Tecnoligarcas: el asalto a la soberanía desde el código y el capital
Ética IA

Tecnoligarcas: el asalto a la soberanía desde el código y el capital

·PorRicardo Scarpa

Cómo una nueva élite tecnológica ha convertido el control de los datos, la inteligencia artificial y la infraestructura digital en la palanca definitiva para reconfigurar el poder político estadounidense y global.

Sección 1. Introducción: el fenómeno de los tecnoligarcas y su irrupción en la política global

Durante el segundo mandato de Donald Trump, un grupo de multimillonarios de Silicon Valley pasó de dominar la economía digital a ejercer una influencia directa sobre las estructuras de gobierno de Estados Unidos (6). La prensa los llamó "tecnoligarcas" o "broligarcas". El término se popularizó durante la campaña electoral de 2024 y se consolidó tras la investidura de Trump, cuando los magnates tecnológicos ocuparon asientos en actos oficiales y participaron en la formulación de políticas (6).

Este fenómeno no es coyuntural. Las viejas élites industriales y financieras han cedido paso a una aristocracia tecnológica que controla los datos, la inteligencia artificial y las infraestructuras digitales esenciales (15). Esta nueva élite no se limita a acumular riqueza. Aspira a redefinir la gobernanza, sustituyendo la deliberación democrática por lógicas algorítmicas y criterios de eficiencia empresarial (4).

La academia ha comenzado a teorizar este fenómeno. El concepto de "soberanía oligárquica" describe cómo las grandes empresas tecnológicas desafían la autoridad de los estados territorializados, creando espacios de poder paralelos con lógicas propias (15). Esta soberanía se articula a través del control de infraestructuras críticas: almacenamiento en la nube, inteligencia artificial generativa, sistemas de vigilancia masiva. Estos activos otorgan a sus propietarios un poder material comparable, y en algunos aspectos superior, al de los estados-nación (15).

El caso de Elon Musk ejemplifica esta tendencia. Su nombramiento como asesor presidencial y su papel al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) institucionalizaron la influencia tecnológica en el poder ejecutivo (4). Musk aplicó a la administración pública una lógica derivada de su experiencia empresarial. Trató áreas como la educación y la ayuda internacional como "mercancías" sujetas a criterios de eficiencia, no como bienes públicos que encarnan valores cívicos y democráticos (4). Los críticos consideran que esto representa una crisis de la administración pública: los valores de equidad, participación y servicio público quedan subordinados a la lógica del rendimiento y la optimización algorítmica (4).

Musk no es el único actor relevante. Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, emerge como la figura más influyente y menos visible del grupo. Su protección de J.D. Vance, actual vicepresidente de Estados Unidos, y su papel en la configuración de la agenda política de la administración Trump han sido documentados por múltiples fuentes (5). Thiel ha articulado una visión explícitamente antidemocrática del poder. Sostiene que la democracia ha dejado de ser compatible con la libertad y que el liderazgo debe ser ejercido por expertos tecnológicos (2).

El punto de inflexión se produjo en las elecciones de 2024. Por primera vez, una porción significativa de la élite tecnológica alineó su apoyo financiero y mediático detrás de un candidato presidencial. El sector de las criptomonedas invirtió al menos 238 millones de dólares en el conjunto del ciclo electoral de 2024, financiando tanto la candidatura de Trump como a numerosos candidatos al Congreso favorables a la industria (5). Este apoyo no fue altruista: respondía a la expectativa de una regulación favorable, que se materializó tras la investidura (5).

El fenómeno trasciende las fronteras estadounidenses. El modelo de gobernanza que construyen los tecnoligarcas, basado en vigilancia masiva, inteligencia artificial y control de datos, se presenta como un "laboratorio exportable" que amenaza la soberanía de los estados europeos y de otros aliados tradicionales de Estados Unidos (11). La investigadora Francesca Bria lo describe como el ensayo general de un modelo de control social con vocación de expandirse por el mundo (11).


Sección 2. Definición y genealogía del concepto "broligarca": el término y su construcción mediática

El término "broligarchy" ha irrumpido en el léxico político y mediático con una rapidez inusitada. Combina el término coloquial "bro" (un joven que forma parte de un grupo de varones seguros de sí mismos, según el estereotipo) y "oligarchy", que designa a un pequeño grupo privilegiado que ejerce el control sobre un gobierno (6). La periodista británica Carole Cadwalladr empleó por primera vez la expresión "broligarch" en The Observer en julio de 2024 para describir a esta nueva élite (6). Cadwalladr acuñó el término mientras investigaba el creciente poder político de los magnates tecnológicos (6).

La genealogía del concepto es más compleja. Prospect magazine señala que la expresión "broligarchy" apareció en la jerga del surf a principios de la década de 2000 para describir una situación en la que "un pequeño grupo de colegas controla una zona de surf" (6). El uso moderno de los términos "broligarch" y "broligarchy" puede rastrearse hasta una publicación en Twitter en 2009, y el término apareció en Urban Dictionary en 2011 (6). Durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2024 y el segundo mandato de Trump, el concepto alcanzó una adopción generalizada en las redes sociales y los medios de comunicación convencionales (6). En marzo de 2024, el editor de Condé Nast, Luke Zaleski, publicó en X que Elon Musk era "el primer broligarca del mundo" (6).

El término "broligarchy" se ha instalado en los diccionarios. Desde agosto de 2025, las palabras "broligarch" y "broligarchy" están incluidas en el Cambridge Dictionary (6). La revista The Atlantic publicó artículos con el término en agosto de 2024. En los meses siguientes, su uso mediático proliferó tras las elecciones de noviembre de 2024 y la segunda investidura de Donald Trump en enero de 2025 (6). Esta rápida canonización léxica refleja la percepción generalizada de que el fenómeno designado por el término constituye una transformación estructural de la política estadounidense.

El concepto de "broligarchy" no se limita a la mera descripción de la riqueza de los magnates tecnológicos. El experto en oligarquía David Hoffman, ganador del Premio Pulitzer por su cobertura del colapso de la Unión Soviética y la emergencia de los oligarcas rusos, señala que lo que convierte a un magnate en un "oligarca" no es únicamente su fortuna, sino su conexión con el sistema de poder y el uso de esa influencia para acumular más riqueza (9). El término "broligarchy" describe un fenómeno más amplio: la formación de una nueva élite que no solo acumula capital económico, sino que aspira a reconfigurar las reglas del juego político (9).

Foreign Affairs publicó un ensayo de los investigadores Christopher Hartwell y Tricia D. Olsen titulado «The Disposable Oligarchs» en el que advierten de la precariedad de esta nueva posición de poder (7). Su tesis central: aunque los oligarcas tecnológicos crean que su proximidad al poder político les otorga influencia y seguridad, los líderes personalistas toleran el gran capital solo mientras este resulta funcional para su propia consolidación (7). Los autores establecen un paralelismo con la experiencia rusa de los años noventa. Los oligarcas surgidos de las privatizaciones post-soviéticas ejercieron una influencia considerable sobre el Kremlin hasta que la llegada de Vladimir Putin invirtió la relación. Los antiguos socios se convirtieron en súbditos cuya riqueza dependía del permiso político en lugar de la protección jurídica (7). Esta dinámica, en formas menos extremas pero reconocibles, se rastrea también en Turquía bajo Recep Tayyip Erdogan y en Arabia Saudita bajo Mohammed bin Salman (7). Hartwell y Olsen sitúan la relación entre Trump y los tecnoligarcas en un marco histórico que trasciende la coyuntura estadounidense. El poder de esta nueva élite podría ser más frágil de lo que aparenta.

La consolidación del término "broligarchy" en el discurso público responde a la constatación de un fenómeno objetivo: la emergencia de una nueva clase dirigente que trasciende las tradicionales distinciones entre élites económicas y políticas. La segunda investidura de Donald Trump ofreció una imagen de esta nueva alianza. Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sundar Pichai y Elon Musk se sentaron tras la familia presidencial (7). Foreign Affairs señala que esta imagen no era una mera presencia de cortesía, sino la "representación visual de un realineamiento: una parte decisiva del capitalismo americano que elige acreditarse ante un poder político cada vez más personal, exigente y centralizado" (7).

El concepto de "broligarchy" se ha consolidado como una herramienta analítica para comprender la intersección entre el poder tecnológico, la acumulación de capital y la reconfiguración de las instituciones democráticas. Su rápida adopción por parte de diccionarios y medios de comunicación atestigua su utilidad para describir un fenómeno difícil de conceptualizar: la transformación de los magnates tecnológicos en actores políticos de primera magnitud, capaces de influir en la formulación de políticas, la orientación de la administración pública y, potencialmente, el futuro de la democracia misma.


Sección 3. El sustrato ideológico: tecnoautoritarismo, soberanía oligárquica y el fin de la democracia deliberativa

Los tecnoligarcas no solo acumulan poder económico. Articulan una arquitectura ideológica coherente que aspira a reemplazar los fundamentos de la democracia liberal por un modelo de gobernanza tecnocrática. Algunos analistas denominan esta ideología "tecnoautoritarismo": la convicción de que la democracia deliberativa ha devenido obsoleta y de que el liderazgo debe recaer en élites tecnológicas capaces de gestionar la complejidad social mediante algoritmos y sistemas de datos (1). Es un programa operativo, no una abstracción filosófica, que se materializa en contratos gubernamentales, arquitecturas de vigilancia y la progresiva sustitución de funciones estatales por plataformas privadas (1).

Peter Thiel se erige como el ideólogo más explícito de esta corriente. En su ensayo The Education of a Libertarian, publicado en Cato Unbound el 13 de abril de 2009, formuló una afirmación que ha devenido programa político: "Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles" (2). Esta declaración, lejos de ser una provocación retórica, constituye la base operativa de su imperio empresarial. Thiel propone un mundo donde los estados se gestionen como corporaciones, donde los derechos ciudadanos sean reemplazados por una eficiencia algorítmica dictada por élites tecnológicas, y donde los contrapesos democráticos sean considerados obstáculos para la optimización del sistema (2)(11). Un estado sin contrapesos democráticos es el cliente ideal para quien vende infraestructura de vigilancia (11).

Esta ideología encuentra su expresión práctica en el concepto de "Authoritarian Stack" (Bloque Autoritario), desarrollado por la investigadora Francesca Bria y su equipo en la Fundación Rosa Luxemburgo (1). Este concepto designa un sistema verticalmente integrado de control privatizado que se extiende desde plataformas en la nube y modelos de inteligencia artificial hasta drones autónomos, satélites militares e infraestructura monetaria (1). Peter Thiel, Elon Musk, Marc Andreessen y David Sacks se sitúan al frente de este bloque. Sus inversiones se alinean ahora con un proyecto político explícito: "la reconstrucción de la soberanía como una clase de activo privado" (1). El "Authoritarian Stack" describe un sistema en capas (doctrina, capital, regulación, infraestructura) que compone una arquitectura integrada de control posdemocrático, no una simple metáfora (1)(11).

Quinn Slobodian y Ben Tarnoff han conceptualizado el "Muskismo" como "un sistema operativo para el siglo XXI" (3). El fordismo fue una forma de modernización que elevaba el nivel de vida general. El Muskismo es una doctrina de riqueza para unos pocos y de dominación política y económica (3). Slobodian describe a Musk no solo como un empresario, sino como el "avatar de una cosmovisión: el Muskismo". Una ideología que no se limita a la acumulación empresarial sino que busca "construir una cámara de resonancia desde la órbita terrestre baja hasta la Tierra y crear una especie de circuito cerrado para la ideología que quiere propagar" (3). Esta cosmovisión combina una dimensión negativa basada en el miedo a amenazas externas como la inmigración o la inestabilidad social, con una proyección positiva de un futuro deseable para unos pocos elegidos (3).

Los autores de Muskism: A Guide for the Perplexed sitúan el origen de esta ideología en la Sudáfrica del apartheid. Musk creció en un entorno privilegiado que concebía el mundo darwiniano como "un ámbito de autonomía para algunos y exclusión para otros" (12). Esta formación temprana moldeó una visión del mundo que combina el utopismo de la colonización espacial con una retórica defensiva y excluyente, de "fortaleza futurista" (12). Musk moviliza la retórica de la amenaza, inmigración, inestabilidad social, para justificar la expansión de infraestructuras tecnológicas destinadas al control fronterizo y la seguridad interior (12).

El sustrato ideológico del tecnoligarquismo se nutre de corrientes doctrinales que, como señala el informe de la Fundación Rosa Luxemburgo, han pasado de los márgenes de Internet al centro de la gobernanza estadounidense: la "Ilustración Oscura" con su escepticismo hacia la democracia, el "aceleracionismo efectivo" con su fe en la velocidad sobre el consenso, y el cripto-anarcocapitalismo con su sueño de dinero privado más allá de la regulación (1). Este cóctel ideológico, que algunos han denominado "tecnoautoritarismo" o "tecnocracia antidemocrática", constituye el fundamento de un modelo de poder que no aspira a convencer al votante ni a competir en elecciones, sino a controlar la infraestructura sobre la que se construye la vida pública (11).

Esta ideología ya deja huella fuera de Estados Unidos. La eficiencia tecnológica sustituye a la legitimidad política, y el poder de los algoritmos ocupa el lugar del voto ciudadano. Los nuevos imperios digitales, respaldados por el capital de riesgo y la ideología libertaria de Silicon Valley, no necesitan convencer al votante ni competir en elecciones: controlan la infraestructura sobre la que se construye la vida pública (11).


Sección 4. La arquitectura del poder: el "Authoritarian Stack" y la captura del Estado

La influencia de los tecnoligarcas no se limita a la esfera ideológica o a la mera acumulación de riqueza. Se materializa en una arquitectura institucional concreta que algunos analistas han denominado el "Authoritarian Stack" (Bloque Autoritario). La investigadora Francesca Bria y su equipo, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo y la Fundación Friedrich Ebert, desarrollaron este concepto. Designa un sistema de control privatizado, integrado en vertical, que abarca desde plataformas en la nube y modelos de inteligencia artificial hasta drones autónomos, satélites militares e infraestructura monetaria (1). Bria insiste en que el término no es una figura retórica: nombra capas concretas, doctrina, capital, regulación, infraestructura, ensambladas en una arquitectura de control posdemocrático (1)(11).

Este proyecto de investigación, presentado como un mapa de datos abiertos e interactivo, documenta una red de más de 250 actores, miles de conexiones y decenas de miles de millones de dólares en flujos financieros que conectan a milmillonarios tecnológicos, empresas de defensa, fondos de capital riesgo y actores políticos (1). La tesis central: estas corporaciones operan cada vez más como el "sistema operativo" del gobierno de Estados Unidos. Juntas directivas no sujetas a rendición de cuentas y personas privadas establecen las reglas de gobernanza en una América "posdemocrática" (1). El modelo se presenta como "maduro para la exportación" a Europa y otras regiones (1)(11).

Esta arquitectura tiene múltiples pilares que se refuerzan mutuamente. En el plano de la infraestructura de datos, empresas como AWS, Google Cloud y Microsoft Azure controlan la nube sobre la que se asienta una parte creciente de las operaciones gubernamentales (1). En el ámbito de la inteligencia artificial y la vigilancia, Palantir se ha convertido en una pieza central del aparato estatal. Sus contratos integran datos de múltiples agencias (números de seguridad social, archivos fiscales, cuentas bancarias) en un sistema unificado de control (10)(11). En el dominio de la defensa y el espacio, SpaceX y Anduril están reconfigurando el complejo militar-industrial. El Pentágono depende cada vez más de infraestructuras privadas para el acceso a la órbita terrestre baja y las comunicaciones en el campo de batalla (12).

Peter Thiel, Elon Musk, Marc Andreessen y David Sacks se sitúan al frente de este bloque. Sus inversiones se alinean con un proyecto político explícito: "la reconstrucción de la soberanía como una clase de activo privado" (1). Esta alianza entre capital tecnológico y poder estatal no responde a una lógica de confrontación, sino de simbiosis. Los autores de Muskism: A Guide for the Perplexed señalan que el mito del empresario tecnológico como "libertario que odia al gobierno" es engañoso (12). Musk y sus pares son extremadamente hábiles en lo que los autores denominan "simbiosis estatal": convertir la inversión pública y la infraestructura estatal en apalancamiento privado (12). Sin contratos gubernamentales, no existirían los lanzamientos espaciales ni los satélites de SpaceX, y Musk no estaría en el camino de convertirse en el primer trillonario del mundo (12).

Los tecnoligarcas capturan el Estado a través de múltiples mecanismos. La rotación de personal entre empresas tecnológicas y agencias gubernamentales difumina las fronteras entre el sector público y el privado. La externalización de funciones soberanas a corporaciones privadas, como el contrato de 10.000 millones de dólares del Ejército estadounidense con Palantir (1), transfiere el control de atributos esenciales del Estado a actores privados. La influencia directa en la formulación de políticas, ejemplificada por el papel de Musk en el DOGE (8), sitúa a los magnates en el núcleo del poder ejecutivo. El control de las infraestructuras de comunicación y datos, indispensables para el funcionamiento del Estado y la vida pública, otorga a los tecnoligarcas una palanca de poder sin precedentes (12).

Esta arquitectura de poder tiene implicaciones profundas para el concepto de soberanía. La soberanía tradicional, basada en el monopolio territorial del poder legítimo, se ve erosionada por la capacidad de actores privados para controlar infraestructuras críticas que trascienden las fronteras estatales (1). Los tecnoligarcas no buscan sustituir al Estado, sino reconfigurarlo desde dentro. Lo convierten en un socio que financia la innovación y proporciona contratos, pero que no impone condiciones ni exige rendición de cuentas (12). El analista John Naughton señala que esta visión implica "un estado que financia los costes de investigación para los capitalistas pero no hace demandas ni establece condiciones" (14).

La exportabilidad de este modelo preocupa a los analistas europeos. El informe de la Fundación Rosa Luxemburgo sitúa a Europa como el siguiente laboratorio del experimento estadounidense (1). La Unión Europea, con su énfasis regulatorio y su marco de protección de datos, funciona como contrapeso potencial y, a la vez, como objetivo: las corporaciones tecnológicas estadounidenses tienen capacidad de sobra para imponerle sus estándares y su infraestructura (1)(11).


Sección 5. El factor Trump: la mutua dependencia entre la administración y Silicon Valley

La relación entre la administración Trump y los tecnoligarcas es un fenómeno de mutua dependencia estructural, no una simple coincidencia de intereses coyunturales, y ha reconfigurado las dinámicas del poder político estadounidense. Esta simbiosis se ha construido sobre tres pilares fundamentales: el apoyo financiero masivo del sector tecnológico a la campaña presidencial, la alineación ideológica en torno a una visión tecnocrática del Estado, y la integración directa de magnates tecnológicos en las estructuras de gobierno (5).

5.1. El giro político de Silicon Valley: factores culturales, económicos e ideológicos

El alineamiento de una parte significativa de la élite tecnológica con Trump responde a una convergencia de factores. El programa del Partido Republicano para 2024 rechazaba explícitamente el enfoque de la administración Biden en la sección dedicada a la promoción de la innovación. Los directivos de las grandes empresas tecnológicas vieron el apoyo a Trump como una oportunidad para el crecimiento sin restricciones de sus negocios (5).

Los factores culturales también contribuyeron al alejamiento de Silicon Valley del Partido Demócrata. El creciente influjo del ala progresista del partido llegó a considerar a muchas de las principales figuras del sector tecnológico como símbolos negativos. Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, es un ejemplo notable. Después de años de críticas por no hacer lo suficiente para combatir la desinformación y el discurso de odio en sus plataformas, se alineó con un movimiento político que considera explícitamente tales medidas como censura y aboga por una mayor libertad de expresión en línea. La adquisición de Twitter por parte de Elon Musk y sus cambios en la política de moderación de contenidos influyeron en esta decisión. La reducción de la moderación de contenidos contribuyó a reducir costes, al tiempo que adoptar una retórica contraria a la censura proporcionaba una respuesta conveniente a las críticas por la gestión inadecuada de la desinformación y el discurso de odio (5).

El cofundador de Google, Sergey Brin, comenzó a apoyar a los republicanos, incluido Trump, en respuesta a las propuestas respaldadas por demócratas progresistas de imponer impuestos adicionales a los multimillonarios de California. El creciente influjo del ala progresista dentro del Partido Demócrata ha atraído a los líderes del sector tecnológico hacia los republicanos (5).

Un último factor detrás del giro político de las principales figuras del sector tecnológico es su ambición de transformar la sociedad de raíz. Algunas de las figuras más prominentes de la industria tienen ambiciones que van más allá de la innovación tecnológica; promueven visiones más amplias para reformar el Estado, algunas de las cuales chocan con los principios de la democracia. Trump encarna, para ellos, una fuerza disruptiva capaz de remodelar el Estado desde sus cimientos. Peter Thiel ya lo consideraba en estos términos en 2016. Elon Musk ha trabajado estrechamente con Trump por razones similares (5).

5.2. El apoyo financiero: el dinero como vector de influencia

El respaldo financiero del sector tecnológico a la campaña de Trump constituye un elemento central de esta alianza. Fox Business informó que el sector de las criptomonedas destinó al menos 238 millones de dólares al conjunto del ciclo electoral de 2024, entre la candidatura de Trump y decenas de carreras al Congreso (5). Esa cifra, sin precedentes para una industria tecnológica en un ciclo electoral, compró algo concreto: la expectativa de una regulación favorable, que se materializó tras la investidura (5).

Las empresas tecnológicas continuaron apoyando financieramente a Trump después de su regreso al cargo. Donaron a iniciativas seleccionadas, como la construcción de un salón de baile en la Casa Blanca, y a organizaciones asociadas al presidente. Este respaldo financiero fortalece la posición de Trump de cara a las próximas elecciones de mitad de mandato y refuerza su control sobre el Partido Republicano. Los recursos financieros a su disposición le permiten socavar a los políticos que considera desleales, financiando a sus oponentes en las primarias republicanas (5).

El respaldo del sector tecnológico también permite al presidente demostrar la eficacia de sus políticas económicas y comerciales. Apple anunció planes para invertir 600.000 millones de dólares en Estados Unidos, incluyendo en capacidad de fabricación nacional. Oracle, OpenAI y SoftBank lanzaron el Proyecto Stargate, una iniciativa destinada a asegurar el liderazgo estadounidense en inteligencia artificial mediante la construcción de nuevos centros de datos. Apple ha invertido en MP Materials, una empresa estadounidense que extrae y procesa tierras raras, en respuesta a las restricciones chinas sobre estos materiales críticos (5).

5.3. La integración en el aparato estatal: el DOGE y la influencia directa

La institucionalización de la influencia tecnológica en el corazón del poder ejecutivo alcanzó su máxima expresión con la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) y el papel de Elon Musk en su dirección. El 20 de enero de 2025, el primer día de su segundo mandato, el presidente Trump firmó la Orden Ejecutiva 14158. Estableció el DOGE como una división temporal integrada en el United States Digital Service, con un mandato de 18 meses y una fecha de terminación formal fijada para el 4 de julio de 2026, el 250 aniversario de la independencia americana. Trump lo denominó "el regalo perfecto para Estados Unidos" (8).

Musk había destinado más de 290 millones de dólares, a través de sus comités de acción política, a la elección de Trump y otros candidatos republicanos en 2024, la mayor cifra aportada por un donante individual en la historia electoral estadounidense. Lideró el DOGE como "empleado especial del gobierno", un estatus que permitía un máximo de 130 días laborables al año (8). La misión declarada del DOGE era modernizar la tecnología de la información federal, maximizar la productividad y eliminar el despilfarro, el fraude y el abuso. En la práctica, el DOGE desplegó a equipos de jóvenes profesionales tecnológicos, muchos reclutados de las propias empresas de Musk o recién salidos de la universidad, en decenas de agencias federales, con amplia autoridad para cancelar contratos, rescindir subvenciones y facilitar despidos masivos. Coordinaban poco entre agencias y, con frecuencia, actuaban sin revisión jurídica previa (8).

Musk había proyectado inicialmente que el DOGE ahorraría aproximadamente 2 billones de dólares. En abril de 2025 revisó su estimación a la baja hasta situarla en cerca de 150.000 millones de dólares en recortes de gasto para el año fiscal 2026, antes de dejar el cargo a finales de mayo de 2025, al agotarse su condición de "empleado especial del gobierno" (8). Meses después, en diciembre de 2025, Musk hizo un balance retrospectivo ambiguo de la experiencia en una entrevista con Katie Miller, su antigua portavoz en el DOGE, en la que declaró que la iniciativa fue solo "un poco exitosa" y que, de repetir la historia, no volvería a asumirla, optando en cambio por dedicarse a sus empresas (8). En esa misma conversación recordó el inicio del proyecto como "extremadamente surrealista" y señaló que existían "probablemente 100, quizás 200 mil millones de dólares en pagos zombi al año" que podían detenerse con solo exigir un código de pago y una justificación para cada desembolso (8).

La reacción negativa a su participación en la administración fue intensa. Musk enfrentó protestas generalizadas y actos de vandalismo contra Tesla. Algunos inversores expresaron su preocupación por la excesiva dedicación de tiempo al DOGE en detrimento de sus empresas. Las acciones de Tesla se desplomaron en la primera mitad del año, aunque comenzaron a recuperarse después del anuncio de su salida del DOGE (8).

5.4. La influencia de Peter Thiel en la configuración del liderazgo político

Si Musk representa la influencia más visible, Peter Thiel ejerce una influencia más sutil pero quizás más duradera a través de su papel como mentor del vicepresidente J.D. Vance. Thiel contribuyó a financiar la carrera política de Vance. El apoyo financiero se materializó a través de una contribución de 15 millones de dólares mediante el super PAC que respaldaba su candidatura (10). Thiel también ayudó a Vance a recaudar casi 100 millones de dólares de un grupo de inversores prominentes para Narya Capital, el fondo de inversión de Vance (10). Su influencia sobre la dirección futura del Estado estadounidense podría crecer si Vance se convierte en el candidato presidencial republicano en las elecciones de 2028 (5).

La visión política de Thiel difiere marcadamente del populismo teatral que define el trumpismo. Se configura por una creencia en la jerarquía sobre la participación de masas, en el poder tecnocrático sobre la deliberación democrática y en un gobierno gestionado con la precisión y la eficiencia despiadada de una firma de capital privado. Esta cosmovisión considera los procesos democráticos tradicionales como obstáculos, no como fundamentos. Sus raíces están en los consejos de administración y los think tanks de la élite más rica de la Costa Oeste, no en las ciudades obreras de Ohio (13).

5.5. La institucionalización de la alianza: las cenas de David Sacks y el cambio de paradigma

El punto de inflexión en la relación entre Silicon Valley y Trump se produjo el 6 de junio de 2024, en San Francisco. David Sacks, capitalista de riesgo, organizó una cena de recaudación de fondos en su mansión de piedra caliza francesa de 45 millones de dólares, situada en una calle conocida como Billionaires' Row. La cena recaudó aproximadamente 12 millones de dólares y fue pivotal en la creación de la alianza entre los multimillonarios de Silicon Valley, los capitalistas de riesgo y Trump (13).

El periodista George Packer relata que Sacks declaró en su podcast una semana antes de la recaudación que sabía que muchas personas en el mundo tecnológico, a su nivel, eran partidarias de Trump, pero temían decirlo porque seguía siendo socialmente inaceptable en su entorno. Sacks quería hacerlo socialmente aceptable. Creía que la recaudación, a la que asistirían ejecutivos de criptomonedas, inversores y otros profesionales del sector tecnológico, ofrecería la oportunidad de conocer a Trump, escuchar su posición sobre tecnología y tratar de influirle. La cena, a la que también asistió J.D. Vance, representó la consumación del noviazgo entre Silicon Valley y MAGA (13).

5.6. La tensión entre la base populista y la élite tecnológica

La alianza entre Trump y los tecnoligarcas no está exenta de tensiones. El periodista Vince Bzdek señala que esta relación podría generar una fractura en la base electoral de Trump. El problema, según su análisis, es que "la mayoría de la base trumpista son pobres y no confían en los ricos que pasan por encima de ellos" (9). Esta tensión entre el populismo de base y la élite tecnológica ha comenzado a manifestarse en las críticas que algunos sectores conservadores dirigen a los magnates, así como en las divisiones dentro de la propia administración.

Un ejemplo de esta fractura se produjo en el debate sobre los visados H-1B. Elon Musk abogó por su continuidad porque son importantes para su sector. Steve Bannon se opuso virulentamente. Este desacuerdo ilustra la diferencia fundamental entre el populismo del MAGA y la élite tecnológica, cuyas visiones sobre inmigración y política económica no siempre coinciden (6). La percepción de que Trump ha priorizado los intereses de los tecnoligarcas sobre las promesas populistas a su base podría erosionar su apoyo entre los votantes de clase trabajadora que constituyen el núcleo de su electorado.


Sección 6. La reconfiguración del complejo militar-industrial-digital

El fenómeno de los tecnoligarcas no se limita a la influencia política o a la captura de la administración pública. Su manifestación más tangible y potencialmente más duradera se produce en el ámbito de la defensa y la seguridad nacional. Una nueva generación de empresas tecnológicas está reconfigurando el tradicional complejo militar-industrial que el presidente Dwight D. Eisenhower advirtió en su discurso de despedida de 1961 (1). Este nuevo complejo, que algunos analistas han denominado "complejo militar-industrial-digital", incorpora un elemento distintivo: la industria de manipulación de conciencias a través de plataformas de comunicación y la tecnología de doble uso, civil y militar, como los satélites (1).

6.1. El trío protagonista: Palantir, SpaceX y Anduril

El núcleo de esta reconfiguración está conformado por tres empresas que mantienen estrechos vínculos con figuras clave de la administración Trump y que están generando una creciente inquietud entre los gigantes tradicionales del sector armamentístico (1)(11). Estas empresas son Palantir, SpaceX y Anduril. Las tres comparten un origen común en la órbita de Peter Thiel, Elon Musk y los capitalistas de riesgo de Silicon Valley que han apostado por la convergencia entre tecnología y poder militar (1).

Palantir Technologies, cofundada por Peter Thiel en 2003 con el apoyo financiero de In-Q-Tel, la firma de capital riesgo de la CIA, se ha convertido en el "backbone de datos del estado autoritario" (1)(11). Su plataforma Foundry, originalmente desarrollada para la contrainsurgencia en Irak, permite navegar entre miles de millones de datos para encontrar patrones, convirtiendo el ruido en inteligencia (11). Esta tecnología fue fundamental para localizar y eliminar a Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda (11). Su uso reciente ha sido mucho más polémico: la administración Trump ha recurrido a Palantir para ayudar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a espiar, localizar, identificar y deportar a personas migrantes, así como para lanzar su guerra contra Irán (11).

En julio de 2025, el Departamento de Defensa de Estados Unidos firmó un contrato histórico de 10.000 millones de dólares con Palantir. El contrato transfirió el control sobre inteligencia en el campo de batalla, logística, seguridad nacional y sistemas de control migratorio a la empresa (1)(11). El acuerdo, enmarcado oficialmente como una reforma de eficiencia, supuso en la práctica la transferencia de funciones soberanas de seguridad a una empresa privada cuyo fundador ha declarado abiertamente que "la libertad y la democracia ya no son compatibles" (2)(11). El contrato consolidó otros acuerdos que ya venían desarrollándose entre la compañía tecnológica y gobiernos estadounidenses anteriores, también demócratas (1).

El software de Palantir ha sido utilizado para desarrollar ImmigrationOS, una plataforma de vigilancia diseñada para proporcionar "visibilidad casi en tiempo real" de los movimientos de los migrantes, agilizar la localización y detención, y rastrear las autodenominadas "autodeportaciones" (11). Comunicaciones internas filtradas muestran a ingenieros de Palantir trabajando en sprints rápidos para ayudar a localizar a individuos señalados para su expulsión (11). El software cruza datos de salud, impuestos y control de fronteras que permiten localizar a personas y detenerlas sin una orden judicial (11). El conflicto de intereses es estructural: Stephen Miller, jefe de gabinete adjunto de la Casa Blanca y arquitecto principal de la política de deportación masiva, declaró en sus registros patrimoniales de 2025 poseer hasta 250.000 dólares en acciones de Palantir, mantenidos en la cuenta de corretaje de uno de sus hijos (11).

SpaceX, la empresa de Elon Musk, ha reconfigurado el acceso al espacio y las comunicaciones militares a través de su constelación de satélites Starlink y su rama clasificada Starshield. Starshield representa la privatización de la comunicación en órbita baja, un dominio que antes era exclusivamente estatal (1). Aunque se promociona como "infraestructura soberana", está en realidad controlada por la empresa privada de Musk (1). Cuando las comunicaciones en el campo de batalla de la OTAN dependen de infraestructura controlada por un solo hombre que respalda abiertamente a partidos de extrema derecha europeos, la autonomía defensiva se convierte en ficción teatral (1).

Anduril Industries, cofundada por Palmer Luckey (creador de Oculus) y Trae Stephens (socio de Founders Fund y exejecutivo de Palantir), es la tercera pata de este trío (1). La compañía, que obtiene casi todos sus ingresos de contratos de defensa, posee más de 22.000 millones de dólares en contratos de defensa y una valoración que se acerca a los 60.000 millones de dólares, a pesar de haber generado solo 2.000 millones de dólares en ventas el año pasado y haber registrado pérdidas (1). La valoración de la empresa refleja el optimismo de los inversores sobre su capacidad para revolucionar la industria armamentística (5).

La plataforma Lattice de Anduril conecta alimentaciones de satélites, datos de radar e imágenes del campo de batalla en una única red operativa, permitiendo planificar y ejecutar misiones militares a velocidad relámpago (1). La empresa afirma que sus sistemas pueden funcionar con "autonomía de nivel 5": lanzamiento, identificación de objetivos, ataque y retorno sin intervención humana (1). La "autonomía" es también la palabra clave de la iniciativa Unleashing US Military Drone Dominance anunciada por el secretario de Defensa Pete Hegseth en julio de 2025, que tiene como objetivo la integración total de sistemas de armas autónomos para 2027 (1).

6.2. La captura institucional: puertas giratorias y Detachment 201

La integración de las empresas tecnológicas en el aparato de defensa estadounidense no se limita a los contratos. Opera a través de un mecanismo de captura institucional que algunos analistas han calificado como "puertas giratorias" que ya no giran entre el gobierno y la industria, sino que los bloquean juntos en una nueva arquitectura de poder (1). El fenómeno es múltiple y afecta a todos los niveles de la administración.

En la cúpula política, el vicepresidente J.D. Vance ascendió al poder después de que Peter Thiel vertiera 15 millones de dólares en su campaña al Senado en 2022, la mayor donación individual a una carrera senatorial en la historia estadounidense (11). Michael Kratsios, exjefe de gabinete de Thiel, dirige ahora la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca (1). Michael Obadal, ejecutivo de Anduril, declaró entre 250.000 y 500.000 dólares en acciones de la compañía al ser nominado subsecretario del Ejército, el segundo puesto civil más alto del Pentágono, y solo se comprometió a desprenderse de ellas como condición para su confirmación por el Senado en septiembre de 2025 (1). Gregory Barbaccia, tras una década en la división de inteligencia de Palantir, sirve ahora como director de información del gobierno federal, supervisando programas de integración de datos que benefician directamente a su antiguo empleador (1). Clark Minor, nombrado director de información del Departamento de Salud y Servicios Humanos, ocupaba previamente un puesto ejecutivo en Palantir, la misma empresa que recibió casi 300 millones de dólares en contratos del HHS entre 2021 y 2024 (1).

El mecanismo más impactante de esta captura es el Detachment 201 del Pentágono, creado en junio de 2025 para fomentar la "innovación" (1). Este programa incluye a cuatro exejecutivos tecnológicos de Palantir, Meta y OpenAI, elevados al rango de teniente coronel (1)(11). La distinción entre contratista y comandante, entre la búsqueda de beneficios y la defensa nacional, ha sido deliberadamente difuminada (1). Francesca Bria señala que este programa representa la integración directa de ejecutivos tecnológicos en los rangos militares, una novedad sin precedentes en la historia de Estados Unidos (11).

6.3. La dimensión global: exportación del modelo y dependencia europea

La reconfiguración del complejo militar-industrial-digital no se detiene en las fronteras estadounidenses. La arquitectura del "Authoritarian Stack" se está exportando a Europa a través de contratos que vinculan a los estados europeos con empresas estadounidenses cuyas lealtades son a los inversores, no a los parlamentos (1). En el Reino Unido, Palantir proporciona al Servicio Nacional de Salud (NHS) una plataforma de datos federada de 330 millones de libras que cubre decenas de millones de registros de pacientes, adquirida sin un debate público significativo (1)(11). En Alemania, Palantir ha suministrado software para la lucha contra el terrorismo y la aplicación de la ley. La empresa conjunta de Anduril con Rheinmetall promete desplegar enjambres de drones autónomos en toda la OTAN (1). Italia ha firmado contratos para integrar los terminales Starlink de Musk en las redes de comunicaciones militares y de emergencia (1).

El caso de España ejemplifica la creciente dependencia europea. En 2023, y tras un procedimiento negociado sin publicidad, el Estado Mayor de la Defensa otorgó un contrato de 16,5 millones de euros a Palantir para que el ejército español pueda utilizar Gotham, un programa informático de análisis de datos que utiliza inteligencia artificial para "mejorar y acelerar las decisiones" de los militares en el campo de batalla (11). El contrato fue formalizado a mediados de noviembre con un plazo de ejecución de tres años, lo que significa que expirará a finales de 2026 (11). La ministra de Defensa, Margarita Robles, no ha confirmado si el Gobierno renovará el contrato. Se limitó a asegurar que la ética en la IA "es muy importante (...) hasta en empresas como Palantir" (11).

Francesca Bria ha advertido sobre las consecuencias de esta dependencia. Según su análisis, el patrón europeo es idéntico al ya visto en Estados Unidos: primero la sanidad, luego la defensa (11). En Italia, Palantir firmó una partnership con el Policlínico Gemelli en 2023 y el Ministerio de Defensa inició en 2024 un procedimiento secretado para la adquisición de Gotham (11). El contrato de la OTAN con Palantir para el sistema Maven Smart System vincula también a Roma por interoperabilidad. Las Fuerzas Armadas italianas estaban en discusión para integrar Starlink de Musk en comunicaciones militares cifradas (11). "La secuencia no es casual", advierte Bria (11).

La preocupación por la dependencia es particularmente aguda en el ámbito de la soberanía digital. Quién controla los datos y dónde residen los servidores son preguntas cuya respuesta, en el caso de Palantir, siempre conduce a Estados Unidos (11). Ninguna administración que ha adoptado Gotham ha sabido responder de forma tranquilizadora a la pregunta de cómo podría rescindir los contratos: el "lock-in técnico" es estructural (11). Quien compra el software de Palantir no está adquiriendo una herramienta, sino "dependencia y cesión de soberanía" (11). La Unión Europea, con su énfasis en la regulación y la protección de datos, se presenta como un contrapeso potencial, pero también como un objetivo vulnerable ante la capacidad de las corporaciones tecnológicas estadounidenses para imponer sus estándares y su infraestructura (1).


Sección 7. Consecuencias para la soberanía estatal y el orden internacional

La reconfiguración del poder descrita en las secciones precedentes no es un fenómeno confinado a las fronteras de Estados Unidos. Por el contrario, sus efectos se proyectan globalmente, erosionando la soberanía de los estados-nación y redefiniendo las relaciones de poder en el orden internacional. Esta sección analiza las consecuencias de la emergencia de los tecnoligarcas para la soberanía estatal, tanto en su dimensión interna como externa, y examina las implicaciones para Europa y el resto del mundo.

7.1. La erosión de la soberanía interna: cuando el Estado se convierte en cliente

La transferencia de funciones soberanas a corporaciones privadas representa una transformación cualitativa en la naturaleza del Estado contemporáneo. El contrato de 10.000 millones de dólares del Ejército estadounidense con Palantir transfirió el control sobre inteligencia en el campo de batalla, logística, seguridad nacional y sistemas de control migratorio a la empresa: cedió atributos esenciales de la soberanía a un actor privado, mucho más que una externalización de servicios (1). El proyecto "Authoritarian Stack" de la Fundación Rosa Luxemburgo documenta este fenómeno como "la reconstrucción de la soberanía como una clase de activo privado" (1).

La erosión de la soberanía interna se manifiesta en múltiples dimensiones. La capacidad del Estado para ejercer el monopolio legítimo de la coerción se ve comprometida cuando las infraestructuras de inteligencia, vigilancia y control migratorio son operadas por entidades privadas cuyas lealtades son a sus accionistas, no al interés público (1). La función legislativa se ve socavada cuando decisiones políticas sustantivas, como determinar quién es deportable o qué gasto público resulta "eficiente", quedan en manos de algoritmos desarrollados por empresas privadas sin control democrático (1). La rendición de cuentas se vuelve problemática cuando los responsables de estas decisiones son ejecutivos corporativos que no están sujetos a mecanismos de control político.

El conflicto de intereses que atraviesa esta estructura es sistémico. Stephen Miller, jefe de gabinete adjunto de la Casa Blanca y arquitecto principal de la política de deportación masiva, declaró poseer hasta 250.000 dólares en acciones de Palantir (11). Esta circunstancia ilustra la fusión entre el poder político y el capital tecnológico que caracteriza al fenómeno de los tecnoligarcas. La distinción entre el regulador y el regulado, entre el que define la política y el que la ejecuta, se ha desdibujado hasta el punto de resultar irreconocible.

7.2. La dimensión internacional: la dependencia europea

El modelo de gobernanza que construyen los tecnoligarcas no se detiene en las fronteras estadounidenses. Su atracción gravitacional ya está reconfigurando la seguridad, la migración y la infraestructura digital de Europa (1). Este proceso no se produce únicamente a través de tratados de la OTAN, sino mediante contratos y plataformas que vinculan a los estados europeos con empresas estadounidenses cuyas lealtades son a los inversores, no a los parlamentos (1)(11).

El Reino Unido, Alemania e Italia ilustran el patrón. Palantir opera la plataforma de datos federada de 330 millones de libras del NHS británico y ha suministrado a Alemania software de lucha antiterrorista; la empresa conjunta de Anduril con Rheinmetall despliega enjambres de drones en toda la OTAN, e Italia ha integrado los terminales Starlink de Musk en sus redes de comunicaciones militares y de emergencia (1)(11).

Bria resume la secuencia con una fórmula: "primero la sanidad, luego la defensa" (1)(11). Es una penetración progresiva que arranca en sectores de apariencia técnica y termina alcanzando funciones soberanas esenciales (11). Quien controla los datos sanitarios, las comunicaciones militares y los sistemas de vigilancia migratoria no solo presta un servicio, sino que adquiere una capacidad de influencia y control que trasciende lo comercial.

La dependencia europea se agrava por la ausencia de alternativas tecnológicas autónomas. El informe de la Fundación Rosa Luxemburgo señala: "Europa se encuentra en un punto de inflexión decisivo y debe decidir: o construye inmediatamente una verdadera soberanía tecnológica, o debe aceptar ser gobernada por Silicon Valley, cuyos desarrolladores consideran la democracia un sistema operativo superfluo que debe ser reemplazado" (1). Esta advertencia refleja la constatación de que la infraestructura nunca es neutral: quien la construye, la posee y la gobierna determina el futuro (11).

7.3. La fragilidad de la posición oligárquica: la lección de la historia

A pesar de su aparente poder, la posición de los tecnoligarcas no es necesariamente estable. Christopher Hartwell y Tricia D. Olsen advierten en Foreign Affairs que los oligarcas pueden volverse "desechables" (7). Los líderes personalistas toleran el gran capital solo mientras este resulta funcional para su propia consolidación (7).

El precedente ruso de los años noventa es el más instructivo. Los oligarcas surgidos de las privatizaciones post-soviéticas ejercieron una influencia considerable sobre el Kremlin durante el mandato de Boris Yeltsin. La llegada de Vladimir Putin invirtió esta relación: los antiguos socios se convirtieron en súbditos cuya riqueza dependía del permiso político en lugar de la protección jurídica (7). En Turquía bajo Recep Tayyip Erdogan y en Arabia Saudita bajo Mohammed bin Salman se observan dinámicas similares, en formas menos extremas pero reconocibles: sanciones fiscales selectivas, investigaciones judiciales a medida, campañas anticorrupción utilizadas como instrumento de realineamiento de las élites económicas (7).

Hartwell y Olsen aplican este análisis a Estados Unidos. Ninguna equiparación mecánica con Moscú o Riad es posible: las instituciones estadounidenses siguen siendo más robustas, el pluralismo social más extenso y los contrapesos más profundos. Pero los autores observan ciertas tendencias que merecen atención: el recurso progresivo a la presión judicial como instrumento de intimidación política, la delegitimación sistemática de los medios hostiles, la personalización de la relación entre la Casa Blanca y los grandes intereses económicos, y la creciente demanda de lealtad individual (7).

Los gigantes de Silicon Valley han adoptado una nueva postura: menos fricción, menos exposición pública, más disposición a colaborar. Hartwell y Olsen leen en ese giro el inicio de una dependencia, más que un simple cálculo empresarial (7). El líder personalista aprecia el apoyo de los grandes capitales, pero no acepta su autonomía (7). La cercanía al poder que hoy buscan los tecnoligarcas podría transformarse, con el tiempo, en una forma de vulnerabilidad.


Sección 8. Conclusiones y prospectiva: hacia un nuevo modelo de gobernanza posdemocrática

El fenómeno de los tecnoligarcas representa una transformación estructural de la política estadounidense y global cuyas implicaciones trascienden la mera coyuntura del segundo mandato de Donald Trump. La evidencia documentada a lo largo de este artículo sugiere que estamos asistiendo a la emergencia de un nuevo modelo de gobernanza que algunos analistas han calificado como "posdemocrático" (1), caracterizado por la fusión entre el poder tecnológico y el poder estatal, la erosión de los mecanismos tradicionales de control democrático y la reconfiguración de la soberanía como un activo privatizado.

8.1. Síntesis de los hallazgos

El análisis desarrollado en las secciones precedentes permite identificar varios rasgos distintivos de este nuevo modelo de gobernanza.

Primero, una élite tecnológica ha trascendido su condición de agentes económicos para convertirse en actores políticos de primera magnitud. Esta élite, designada por el término "broligarchy" (6)(7), no se limita a acumular riqueza. Aspira a redefinir los fundamentos mismos de la gobernanza, sustituyendo los mecanismos de deliberación democrática por criterios de eficiencia algorítmica (1)(4).

Segundo, articulan una ideología coherente, el tecnoautoritarismo, que concibe la democracia como un sistema obsoleto e incompatible con la libertad (1)(2). Sus principales exponentes son Peter Thiel y Elon Musk (2)(3). Propugnan un modelo de gobierno tecnocrático en el que las decisiones políticas son sustituidas por algoritmos y los contrapesos democráticos por la eficiencia empresarial (1)(2).

Tercero, han construido una arquitectura institucional, el "Authoritarian Stack", que integra infraestructuras de datos, inteligencia artificial, sistemas autónomos y capacidad militar bajo control privado (1). Esta arquitectura representa la materialización operativa de la ideología tecnoligarca y constituye el vehículo a través del cual se ejerce el poder (1).

Cuarto, han reconfigurado el complejo militar-industrial-digital. Empresas como Palantir, SpaceX y Anduril ocupan un lugar central en la arquitectura de defensa estadounidense (1)(11). Esta reconfiguración implica la transferencia de funciones soberanas a actores privados y la integración directa de ejecutivos tecnológicos en los rangos militares (1)(11).

Quinto, el modelo se proyecta globalmente. Amenaza la soberanía de los estados europeos y de otros aliados tradicionales de Estados Unidos (1)(11). La dependencia de infraestructuras tecnológicas controladas por empresas estadounidenses configura un escenario de subordinación estratégica que trasciende la mera dependencia económica (11).

8.2. La fragilidad del poder tecnoligarca

El análisis de la posición de los tecnoligarcas no debe conducir a una lectura determinista que ignore las tensiones y contradicciones internas del fenómeno. Hartwell y Olsen advierten que los oligarcas pueden volverse "desechables" cuando el líder político al que han apoyado ya no necesita su respaldo (7). La cercanía al poder que hoy buscan los tecnoligarcas podría transformarse, con el tiempo, en una forma de vulnerabilidad (7).

Esta fragilidad se manifiesta en múltiples dimensiones. Los tecnoligarcas dependen de la voluntad política de Trump, cuyo apoyo no es incondicional y que no ha dudado en criticar abiertamente a Musk en ocasiones (7). Existe una tensión entre la base populista de Trump y la élite tecnológica, cuyas visiones sobre inmigración, economía y cultura no siempre coinciden (5). Los propios tecnoligarcas compiten entre sí, y sus intereses no siempre están alineados (5). El sistema político estadounidense podría reaccionar contra la concentración de poder, ya sea a través de investigaciones judiciales, cambios regulatorios o presión social (7).

El caso de Elon Musk en el DOGE ilustra esta fragilidad. A pesar de su influencia y sus recursos, Musk enfrentó protestas generalizadas, actos de vandalismo contra Tesla y críticas de inversores preocupados por su excesiva dedicación al DOGE en detrimento de sus empresas (8). Meses más tarde hizo un balance retrospectivo ambiguo de la experiencia, calificándola de solo parcialmente exitosa y afirmando que no volvería a asumirla (8). Su salida del DOGE en mayo de 2025, apenas cuatro meses después de asumir el cargo, sugiere que incluso el tecnoligarca más poderoso tiene límites en su capacidad para gestionar el poder político y sus efectos colaterales (8).

8.3. El desafío europeo y la necesidad de soberanía tecnológica

La Unión Europea se enfrenta a un desafío existencial ante la emergencia del modelo de gobernanza tecnoligarca. El informe de la Fundación Rosa Luxemburgo advierte: "Europa se encuentra en un punto de inflexión decisivo y debe decidir: o construye inmediatamente una verdadera soberanía tecnológica, o debe aceptar ser gobernada por Silicon Valley, cuyos desarrolladores consideran la democracia un sistema operativo superfluo que debe ser reemplazado" (1).

La construcción de una soberanía tecnológica europea requeriría múltiples dimensiones de actuación. En el plano regulatorio, la Unión Europea ya cuenta con instrumentos como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley de Servicios Digitales. Estos establecen estándares que podrían contrarrestar las tendencias autoritarias de los tecnoligarcas (11). Sin embargo, estos instrumentos son insuficientes si no van acompañados de inversiones en capacidades tecnológicas propias y de políticas de compra pública que reduzcan la dependencia de proveedores estadounidenses (11).

En el plano industrial, Europa necesita desarrollar alternativas a las infraestructuras controladas por los tecnoligarcas: nubes soberanas, sistemas de inteligencia artificial transparentes, redes de comunicaciones independientes y capacidades de defensa autónomas (11). La iniciativa EuroStack, liderada por Francesca Bria, representa un intento de construir esta alternativa. Su éxito dependerá de la voluntad política de los estados europeos para invertir recursos sustanciales y coordinar sus esfuerzos (1)(11).

8.4. El futuro de la democracia en la era de los tecnoligarcas

El fenómeno de los tecnoligarcas plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro de la democracia liberal. La sustitución de la deliberación democrática por la eficiencia algorítmica, la transferencia de funciones soberanas a actores privados y la erosión de los mecanismos de control político representan una amenaza sistémica para el modelo democrático (1)(2)(11).

Sin embargo, el análisis de este fenómeno no debe conducir a un pesimismo determinista. Los sistemas políticos tienen capacidad de adaptación. Las concentraciones de poder generan, tarde o temprano, respuestas sociales e institucionales. La movilización ciudadana, la investigación periodística, la acción judicial y la presión política pueden contrarrestar las tendencias autoritarias (1)(11).

El desenlace de esta tensión entre el poder tecnológico y la democracia no está escrito. Dependerá de la capacidad de los actores políticos, sociales e institucionales para responder al desafío que plantean los tecnoligarcas. La alternativa, como advierte Francesca Bria, es "aceptar ser gobernados por Silicon Valley" (11). La elección, en última instancia, es política.


Bibliografía

(1) Bria, Francesca; Cillo, Davide; Kalyvas, Alexandra; et al. "The Authoritarian Stack: Mapping Big Tech's Capture of State Power". Rosa-Luxemburg-Stiftung, 26 de enero de 2026. URL: https://www.rosalux.de/en/news/id/54328/the-authoritarian-stack-mapping-big-techs-capture-of-state-power

(2) Thiel, Peter. "The Education of a Libertarian". Cato Unbound, 13 de abril de 2009. Citado en Demócrata (2026) y Morning Star (2026).

(3) Slobodian, Quinn; Tarnoff, Ben. Muskism: A Guide for the Perplexed. Reseñado en Yerepouni Daily News, 19 de julio de 2026.

(4) "Silicon governance: Elon Musk and the techno-libertarian crisis in public administration". Taylor & Francis Online, 1 de enero de 2026. URL: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/10841806.2025.2595589

(5) "Tech oligarchs in the US: the mutual dependence between the Trump administration and Silicon Valley". OSW (Ośrodek Studiów Wschodnich - Centre for Eastern Studies), 23 de junio de 2026. URL: https://www.osw.waw.pl/en/publikacje/osw-commentary/2026-06-23/tech-oligarchs-us-mutual-dependence-between-trump

(6) "Broligarchy". Wikipedia, 19 de noviembre de 2024. URL: https://en.wikipedia.org/wiki/Broligarchy

(7) Hartwell, Christopher A.; Olsen, Tricia D. "The Disposable Oligarchs: Why Wealthy Elites Come to Regret Their Bargains With Authoritarians". Foreign Affairs, 28 de abril de 2026. URL: https://www.foreignaffairs.com/united-states/disposable-oligarchs

(8) "What was Doge? How Elon Musk tried to gamify government". The Guardian, 17 de marzo de 2026. URL: https://www.theguardian.com/news/ng-interactive/2026/mar/17/elon-musk-gamify-government

(9) Bzdek, Vince. "Welcome to the Age of the Broligarchs". The Gazette (Colorado Springs), 25 de enero de 2025. URL: https://gazette.com/2025/01/25/welcome-to-the-age-of-the-broligarchs-vince-bzdek/

(10) "The billionaire behind Trump's surveillance state". Morning Star, 22 de julio de 2026. URL: https://morningstaronline.co.uk/article/billionaire-behind-trumps-surveillance-state

(11) "The data as the new core of power: Palantir, Trump and Thiel's idea of replacing politics with technology". Demócrata, 29 de junio de 2026. URL: https://www.democrata.es/en/digital-ai/the-data-as-the-new-core-of-power-palantir-trump-and-thiel-idea-of-replacing-politics-with-technology

(12) "Elon Musk is remaking the world, like Henry Ford before him – but more dangerously". Yerepouni Daily News, 19 de julio de 2026. URL: https://www.yerepouni-news.com/elon-musk-is-remaking-the-world-like-henry-fordbefore-him-but-more-dangerously

(13) Packer, George. "Did the Tech Bros Win the Culture War?". The Atlantic, 8 de junio de 2026. Citado en OSW (2026) y Wikipedia.

(14) Naughton, John. "Musk is not a libertarian. He's a state symbiont". The Guardian, 2025. Citado en Yerepouni Daily News (2026) y OSW (2026).

(15) "Oligarchic sovereignty: Technology and the future of global order". Review of International Studies, Cambridge University Press, 22 de diciembre de 2025. URL: https://www.cambridge.org/core/journals/review-of-international-studies/article/oligarchic-sovereignty-technology-and-the-future-of-global-order/1E8CA6E567E56FB8CE93FC835A6ED60D