordinada de injerencia extranjera en la democracia británica; el secretario de Energía, Ed Miliband, criticó a Musk en términos similares. El profesor Tim Bale, de Queen Mary University of London, lo resumió con una frase directa: no recuerda a nadie que haya intentado ejercer una influencia comparable, en volumen e intensidad, desde fuera del Reino Unido.

El caso británico no es aislado. Musk ha intervenido también en la política de Alemania y de Francia, respaldando en cada país a formaciones próximas a su visión ideológica. La respuesta de los gobiernos europeos ha sido desigual: unos han denunciado injerencia extranjera, otros han intentado activar los mecanismos de la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea. Pero el respaldo político que la Administración Trump da a Musk limita, en la práctica, el margen de maniobra de los reguladores europeos y sitúa a Musk fuera del control ordinario que un Estado ejerce sobre las plataformas que operan en su territorio.


Sección 6. La guerra como negocio: drones autónomos, IA y el giro de Musk hacia la defensa

El giro más significativo de Musk en los últimos años ha sido pasar de empresario tecnológico a contratista militar de primer orden. SpaceX es hoy un socio difícil de sustituir para el Pentágono en lanzamientos, comunicaciones militares y sistemas de defensa. La constelación Starlink se ha convertido en infraestructura crítica en el frente ucraniano, y da al ejército de Ucrania la conectividad que necesita para sus operaciones con drones.

Esa integración se aceleró con el "Autonomous Vehicle Orchestrator Prize Challenge", una competición clasificada del Pentágono lanzada en enero de 2026, liderada por la Defense Innovation Unit junto con la Marina estadounidense y dotada con hasta 100 millones de dólares. SpaceX y xAI, fusionadas antes de la salida a bolsa de la primera, participan junto a especialistas consolidados en armamento autónomo como Anduril y Shield AI, con el objetivo de construir software capaz de traducir órdenes de voz de un mando humano en la coordinación de enjambres de drones autónomos. El giro ideológico de Musk en esta materia cuesta exagerarlo: en 2015 firmó, junto a otros investigadores de IA, una carta abierta que pedía prohibir las armas autónomas ofensivas. Diez años después, su conglomerado compite por construir exactamente esa capacidad para el ejército de Estados Unidos.

El Pentágono ha concedido, además, contratos de hasta 200 millones de dólares a OpenAI, Google, Anthropic y xAI para integrar inteligencia artificial en operaciones militares, lo que pone a Musk en competencia directa con empresas que él mismo ayudó a fundar o financiar en sus inicios. La paradoja de fondo recorre todo el artículo: el imperio de Musk se construyó sobre la simbiosis con el Estado que él denuncia en público. La subvención de 278 millones de dólares que la NASA dio a SpaceX en 2006, cuando la empresa todavía no había completado un lanzamiento orbital exitoso, es el origen de una trayectoria que hoy desemboca en la construcción de sistemas de armas autónomos para ese mismo Estado.

Esta trayectoria plantea una pregunta de gobernanza que va más allá del caso individual: qué controles democráticos existen, o deberían existir, cuando un mismo actor privado controla la infraestructura de comunicaciones del campo de batalla, compite por construir los sistemas de armas que operarán sobre esa infraestructura, y mantiene además acceso directo al poder ejecutivo que supervisa ambos contratos. La rendición de cuentas sobre el uso de la fuerza letal presupone que quien decide, quien ejecuta y quien controla sean actores distintos. La integración vertical del conglomerado de Musk erosiona esa separación, y hasta la fecha no existe un marco regulatorio específico que la reconstruya.


Sección 7. La ideología de Musk: del tecno-utopismo al neoliberalismo radical

La cosmovisión de Musk pasó de un tecno-utopismo optimista a lo que un estudio publicado en illiberalism.org en enero de 2025 describe como una mezcla de neoliberalismo radical e iliberalismo. Sus autores, Arsenio Cuenca y Jaime Caro, sitúan las fuentes ideológicas de Musk en el tecnolibertarismo californiano y en el "solucionismo tecnológico", y documentan un giro hacia un discurso cada vez más confrontativo y excluyente.

Musk ha llamado "virus mental" al progresismo cultural en repetidas ocasiones y presenta su propia misión, la colonización de Marte, la continuidad de la conciencia humana, como un empeño de alcance civilizatorio. El análisis de illiberalism.org sostiene que la literatura académica suele calificar la ideología de Silicon Valley como libertaria, pero en la práctica se acerca más al neoliberalismo por su dependencia económica del Estado. El discurso de Musk habla de autonomía individual y crítica al gobierno; su trayectoria empresarial muestra a alguien que ha aprendido a instrumentalizar el sector público como fuente de poder.

Esa ideología se traduce en acción política concreta: la intervención en la política europea a favor de partidos de extrema derecha, el uso de X para atacar a reguladores y críticos, la defensa explícita de un modelo de gobierno tecnocrático donde los empresarios, y no los cargos electos, concentran la capacidad de decisión. Es una visión del mundo donde el progreso tecnológico legitima la concentración de poder y la exclusión de quienes se oponen a ella, y que convierte el imperio de Musk en algo más que un negocio: un vehículo para una misión civilizatoria que él mismo se ha atribuido el derecho de definir.


Sección 8. El conflicto con la UE: Trump, la OTAN y la regulación de X

La relación entre Musk y los reguladores europeos se deterioró desde el regreso de Trump al poder. La Unión Europea investiga a X por presunta desinformación sistémica al amparo de la Ley de Servicios Digitales; cada infracción confirmada podría acarrear multas de miles de millones de dólares. El respaldo de Trump a Musk convirtió ese procedimiento regulatorio en una disputa geopolítica de primer orden. El vicepresidente J.D. Vance ha planteado en varias ocasiones que Estados Unidos podría reconsiderar sus compromisos con la OTAN si la Unión Europea persiste en regular X, vinculando de forma explícita la regulación tecnológica con la seguridad europea.

La investigación quedó formalmente en suspenso tras la dimisión del comisario europeo Thierry Breton, que dejó la Comisión en septiembre de 2024 en medio de un choque abierto con Ursula von der Leyen. Hay indicios de que Bruselas prefiere, por ahora, desviar el foco regulatorio hacia plataformas de origen chino como TikTok antes que arriesgar una escalada diplomática con Washington. Musk, mientras tanto, sigue usando X para intervenir en la política europea con la protección política que le da la Casa Blanca.

El conflicto ilustra con claridad la transformación de Musk en actor geopolítico. Ya no es solo un empresario que opera en Europa: se ha convertido en un instrumento efectivo de la política exterior estadounidense frente a sus propios aliados. La Unión Europea se enfrenta a un dilema sin salida cómoda. Perseguir la investigación arriesga una crisis diplomática con Washington y una fractura adicional en la OTAN. Ceder sienta un precedente peligroso que deja a los tecnoligarcas, no solo a Musk, operando sin control efectivo en territorio europeo. De cómo se resuelva ese dilema depende buena parte del futuro de la capacidad regulatoria europea sobre las plataformas digitales.


Sección 9. Conclusiones: el tecnoligarca como nuevo actor geopolítico

9.1. Síntesis de los hallazgos

El análisis deja varios rasgos distintivos de Musk como tecnoligarca.

Primero, su imperio se construyó sobre una simbiosis estructural con el Estado, no sobre el rechazo que proclama su propio discurso público. NASA, Pentágono y otras agencias federales han sido los principales clientes y financiadores de SpaceX, Tesla y el resto de su conglomerado. Sin contratos gubernamentales, ese imperio no existiría en su forma actual.

Segundo, Musk ha usado su posición para influir directamente en la política estadounidense y global. Su papel al frente del DOGE, con resultados que la propia GAO califica de no verificables en su mayor parte, le dio acceso institucional al núcleo del poder ejecutivo. X se ha consolidado como instrumento de intervención política, y el efecto conservador de su algoritmo cuenta ya con respaldo experimental publicado en Nature. Su intervención directa en la política europea, con el Reino Unido como caso más documentado, ha normalizado un grado de injerencia extranjera sin precedente reciente en democracias consolidadas.

Tercero, Musk ha girado con determinación hacia la defensa y la automatización de la guerra. SpaceX y xAI compiten hoy por contratos del Pentágono para desarrollar los mismos sistemas de armas autónomas que Musk pidió prohibir en 2015, y con ello difuminan la frontera entre lo público y lo privado en el terreno más sensible de todos: el uso de la fuerza letal.

Cuarto, Musk articula una ideología que combina neoliberalismo radical e iliberalismo bajo la envoltura de una misión civilizatoria. Esa envoltura le permite presentar la concentración de poder no como una anomalía que corregir, sino como condición necesaria de su propio proyecto.

9.2. Las contradicciones del poder de Musk

El poder de Musk no es absoluto. Depende de la voluntad política de Trump, y esa dependencia es una vulnerabilidad estructural: los liderazgos personalistas toleran al gran capital solo mientras les resulta útil, y nada garantiza que esa utilidad se mantenga indefinidamente. El deterioro de su patrimonio en julio de 2026, con una pérdida de más de 360.000 millones de dólares en un solo mes, recuerda que incluso el mayor poder económico de la historia reciente sigue expuesto a la volatilidad de los mercados que lo sostienen.

La intervención de Musk en la política europea ha generado, además, una reacción que podría traducirse en regulación más estricta si cambia el contexto político en Washington. La investigación de la Unión Europea sobre X, aunque en suspenso, puede reactivarse y derivar en sanciones de gran magnitud, y ese precedente regulatorio, si se activa, podría extenderse al resto del conglomerado de Musk.

9.3. El legado de Musk

El legado de Musk, en el momento de escribir estas líneas, sigue abierto. Su influencia política puede consolidarse si Trump permanece en el poder o si las formaciones europeas que ha respaldado mantienen su posición. Su imperio empresarial, con SpaceX valorada en torno a 1,25 billones de dólares tras su fusión con xAI y su reciente salida a bolsa, y con ambas compañías compitiendo activamente por contratos militares, puede seguir creciendo. Su control sobre X seguirá, mientras tanto, moldeando el debate político global a través de un algoritmo cuyo sesgo cuenta ya con respaldo experimental.

Pero ese legado también puede desvanecerse. La historia reciente del capitalismo político está llena de aliados que se volvieron desechables en cuanto dejaron de ser útiles al poder que los toleraba. Lo que distingue a Musk de otras grandes fortunas contemporáneas es su capacidad para operar a la vez en economía, tecnología, defensa y política: no es solo un empresario, sino un actor que ha integrado verticalmente su imperio con el Estado hasta un grado sin precedente reciente. Si ese experimento tiene éxito, Musk habrá redefinido los límites del poder privado en las democracias avanzadas. Si fracasa, quedará como el caso de estudio que mejor ilustra hasta dónde puede llegar la concentración de poder tecnológico antes de que las instituciones democráticas reaccionen, o dejen de poder hacerlo.


Bibliografía

Documentos institucionales

U.S. Government Accountability Office. DOGE Wall of Receipts: More Transparency Needed on How Savings Are Derived from Contract, Grant, and Lease Terminations. GAO-26-108615, 6 de agosto de 2026.

Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales del Senado de EE. UU. Comunicado de los senadores Gary Peters y Richard Blumenthal sobre el informe GAO, 6 de agosto de 2026.

Doctrina y prensa especializada

Gauthier, G. y Zhuravskaya, E. "The political effects of X's feed algorithm". Nature, 18 de febrero de 2026.

Borrett, A.; Rees, R.; Suss, J. "Elon Musk shifts social media focus from SpaceX to UK far-right politics". Financial Times, 3 de junio de 2026.

"SpaceX y el cuento 'libertario' de Elon Musk: 'Nunca lo fue, usa el sector público como fuente de poder y beneficios'". elDiario.es, 9 de junio de 2026.

"GAO finds Elon Musk's DOGE inflated claims of $110 billion in savings for federal government". CNBC, 6 de agosto de 2026.

"DOGE's 'wall of receipts' riddled with inaccuracies and unsubstantiated claims, congressional watchdog says". CBS News, 6 de agosto de 2026.

"SpaceX and xAI Enter Pentagon's $100M Drone Swarm AI Contest". WinBuzzer, 17 de febrero de 2026.

"SpaceX to compete in Pentagon contest for autonomous drone tech, Bloomberg News reports". Reuters, 16 de febrero de 2026.

Cuenca, A. y Caro, J. "Dark Shadows under the Ivory Tower: An Approach to Elon Musk's Ideology". illiberalism.org, 15 de enero de 2025.

Vance, J.D. Declaraciones sobre NATO y la regulación de X, recogidas por Reuters, AFP y Financial Times, 2024-2026.

Forbes Wealth Team. "The Top Ten Richest People in the World". Forbes, actualizado el 1 de agosto de 2026.