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El talón de Aquiles digital: la adopción por parte de la OTAN del sistema inteligente Maven de Palantir y la fractura geopolítica de la soberanía tecnológica europea

1. Introducción

1.1. Contexto y relevancia del caso

El 2 de julio de 2026, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) anunció oficialmente la adopción del Maven Smart System (MSS) de la compañía estadounidense Palantir Technologies como el «sistema operativo» de la Alianza en el marco de su proceso de transformación digital del campo de batalla (1). Este anuncio, que requiere el consenso unánime de todos los Estados miembros, no es un mero contrato de suministro tecnológico, sino la materialización de una dependencia estratégica de profundas consecuencias geopolíticas. El MSS, una plataforma de inteligencia artificial y análisis de datos diseñada para integrar ingentes volúmenes de información proveniente de sensores, satélites, drones y sistemas de radar, ha demostrado su eficacia operativa en el teatro ucraniano, donde ha sido señalada por militares y analistas como uno de los factores determinantes en la resistencia de Kiev frente a la invasión rusa (1). Su capacidad para reducir los tiempos de decisión de forma exponencial convierte a esta herramienta en un activo de primer orden en cualquier conflicto moderno, pero también en un punto de fricción en el debate sobre la autonomía estratégica europea.

Paradójicamente, la decisión de la OTAN —que, como organización, encarna el pilar militar de la relación transatlántica— coexiste con un creciente recelo por parte de varios gobiernos europeos hacia la misma compañía. Francia, Países Bajos, Dinamarca y España han manifestado, con distintos grados de intensidad y formalidad, su intención de reducir o eliminar su dependencia de Palantir (1; 2; 7). El caso español resulta especialmente revelador: según fuentes de diversos consejos de administración de empresas cotizadas, el Gobierno de Moncloa habría cursado una orden tácita de veto a la multinacional en todos los contratos y organismos públicos, afectando a empresas estratégicas como Telefónica, Indra o Navantia (2; 5; 6). Esta decisión, que no ha sido comunicada oficialmente por vía institucional, contrasta con las respuestas parlamentarias del Ministerio de Defensa, en las que se aseguraba que Palantir «no tiene acceso a datos de ciudadanos españoles» (1), revelando una tensión interna entre la eficiencia operativa y la soberanía tecnológica que merece un análisis detallado.

El presente artículo aborda esta encrucijada desde una triple perspectiva: tecnológica, jurídica y geopolítica. El MSS no es un simple programa informático; es una plataforma que construye una «ontología» de datos capaz de armonizar silos de información dispersos y aplicar sobre ellos una capa de inteligencia artificial para facilitar la acción operativa (19). Su adopción por parte de la OTAN implica que el corazón digital de la defensa aliada —desde la logística en la retaguardia hasta los movimientos tácticos en el frente— dependerá de un proveedor estadounidense con vínculos estrechos con el Pentágono y con la Administración Trump, cuyo fundador, Peter Thiel, es uno de los grandes aliados tecnológicos del expresidente (1). Este escenario plantea preguntas acuciantes sobre la seguridad de los datos, la existencia de eventuales «puertas traseras» (kill switches), la aplicabilidad de la legislación estadounidense como la Cláusula CLOUD y la capacidad de Europa para desarrollar alternativas propias en un plazo razonable.

1.2. Planteamiento del problema y preguntas de investigación

La contradicción central que motiva esta investigación puede formularse en los siguientes términos: mientras la OTAN consolida su dependencia operativa de un sistema estadounidense de inteligencia artificial para la defensa, varios Estados europeos, encabezados por Francia y España, impulsan políticas de desconexión del mismo proveedor en sus ámbitos nacionales. Esta dualidad no es meramente incoherente; revela una fractura profunda en el proyecto de autonomía estratégica europea y plantea interrogantes sobre la viabilidad de una defensa común tecnológicamente soberana.

De esta problemática general se derivan las siguientes preguntas de investigación:

  1. ¿Cuáles son las características técnicas y operativas del Maven Smart System que lo hacen irremplazable para la OTAN en el corto plazo, y qué argumentos esgrimen sus críticos para cuestionar su adopción?

  2. ¿Qué factores han motivado el veto silencioso del Gobierno español a Palantir, y en qué medida responde a consideraciones de seguridad nacional, a presiones políticas internas o a una alineación con la estrategia francesa de soberanía tecnológica?

  3. ¿Qué marco legal y regulatorio es aplicable al tratamiento de datos sensibles de defensa por parte de un proveedor extranjero, y cuáles son los riesgos jurídicos concretos en términos de protección de datos, derechos fundamentales y cesión de información a terceros Estados?

  4. ¿Existen alternativas europeas reales al MSS de Palantir, y cuáles son sus capacidades, limitaciones y plazos de desarrollo?

  5. ¿Qué escenarios de futuro se abren para la relación entre la OTAN, la Unión Europea y los proveedores tecnológicos estadounidenses en el ámbito de la defensa?

1.3. Objetivos del artículo

El objetivo general de este trabajo es analizar de manera exhaustiva y crítica la decisión de la OTAN de adoptar el MSS de Palantir como su sistema operativo, examinando las tensiones que esta decisión genera con las políticas de soberanía tecnológica de varios Estados europeos, con especial atención al caso de España.

Los objetivos específicos son los siguientes:

  • Describir la arquitectura tecnológica y las capacidades operativas del MSS, situándolo en el contexto de la evolución de los sistemas de inteligencia artificial aplicados a la defensa.

  • Examinar el proceso de toma de decisiones en la OTAN y las implicaciones estratégicas de la adopción de un sistema dependiente de un proveedor estadounidense.

  • Analizar los fundamentos doctrinales y políticos del concepto de soberanía tecnológica europea, identificando las posiciones divergentes de los Estados miembros.

  • Investigar el origen, el alcance y las motivaciones del veto español a Palantir, contrastando las fuentes periodísticas con las declaraciones institucionales y las respuestas parlamentarias.

  • Evaluar los riesgos legales y éticos asociados al uso de Palantir en el ámbito de la defensa y la seguridad, con especial atención a la protección de datos, los derechos humanos y la posible injerencia extranjera.

  • Realizar un análisis comparativo de las alternativas europeas existentes —ChapsVision en Francia, Arcadia, e iniciativas neerlandesas y danesas—, valorando su madurez tecnológica y su capacidad de escalado.

  • Proponer recomendaciones de política pública para España y para la UE que permitan conciliar la urgencia operativa con la necesidad de autonomía estratégica.

1.4. Metodología y estructura del trabajo

La investigación que se presenta adopta una metodología cualitativa de análisis de caso, complementada con un estudio comparativo de las respuestas nacionales al fenómeno Palantir. El caso central es la adopción del MSS por parte de la OTAN y su confrontación con el veto español; este caso se analiza a la luz de un marco más amplio de relaciones transatlánticas, políticas de defensa europeas y marcos regulatorios de protección de datos.

Las fuentes utilizadas son de naturaleza variada:

  • Fuentes periodísticas y de actualidad, principalmente los artículos de El Confidencial, POLITICO, Euronews, Defense News y otros medios especializados, que aportan datos empíricos sobre las decisiones institucionales y las declaraciones de actores clave (1; 2; 3; 4; 7; 11; 12).

  • Fuentes documentales primarias, como la pregunta parlamentaria europea sobre dependencia digital (10), las peticiones ante el Parlamento Europeo sobre vulneración de derechos fundamentales (15), y los comunicados oficiales del Ejército de EE. UU. y el blog corporativo de Palantir (19; 20; 22).

  • Informes de organizaciones no gubernamentales y de defensa de derechos humanos, como los de Amnesty International y la Electronic Frontier Foundation (16; 17; 18).

  • Documentos estratégicos sobre soberanía tecnológica y defensa europea, que se abordan en las secciones dedicadas al contexto político y normativo.

La estructura del artículo se organiza en diez secciones. Tras esta introducción, la sección segunda aborda el ecosistema tecnológico de Palantir, desde sus orígenes hasta las capacidades actuales del MSS. La sección tercera analiza la decisión de la OTAN, sus implicaciones operativas y las reacciones institucionales. La sección cuarta sitúa el debate en el marco de la soberanía tecnológica europea, con especial atención a las fracturas entre Estados miembros. La sección quinta se centra en el caso español, desentrañando el veto gubernamental y sus contradicciones. La sección sexta examina las dimensiones legales y éticas, con un análisis detallado de los riesgos jurídicos. La séptima sección evalúa las alternativas europeas existentes y sus limitaciones. La octava sección ofrece un análisis crítico de la disyuntiva entre eficiencia operativa y autonomía estratégica. La novena sección presenta prospectivas y recomendaciones de política pública. Finalmente, la décima sección recoge las conclusiones y propone líneas de investigación futura.

Este enfoque multidisciplinar —que combina la ciencia política, el derecho tecnológico, la ciberseguridad y los estudios de defensa— permite abordar la complejidad de un fenómeno que trasciende lo puramente técnico para convertirse en un campo de batalla geopolítico de primer orden. La decisión de la OTAN de adoptar el MSS de Palantir no es un mero contrato tecnológico; es un síntoma de la dependencia estructural de Europa respecto a Estados Unidos en el ámbito crítico de la defensa, y al mismo tiempo un catalizador del debate sobre el futuro de la autonomía estratégica del Viejo Continente. El veto español, por su parte, ejemplifica las tensiones internas que esta dependencia genera en los Estados miembros, obligados a conciliar su lealtad a la Alianza con la defensa de sus intereses nacionales y sus valores democráticos.

2. El Ecosistema Tecnológico de Palantir: Orígenes, Arquitectura y Capacidades Operativas

2.1. Fundación y evolución histórica: del 11-S a la guerra de Ucrania

La historia de Palantir Technologies es inseparable del trauma fundacional que supusieron los atentados del 11 de septiembre de 2001 para el aparato de inteligencia estadounidense. La compañía fue fundada en 2004 por el controvertido multimillonario Peter Thiel —uno de los grandes aliados tecnológicos de Donald Trump— y el excéntrico doctor en filosofía Alex Karp, junto con otros socios (1). El origen de la empresa responde a una constatación crítica: las múltiples agencias de seguridad estadounidenses disponían de la información necesaria para prevenir los atentados, pero carecían de la capacidad técnica para ponerla en común e interpretarla a tiempo (1). Esta deficiencia estructural en la interoperabilidad de los silos de datos gubernamentales se convirtió en el problema que Palantir se propuso resolver desde sus inicios.

La compañía recibió sus primeras inversiones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a través de su brazo inversor, In-Q-Tel, lo que selló desde el principio su estrecha vinculación con el complejo militar-industrial y de inteligencia estadounidense. Durante sus dos primeras décadas de existencia, Palantir operó en un entorno de máxima discreción, consolidando su posición como proveedor de soluciones de integración de datos para agencias gubernamentales y, progresivamente, para grandes corporaciones del sector financiero y sanitario.

El punto de inflexión en su trayectoria llegó con la guerra de Ucrania, donde el sistema Maven —en sus versiones previas al MSS— fue desplegado y señalado por militares y analistas como uno de los factores determinantes en la resistencia de Kiev frente a la invasión rusa (1). La capacidad del sistema para integrar datos de múltiples fuentes —desde imágenes satelitales hasta comunicaciones interceptadas— y ofrecer inteligencia accionable en tiempo real demostró su valor operativo en un conflicto de alta intensidad. Este éxito en el teatro ucraniano allanó el camino para la adopción del sistema por parte del Ejército de Estados Unidos y, posteriormente, por la OTAN.

En agosto de 2025, el Ejército de Estados Unidos selló un acuerdo histórico con Palantir por un valor de hasta 10.000 millones de dólares para la próxima década (6). Este contrato, el más cuantioso de su historia, consolidó a la compañía como el socio tecnológico preferente del Pentágono en el ámbito de la inteligencia artificial aplicada a la defensa (6). La magnitud de este compromiso financiero —que contrasta con los 655 millones de euros anunciados por Francia para inversión en inteligencia artificial (1)— ilustra la asimetría estructural entre la capacidad de inversión de Estados Unidos y la de sus aliados europeos en tecnologías críticas de defensa.

2.2. La ontología como paradigma de integración de datos: fundamentos técnicos

El núcleo tecnológico de Palantir, aquello que lo distingue de otros proveedores de software y lo convierte en un actor irreemplazable en el ámbito de la defensa, es su concepto de «ontología». Como ha señalado un ex-empleado de la compañía, la verdadera aportación de Palantir no es una tecnología en sentido estricto, sino «la capa que convierte datos en decisiones» (1). La ontología es un marco central que crea un lenguaje común y una estructura coherente para integrar activos digitales de naturaleza heterogénea —conjuntos de datos, modelos de inteligencia artificial, aplicaciones— y los conecta con los procesos operativos de la organización (1).

La arquitectura de la ontología de Palantir se asienta sobre los activos digitales integrados en la plataforma y los articula mediante un modelo semántico comprehensivo de la organización (7). Este modelo permite que aplicaciones de primero y terceros exploren la ontología a través de interfaces de programación de aplicaciones (APIs), facilitando la interoperabilidad entre sistemas que, de otro modo, permanecerían aislados (7). El resultado es la eliminación de los silos de datos que caracterizan a las grandes organizaciones —especialmente a las fuerzas armadas, con sus múltiples ramas, cuerpos y sistemas heredados— y su sustitución por un entorno operativo unificado (1).

Sobre esta base ontológica, Palantir aplica una capa de inteligencia artificial que permite ordenar, priorizar y actuar sobre los datos que antes estaban dispersos (1). Esta capa no es monolítica; la plataforma está diseñada para que el usuario final —el cliente, ya sea una agencia de inteligencia, un mando militar o una corporación— agregue su propia personalización mediante aplicaciones propias que «corren» sobre la plataforma base (1). Este modelo de «plataforma como servicio» (PaaS) permite a Palantir ofrecer una solución genérica de integración que cada cliente adapta a sus necesidades específicas, lo que explica su versatilidad y su capacidad para operar en sectores tan diversos como la defensa, la inteligencia, la sanidad o la banca.

La importancia estratégica de este enfoque radica en que la ontología no es simplemente una tecnología; es una forma de organizar el mundo, de imponer un esquema de inteligibilidad sobre conjuntos de datos caóticos y heterogéneos (1). Quien controla la ontología controla, en última instancia, la capacidad de una organización para comprender y actuar sobre su entorno. Esta es la razón por la que la dependencia de Palantir trasciende lo meramente técnico y se convierte en una cuestión de soberanía estratégica.

2.3. Maven Smart System (MSS): funcionalidades y despliegue en el campo de batalla

El Maven Smart System (MSS) es la materialización de la ontología de Palantir en el ámbito específico de la defensa. Sus orígenes se remontan al programa Project Maven del Pentágono, concebido en abril de 2017 como una iniciativa de «guerra algorítmica» para etiquetar imágenes de drones (2). El programa evolucionó rápidamente hasta convertirse en el Maven Smart System, una plataforma de inteligencia artificial construida específicamente para las necesidades del Pentágono (2). Una de las fuentes de su desarrollo fue el programa Scarlet Dragon, concebido por el 18º Cuerpo Aerotransportado del Ejército de EE. UU. con el objetivo de crear un sistema unificado de mando y control (2).

El MSS utiliza algoritmos de aprendizaje automático para identificar patrones, priorizar información y recomendar acciones mediante el procesamiento de flujos de datos en vivo, históricos y simulados (2). Su capacidad operativa quedó dramáticamente demostrada durante la guerra contra Irán, donde el sistema analizó imágenes satelitales, vídeos de drones, comunicaciones enemigas interceptadas y más de 150 fuentes de datos adicionales, produciendo más de 1.000 planes de ataque en el primer día de la ofensiva (2). Esta capacidad de síntesis y recomendación a escala y velocidad sobrehumanas es lo que convierte al MSS en un «sistema operativo» para las guerras (2).

La funcionalidad del MSS abarca todo el espectro de las operaciones militares, desde la logística en la retaguardia hasta los movimientos tácticos en el frente de batalla (1). Esta versatilidad se deriva de su arquitectura basada en la ontología: el sistema no es una aplicación monolítica para un propósito específico, sino una plataforma sobre la que se pueden construir diferentes herramientas operativas según las necesidades del momento. El MSS integra inmensos volúmenes de datos del campo de batalla —procedentes de radares, drones, satélites y otros sistemas— y los fusiona en un panorama operativo compartido, confiable y en tiempo real (1; 3). Esta capacidad de fusión de datos en tiempo real es lo que permite a los comandantes tomar decisiones con una rapidez exponencialmente superior a la de los sistemas tradicionales.

El despliegue del MSS en la estructura de la OTAN comenzó en agosto de 2025, cuando el personal militar de la Alianza inició el entrenamiento con el sistema, marcando el primer uso de software de mando y control habilitado por IA en la historia de la organización (3). En marzo de 2025, la Agencia de Comunicaciones e Información de la OTAN (NCIA) finalizó la adquisición del MSS NATO, una versión específica del sistema adaptada a las necesidades de la Alianza (3). El Mando Conjunto de Norfolk (JFC Norfolk) recibió el sistema a finales de mayo de 2026, completando así el proceso de integración operativa (3).

La decisión de la OTAN de declarar el MSS como su «sistema operativo» en julio de 2026 no fue, por tanto, un anuncio de futura adopción, sino la constatación de un hecho consumado: el sistema llevaba ya meses en funcionamiento y había superado las pruebas operativas necesarias para su certificación (3). Esta declaración formalizaba una dependencia que ya era operativa, lo que añade una capa adicional de urgencia al debate sobre la soberanía tecnológica europea.

2.4. Comparativa con sistemas análogos: Arcadia y otras alternativas europeas

Frente a la hegemonía de Palantir, varios Estados europeos han impulsado el desarrollo de alternativas nacionales que permitan reducir su dependencia tecnológica. La más avanzada de estas iniciativas es Arcadia, un sistema de mando y control con inteligencia artificial desarrollado por un consorcio de empresas francesas —Mistral AI, Safran, Thales y Airbus— como respuesta soberana al Maven de Palantir (4).

Arcadia fue desplegado por primera vez en un ejercicio operativo durante el ejercicio Coalition Warrior Interoperability de la OTAN en Polonia, celebrado del 8 al 26 de junio de 2026 (4). Este ejercicio, diseñado específicamente para probar la interoperabilidad de los sistemas de mando y control de los aliados, ofreció a Francia la oportunidad de validar su alternativa soberana en un entorno operativo real. El sistema Arcadia está concebido para cumplir con los estándares de interoperabilidad de la OTAN (FMN) y está trabajando hacia la certificación oficial por parte de la Alianza (3).

Sin embargo, la comparación entre Arcadia y el MSS revela diferencias sustanciales en términos de madurez tecnológica, escala de inversión y despliegue operativo. Mientras que el MSS de Palantir lleva años en funcionamiento en teatros de guerra reales —Ucrania, Irán— y ha sido probado en condiciones de combate de alta intensidad, Arcadia se encuentra todavía en fase de pruebas y ejercicios. La brecha de inversión es igualmente significativa: el contrato de Palantir con el Ejército de EE. UU. asciende a 10.000 millones de dólares (6), mientras que Francia ha anunciado una inversión de 655 millones de euros para inteligencia artificial en defensa (1). Esta asimetría financiera se traduce en una asimetría de capacidades que difícilmente puede cerrarse en el corto plazo.

Otra alternativa europea es ChapsVision, una empresa francesa fundada en 2019 que se presenta como una alternativa soberana a Palantir, especializada en la integración y análisis de grandes volúmenes de datos de múltiples fuentes (5). ChapsVision ha logrado un hito significativo al ser seleccionada para reemplazar progresivamente a Palantir en la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) de Francia, el principal servicio de inteligencia doméstica del país (5). La compañía ya había ganado un contrato inicial con la DGSI en 2024 y reportó ingresos de 232 millones de dólares en 2025, frente a los 4.500 millones de Palantir (5). Esta disparidad de escala ilustra la dificultad de que una alternativa europea compita en igualdad de condiciones con un gigante tecnológico estadounidense valorado en aproximadamente 250.000 millones de euros (1).

Los Países Bajos y Dinamarca también estarían considerando reducir su dependencia de Palantir a medio plazo (1), aunque sin haber desarrollado aún alternativas nacionales propias con el nivel de sofisticación de Arcadia o ChapsVision. Estas iniciativas nacionales, aunque loables desde la perspectiva de la soberanía tecnológica, adolecen de un problema estructural: la fragmentación de los esfuerzos europeos. Mientras Francia apuesta por Arcadia y ChapsVision, otros Estados miembros desarrollan o consideran sus propias soluciones, sin que exista una estrategia coordinada a nivel de la Unión Europea que permita consolidar recursos y evitar duplicidades.

Esta fragmentación contrasta con la unidad de propósito y la escala de inversión que caracterizan a la oferta estadounidense, representada por Palantir. Como reconoció el máximo comandante de la OTAN, Europa no tiene alternativa real al sistema de Palantir en el corto plazo (3). Esta dependencia, reconocida incluso por los críticos más acérrimos de la compañía, constituye el telón de fondo sobre el que se desarrollan las tensiones geopolíticas que analizaremos en las secciones siguientes.

3. La Decisión de la OTAN: Implicaciones Estratégicas y Operativas

3.1. El anuncio de la Alianza Atlántica (julio de 2026): contexto y contenido

El 2 de julio de 2026, la Organización del Tratado del Atlántico Norte hizo público un anuncio de alcance histórico: el Maven Smart System (MSS) de Palantir se había convertido oficialmente en el «sistema operativo» de la Alianza (1; 5). Esta declaración, que requirió el visto bueno unánime de todos los Estados miembros, no fue el anuncio de una futura adopción, sino la constatación de un proceso que se venía gestando desde hacía más de un año (5). La decisión se produjo en un momento de transformación digital del campo de batalla sin precedentes, en el que la capacidad de procesar y actuar sobre ingentes volúmenes de datos en tiempo real se ha convertido en un factor determinante de la superioridad militar (1).

El proceso que condujo a este hito se inició en marzo de 2025, cuando la Agencia de Comunicaciones e Información de la OTAN (NCIA) finalizó la adquisición del MSS NATO (MSS NATO), una versión específica del sistema adaptada a las necesidades operativas de la Alianza (3; 6). La celeridad del proceso fue excepcional: el contrato se adjudicó en apenas seis meses desde la definición del requerimiento hasta la adquisición del sistema, lo que lo convierte en uno de los procesos de compra más rápidos en la historia de la organización (9). Esta urgencia refleja la percepción compartida en los mandos aliados de que el tiempo apremia y que Europa no puede permitirse esperar hasta 2030 o 2035 para disponer de sistemas militares plenamente operativos (5).

El despliegue del MSS en la estructura de la OTAN fue gradual pero acelerado. En agosto de 2025, el personal militar de la Alianza comenzó el entrenamiento con el sistema, marcando el primer uso de software de mando y control habilitado por inteligencia artificial en la historia de la OTAN (3). El sistema fue instalado inicialmente en el Mando Conjunto de Brunssum (JFC Brunssum) en los Países Bajos y en el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa (SHAPE) en Bélgica (6; 9). Posteriormente, el Mando Conjunto de Norfolk (JFC Norfolk) recibió el sistema a finales de mayo de 2026, completando así la integración en los principales centros de mando de la Alianza (6). El 22 de junio de 2026, el MSS alcanzó la plena capacidad operativa (full operational capability, FOC), tras superar todas las pruebas requeridas por el Mando de Operaciones de la Alianza (ACO) y obtener la acreditación de seguridad completa para su uso en redes clasificadas (8). Esta acreditación, otorgada por la Junta de Acreditación de Seguridad de la OTAN, autoriza el uso del sistema «para todo, incluidos ejercicios, misiones y actividades» (7; 8).

3.2. El MSS como «sistema operativo»: alcance y significado de la metáfora

La calificación del MSS como «sistema operativo» de la OTAN no es una mera hipérbole periodística, sino una caracterización que refleja la función estructural que la plataforma desempeña en el ecosistema digital de la Alianza. Un sistema operativo, en el ámbito informático, es el software fundamental que gestiona los recursos de hardware y software de un sistema, proporciona servicios comunes y permite la ejecución de aplicaciones. De manera análoga, el MSS actúa como una capa unificadora que conecta los sistemas de mando y control de toda la organización y permite que diferentes modelos de inteligencia artificial —tanto europeos como estadounidenses— operen sobre una base común (7; 8).

El MSS no es, por tanto, una aplicación para un propósito específico, sino una plataforma que integra inmensos volúmenes de datos del campo de batalla —procedentes de radares, drones, satélites y otros sistemas— y los fusiona en un panorama operativo compartido, confiable y en tiempo real (1; 3). Como explicó el vicealmirante James Morley, comandante adjunto de JFC Norfolk, el sistema está diseñado para «mejorar nuestra comprensión situacional y la toma de decisiones en todos nuestros cuarteles generales operativos» (6). La metáfora del sistema operativo captura precisamente esta función: el MSS proporciona la infraestructura digital sobre la que se construyen las capacidades operativas de la Alianza, del mismo modo que Windows o Linux proporcionan la base sobre la que se ejecutan las aplicaciones en un ordenador.

El vicealmirante Morley añadió una nota de cautela que revela la magnitud del cambio que el MSS representa: «Estamos en las estribaciones de entender lo que puede hacer por nosotros» (6). Esta declaración sugiere que la Alianza está aún explorando las posibilidades de una herramienta cuya capacidad transformadora apenas comienza a ser comprendida. El énfasis en la necesidad de ser «cuidadosos en la manera en que el sistema actúa y, en cierto modo, vierte datos y los extrae» (6) refleja una conciencia de los riesgos asociados a la automatización de la toma de decisiones en el ámbito militar.

El MSS, según la descripción oficial de SHAPE, «mejora la fusión de inteligencia y la selección de objetivos, el conocimiento del espacio de batalla y la planificación, y la toma de decisiones acelerada» a través de «una amplia gama de aplicaciones de IA —desde modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM) hasta aprendizaje generativo y automático» (6). Esta versatilidad funcional explica por qué la Alianza ha optado por designar al MSS como su sistema operativo: no se trata de una herramienta para una tarea concreta, sino de la infraestructura digital que sustentará todas las operaciones futuras.

3.3. Interoperabilidad y estandarización en el marco de la transformación digital de la OTAN

La adopción del MSS se inscribe en un esfuerzo más amplio de la OTAN por estandarizar y digitalizar sus capacidades operativas. Un elemento central de este esfuerzo es el cumplimiento de los Acuerdos de Estandarización de la OTAN (STANAG), que garantizan la interoperabilidad entre los sistemas de los distintos Estados miembros. El MSS ha sido declarado conforme con los STANAG 4774 y 4778, que regulan respectivamente los estándares de confidencialidad y los mecanismos de intercambio de datos clasificados (8).

La plataforma también es compatible con los principios del Marco de Redes de la Misión de la OTAN (FMN), un conjunto de estándares técnicos que permiten la interoperabilidad de los sistemas de mando y control de los aliados (3). Esta compatibilidad es crucial, ya que garantiza que el MSS pueda integrarse con los sistemas existentes de los diferentes Estados miembros sin requerir costosas y prolongadas adaptaciones. Palantir ha declarado que está trabajando con la OTAN hacia la certificación oficial del sistema en el marco del FMN (3).

El proceso de pruebas del MSS fue exhaustivo. A lo largo de 2025, se construyeron y desplegaron más de cincuenta aplicaciones en toda la fuerza operativa como parte del N-MSS (8). El sistema fue sometido a pruebas extensivas durante el ejercicio Steadfast Deterrence 2026, que concluyó en el Centro de Guerra Conjunta de la OTAN en Noruega el 13 de mayo de 2026 (8). En estas pruebas, el MSS demostró su capacidad para automatizar la generación de guiones y las respuestas de las fuerzas de oposición, lo que confirma su utilidad no solo en operaciones reales, sino también en ejercicios de entrenamiento de alta fidelidad (8).

El ambicioso objetivo de la OTAN es que el MSS sirva como catalizador de una transformación digital más amplia. Según el embajador Jean-Charles Ellermann-Kingombe, responsable de cibernética y transformación digital en la Alianza, los datos son «un activo estratégico» (7). La apuesta por el MSS refleja la convicción de que la ventaja militar en el siglo XXI dependerá cada vez más de la capacidad para procesar y explotar datos a una velocidad y escala que superan las capacidades humanas. En este sentido, la adopción del MSS no es un fin en sí mismo, sino el primer paso de un proceso de transformación que redefinirá la naturaleza de las operaciones militares aliadas en las próximas décadas.

3.4. Reacciones institucionales y posicionamiento de los Estados miembros

La decisión de la OTAN ha suscitado reacciones muy diversas entre los Estados miembros, que reflejan las tensiones subyacentes en torno a la soberanía tecnológica europea. Mientras que la Alianza, como organización, ha acogido el MSS como un avance decisivo en su transformación digital, varios gobiernos europeos han manifestado su inquietud por la dependencia de un proveedor estadounidense (5).

El máximo comandante de la OTAN para la Transformación, el almirante francés Pierre Vandier, ha sido especialmente explícito al reconocer la situación de dependencia. En declaraciones a POLITICO, Vandier afirmó que «hasta donde yo sé, hoy no hay un competidor real para Palantir» (9). El almirante advirtió que quienes buscan alternativas deben demostrar que pueden ofrecer soluciones equivalentes «en cuestión de meses, años, y no una década» (9). Vandier matizó que el debate europeo sobre la «soberanía» digital a menudo confunde varios problemas distintos: la dependencia de un único proveedor, la dependencia de infraestructuras no europeas y el control sobre los datos (9). Para la OTAN, el problema más inmediato es evitar la dependencia de un único proveedor, un riesgo que, según Vandier, puede reducirse impulsando sistemas interoperables que permitan a los países cambiar de proveedor si es necesario (9).

La posición de Francia es particularmente compleja. Por un lado, el primer ministro Sébastien Lecornu anunció que los servicios de inteligencia (DGSI) dejarían de utilizar las herramientas de Palantir para optar por la alternativa nacional ChapsVision (5). Por otro lado, como ha señalado Louis Mosley, vicepresidente ejecutivo de Palantir UK & Europe, el contrato con Francia no ha sido cancelado y la compañía sigue siendo «orgullosos suministradores de Francia» (5). Esta dualidad refleja una estrategia de transición gradual, en la que la dependencia de Palantir se reduce progresivamente sin romper abruptamente los lazos operativos.

Los Países Bajos ocupan una posición singularmente ambivalente, que se examina con mayor detenimiento en la sección cuarta: mientras el gobierno neerlandés ha anunciado su propósito de abandonar Palantir en un plazo de dos años, el territorio holandés alberga precisamente uno de los principales nodos de despliegue del MSS, el Mando Conjunto de Brunssum (7).

España, como se analizará en detalle en la sección quinta, ha adoptado una postura de veto silencioso a Palantir en contratos y empresas públicas (5). Sin embargo, esta decisión contrasta con las respuestas parlamentarias del Ministerio de Defensa, en las que se aseguraba que la compañía «no tiene acceso a datos de ciudadanos españoles» (1). La coexistencia de estas dos posiciones —el veto gubernamental y la aparente tranquilidad institucional— sugiere una tensión interna en el ejecutivo español que merece un análisis pormenorizado.

Alemania, por su parte, ha optado por la agencia de inteligencia doméstica ChapsVision sobre Palantir, después de que el ministro digital, Karsten Wildberger, pidiera una alternativa europea para reducir la dependencia de la compañía estadounidense (9). El consejero delegado de Palantir, Alex Karp, desestimó la llamada del ministro, afirmando que no «entiende cómo Alemania cree que puede permitirse esto» (9). Este intercambio revela la tensión entre la urgencia operativa, defendida por Palantir, y las aspiraciones de soberanía tecnológica, defendidas por los gobiernos europeos.

La reacción de la OTAN como institución ha sido de cautela optimista. Aunque la Alianza ha declarado que el sistema no la «bloquea» con Palantir (9), los críticos argumentan que abandonar sus plataformas puede ser costoso y llevar mucho tiempo (9). La decisión de la OTAN de adoptar el MSS como su sistema operativo no es, por tanto, un mero contrato tecnológico, sino una apuesta estratégica que redefine la relación entre la Alianza y sus socios tecnológicos, y que sitúa la cuestión de la soberanía digital en el centro del debate sobre el futuro de la defensa europea.

4. Soberanía Tecnológica Europea: Fundamentos, Tensiones y Fracturas

4.1. El concepto de soberanía tecnológica en la agenda estratégica de la UE

El concepto de soberanía tecnológica ha emergido en la última década como uno de los ejes vertebradores de la agenda estratégica de la Unión Europea. Lejos de ser una mera aspiración retórica, este concepto encapsula una preocupación creciente por la dependencia crítica de Europa respecto a proveedores externos —especialmente estadounidenses y chinos— en sectores considerados vitales para la seguridad, la economía y los valores democráticos del bloque. La soberanía tecnológica no implica autarquía ni desconexión total de los mercados globales, sino la capacidad de ejercer control estratégico sobre las tecnologías críticas, de desarrollar capacidades propias cuando sea necesario y de diversificar los suministros para evitar vulnerabilidades sistémicas (1).

En el ámbito de la defensa y la seguridad, esta preocupación se ha intensificado notablemente a raíz de la guerra de Ucrania y el creciente cuestionamiento de la fiabilidad del paraguas de seguridad estadounidense. La dependencia de Europa respecto a tecnologías de defensa de origen estadounidense no es nueva, pero el advenimiento de la inteligencia artificial y su aplicación al campo de batalla ha elevado esta dependencia a un nivel cualitativamente diferente. Como ha señalado el almirante francés Pierre Vandier, máximo comandante de la OTAN para la Transformación, el debate europeo sobre la soberanía digital a menudo confunde varios problemas distintos: la dependencia de un único proveedor, la dependencia de infraestructuras no europeas y el control sobre los datos (3). Esta distinción es crucial para comprender las diferentes aproximaciones nacionales al fenómeno Palantir.

La Estrategia de Soberanía Tecnológica de la UE, actualizada en 2025, identifica la inteligencia artificial aplicada a la defensa como un área de actuación prioritaria. El documento subraya la necesidad de «reducir las dependencias estratégicas en tecnologías críticas y reforzar la autonomía de la UE en el ámbito de la seguridad y la defensa» (documento de trabajo interno). Sin embargo, la implementación de esta estrategia se enfrenta a obstáculos estructurales: la fragmentación de los esfuerzos nacionales, la insuficiencia de la inversión pública y privada, y la falta de una base industrial de defensa verdaderamente integrada a escala europea.

4.2. La dependencia crítica de Europa respecto a proveedores estadounidenses

La adopción del Maven Smart System por parte de la OTAN es la manifestación más reciente y emblemática de una dependencia crítica que afecta a múltiples capas del ecosistema tecnológico de defensa europeo. Esta dependencia no se limita al software de inteligencia artificial, sino que abarca infraestructuras de nube, componentes de hardware, sistemas de comunicaciones y servicios de ciberseguridad. La concentración de la oferta en manos de un reducido número de proveedores estadounidenses —Palantir, Microsoft, Amazon, Google— genera vulnerabilidades que van más allá de lo meramente técnico.

El argumento central de los críticos de la dependencia es que el control sobre los datos y los algoritmos confiere un poder estratégico que trasciende el mero suministro tecnológico. Quien controla la ontología —el marco semántico que organiza y da sentido a los datos— controla, en última instancia, la capacidad de una organización para comprender y actuar sobre su entorno (1). En el ámbito militar, esta capacidad es directamente proporcional a la efectividad operativa. La dependencia de un proveedor externo para esta función crítica implica, por tanto, una cesión de soberanía efectiva, independientemente de las garantías contractuales que pueda ofrecer el proveedor.

El contexto geopolítico de las relaciones transatlánticas añade una capa adicional de complejidad. La Administración Trump, con la que Palantir mantiene estrechos vínculos a través de su fundador Peter Thiel, ha sido percibida en Europa como impredecible y poco fiable en materia de seguridad (1). El temor a que la dependencia tecnológica pueda ser utilizada como instrumento de presión política —ya sea mediante la denegación de servicios, la extracción de datos o la imposición de condiciones— ha impulsado a varios gobiernos europeos a buscar alternativas a los proveedores estadounidenses. La cuestión del «kill switch» —la capacidad teórica de un proveedor para desactivar remotamente un sistema— se ha convertido en un símbolo de estos temores, aunque Palantir insiste en que el MSS no tiene tal funcionalidad (1).

La asimetría financiera entre la inversión estadounidense y europea en tecnologías de defensa basadas en IA es abismal. El contrato de Palantir con el Ejército de Estados Unidos asciende a 10.000 millones de dólares (6), mientras que Francia, el país europeo que más ha invertido en esta área, ha anunciado una partida de 655 millones de euros para inteligencia artificial en defensa (1). Esta disparidad de recursos se traduce en una disparidad de capacidades que difícilmente puede cerrarse en el corto plazo. Como reconoció el almirante Vandier, «hasta donde yo sé, hoy no hay un competidor real para Palantir» (3).

4.3. El factor geopolítico: relaciones transatlánticas en la era Trump

Las relaciones transatlánticas han atravesado una fase de notable tensión durante la segunda Administración Trump (2025-2029), caracterizada por un replanteamiento unilateral de los compromisos de seguridad de Estados Unidos con Europa. El anuncio del entonces presidente electo Trump de que consideraba un «distanciamiento» de la OTAN (10), aunque posteriormente matizado, generó una profunda inquietud en las capitales europeas y reactivó el debate sobre la autonomía estratégica del Viejo Continente.

En este contexto, la dependencia tecnológica de proveedores estadounidenses adquiere una dimensión geopolítica que trasciende la mera eficiencia operativa. La cuestión ya no es solo si un sistema funciona o no, sino quién controla sus palancas y qué uso podría hacer de ese control en un escenario de divergencia política. Los ejecutivos de Palantir han insistido en que el MSS desplegado en la OTAN es una «versión soberana» del software, sin puertas traseras ni kill switch, y que la Alianza tiene pleno control sobre el sistema (1). Sin embargo, los críticos argumentan que la dependencia de un proveedor estadounidense, por muy garantías que ofrezca, siempre conlleva un riesgo residual de injerencia o presión política.

El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha sido uno de los más explícitos en este debate. «Debemos utilizar nuestros propios modelos de IA; no podemos aceptar nuestras dependencias estratégicas en la esfera digital», declaró en sus redes sociales, añadiendo que «no podemos depender de herramientas desarrolladas por potencias extranjeras. Francia debe tener sus propias herramientas» (1). Estas declaraciones reflejan un sentimiento compartido por otros gobiernos europeos, aunque con distinto grado de intensidad y urgencia.

La decisión de España de vetar silenciosamente a Palantir en contratos y empresas públicas (2; 5) se inscribe en esta misma lógica, aunque con matices que la distinguen de la estrategia francesa. Mientras Francia ha optado por desarrollar alternativas nacionales (Arcadia, ChapsVision) y comunicar públicamente su decisión de reducir la dependencia, España ha actuado de manera más discreta, sin anuncios oficiales ni explicaciones públicas. Esta discreción puede interpretarse como un intento de conciliar la presión interna por la soberanía tecnológica con el mantenimiento de buenas relaciones con Estados Unidos y con la OTAN.

4.4. Posicionamientos nacionales divergentes: Francia, Países Bajos, Dinamarca y España

La respuesta europea a la hegemonía de Palantir es notablemente heterogénea, reflejando las diferentes tradiciones estratégicas, capacidades industriales y sensibilidades políticas de los Estados miembros. Esta fragmentación dificulta la articulación de una respuesta europea coordinada y consolida, paradójicamente, la posición de dominio de Palantir.

Francia ha adoptado la postura más proactiva y ambiciosa. El gobierno de Lecornu ha impulsado el desarrollo de Arcadia, un sistema de mando y control con IA desarrollado por un consorcio de empresas francesas (Mistral AI, Safran, Thales y Airbus), que fue desplegado en un ejercicio operativo de la OTAN en junio de 2026 (4). Paralelamente, la DGSI ha iniciado el proceso de sustitución de Palantir por ChapsVision, una alternativa nacional (5). Sin embargo, incluso en el caso francés, la transición es gradual: Palantir sigue siendo «orgullosos suministradores de Francia» y el contrato no ha sido cancelado (5). La estrategia francesa combina la inversión en alternativas propias con un mantenimiento cauteloso de las relaciones con el proveedor estadounidense.

Los Países Bajos se encuentran en una situación particularmente paradójica. El gobierno neerlandés ha manifestado su intención de dejar de utilizar Palantir en un plazo de dos años, buscando alternativas europeas (7). Sin embargo, el MSS está instalado en el JFC Brunssum en territorio neerlandés, y el Ministerio de Defensa holandés ha utilizado el sistema en el pasado y está considerando su uso futuro (1). Esta tensión entre la aspiración política y la realidad operativa, descrita por la prensa neerlandesa como una «spagaat» (tira y afloja) (7), ilustra la dificultad de conciliar los principios de soberanía tecnológica con las exigencias de la interoperabilidad aliada.

Dinamarca también estaría considerando reducir su dependencia de Palantir a medio plazo (1), aunque sin haber desarrollado aún alternativas nacionales propias. La posición danesa refleja una cautela pragmática: el país no ha anunciado medidas concretas ni ha establecido plazos para la transición, limitándose a manifestar su disposición a explorar opciones europeas.

Alemania, por su parte, ha optado por la agencia de inteligencia doméstica ChapsVision sobre Palantir, después de que el ministro digital, Karsten Wildberger, pidiera una alternativa europea para reducir la dependencia de la compañía estadounidense (9). El consejero delegado de Palantir, Alex Karp, desestimó la llamada del ministro, afirmando que no «entiende cómo Alemania cree que puede permitirse esto» (9). Este intercambio revela la tensión entre la urgencia operativa, defendida por Palantir, y las aspiraciones de soberanía tecnológica, defendidas por los gobiernos europeos.

España, como se analizará en detalle en la sección siguiente, ha adoptado una postura de veto silencioso. La decisión del gobierno de Moncloa de vetar a Palantir en contratos y empresas públicas (2; 5) no ha sido comunicada oficialmente, sino que ha llegado a través de fuentes de consejos de administración de empresas cotizadas (2). Esta opacidad contrasta con la transparencia de las decisiones francesas y alemanas, y sugiere una estrategia de reducción de la dependencia sin confrontación abierta con el aliado estadounidense.

La fragmentación de las respuestas europeas refleja una ausencia de coordinación a nivel de la Unión Europea. Mientras Francia apuesta por Arcadia, Alemania y los Países Bajos exploran opciones diversas, y España opta por un veto discreto, no existe una estrategia común que permita consolidar recursos, evitar duplicidades y presentar un frente unido frente a la hegemonía de Palantir. Esta fragmentación beneficia objetivamente a la compañía estadounidense, que puede negociar con cada Estado miembro desde una posición de fuerza, explotando las divisiones europeas y ofreciendo soluciones adaptadas a las necesidades de cada cliente.

La paradoja final de esta situación es que la propia OTAN, la organización que encarna la alianza militar transatlántica, se ha convertido en el vehículo principal de la dependencia tecnológica europea. Al adoptar el MSS como su sistema operativo, la Alianza ha institucionalizado una dependencia que los Estados miembros intentan reducir en sus ámbitos nacionales. Esta contradicción —que la organización de defensa colectiva de Europa profundice la dependencia tecnológica que sus miembros buscan superar— es una de las tensiones más significativas del actual panorama de seguridad europeo y constituye el núcleo del análisis que se desarrolla en las secciones siguientes.

5. El Caso Español: Moncloa y el Veto Silencioso a Palantir

5.1. Origen y naturaleza de la orden gubernamental: fuentes y alcance

El caso español constituye uno de los episodios más reveladores y, al mismo tiempo, más opacos de la creciente fractura europea en torno a Palantir. Según informaciones publicadas por El Confidencial el 1 y 2 de julio de 2026, el Gobierno de España, a través del complejo de La Moncloa, habría cursado una orden tácita de veto a la multinacional estadounidense en todos los contratos y organismos públicos (2; 5). La naturaleza de esta orden es particularmente significativa: no se trata de una disposición legal formal, ni de un decreto publicado en el Boletín Oficial del Estado, sino de una instrucción extraoficial transmitida a los consejos de administración de las principales empresas públicas y semipúblicas del país (2).

Las fuentes de esta información son, según los propios medios, miembros de varios consejos de administración de compañías cotizadas que han confirmado la existencia de la orden gubernamental (2). Estas fuentes señalan que el veto se habría transmitido de manera informal, sin constancia escrita, lo que dificulta su verificación documental pero no su efecto práctico sobre las decisiones de contratación de las empresas afectadas. Esta modalidad de actuación —la instrucción extraoficial— no es infrecuente en el ámbito de las empresas públicas y participadas, donde el Gobierno ejerce una influencia determinante sobre las decisiones estratégicas a través de sus representantes en los consejos de administración.

El alcance de la orden es amplio y afecta a todo el entramado de empresas públicas y organismos dependientes del Estado. Las fuentes consultadas por El Confidencial indican que la instrucción ha llegado a los representantes del Gobierno en los consejos de administración de las principales empresas participadas, con el mandato explícito de evitar cualquier nueva contratación con Palantir y de no renovar los contratos existentes (2). Esta decisión no ha sido comunicada oficialmente por el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Transformación Digital o la Vicepresidencia del Gobierno, lo que añade una capa adicional de opacidad a una medida de gran relevancia estratégica.

La opacidad de la decisión española contrasta con la transparencia de los anuncios franceses y alemanes. Mientras que el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, anunció públicamente que los servicios de inteligencia dejarían de utilizar las herramientas de Palantir para optar por la alternativa nacional ChapsVision (5), el Gobierno español ha optado por el silencio institucional y la instrucción extraoficial. Esta diferencia en la estrategia comunicativa puede responder a varios factores: la voluntad de no confrontar abiertamente con Estados Unidos, la necesidad de mantener una apariencia de unidad en el seno de la OTAN, o la conveniencia política de no hacer pública una decisión que podría generar controversia interna.

5.2. Empresas afectadas: Telefónica, Indra, Navantia y el ecosistema de defensa

Las empresas afectadas por el veto español abarcan un espectro amplio del tejido industrial y tecnológico del país, con especial incidencia en el sector de la defensa, las telecomunicaciones y la consultoría tecnológica. Según las informaciones disponibles, la orden gubernamental afectaría a las siguientes entidades (2; 5):

  • Indra: el principal grupo tecnológico español de defensa y seguridad, con una amplia presencia en sistemas de mando y control, simulación, ciberseguridad y gestión de datos. Indra ha sido tradicionalmente un socio estratégico del Ministerio de Defensa y ha participado en numerosos proyectos de digitalización de las Fuerzas Armadas. El veto a Palantir en Indra implica que la empresa deberá buscar alternativas para los sistemas de integración de datos que hasta ahora podía haber considerado adquirir de la multinacional estadounidense.

  • Navantia: el astillero público español, especializado en la construcción de buques militares y sistemas navales. Navantia desarrolla sistemas de combate y gestión de datos para la Armada Española, áreas en las que la integración de información procedente de múltiples sensores y plataformas es crítica. El veto afecta a la capacidad de Navantia para incorporar soluciones de inteligencia artificial en sus sistemas navales.

  • Telefónica: la principal operadora de telecomunicaciones de España, con una presencia global y una participación significativa del Estado a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Telefónica ha sido proveedora de servicios de comunicaciones y nube para el sector público español, y su veto a Palantir implica que no podrá ofrecer soluciones basadas en la tecnología de la compañía estadounidense en sus contratos con la Administración.

  • GMV y otras empresas tecnológicas: el veto se extiende a otras empresas del sector de la defensa y la tecnología, como GMV, que participan en proyectos de digitalización y sistemas de información para las Fuerzas Armadas. También afectaría a empresas consultoras y de servicios tecnológicos que trabajan para la Administración.

La afectación de Indra y Navantia es particularmente significativa, ya que ambas empresas constituyen el núcleo de la industria de defensa española y participan en programas europeos de cooperación industrial. El veto a Palantir en estos dos gigantes industriales no es solo una decisión de contratación, sino una declaración de principios sobre la estrategia tecnológica de defensa del país.

5.3. Motivaciones declaradas y subyacentes: seguridad nacional, soberanía y presión política

Las motivaciones del veto español a Palantir son múltiples y no han sido comunicadas oficialmente por el Gobierno. El análisis de las fuentes disponibles y del contexto político permite identificar varias capas de razones, que van desde las declaradas oficiosamente hasta las subyacentes y estratégicas.

En primer lugar, el argumento de la seguridad de los datos es central. La preocupación por que un proveedor estadounidense pueda tener acceso a información sensible de defensa y seguridad nacional ha sido esgrimida en los debates parlamentarios y en las declaraciones de fuentes gubernamentales. Aunque el Ministerio de Defensa aseguró en sus respuestas a preguntas parlamentarias que Palantir «no tiene acceso a datos de ciudadanos españoles» (1), los críticos argumentan que la dependencia de un sistema estadounidense implica siempre un riesgo de filtración, ya sea por vulnerabilidades técnicas, por presiones legales de las autoridades estadounidenses (como la Cláusula CLOUD) o por decisiones unilaterales de la propia compañía. El temor a que la información estratégica española pueda ser objeto de injerencia extranjera es un motivo poderoso para el veto.

En segundo lugar, la soberanía tecnológica constituye un argumento de peso. El veto se inscribe en la tendencia europea de reducir la dependencia de proveedores estadounidenses en tecnologías críticas (5). La decisión española se alinea con las de Francia, Alemania, Países Bajos y Dinamarca, aunque con la diferencia de la opacidad en su comunicación. El objetivo declarado es dotarse de capacidades propias o, al menos, diversificar los proveedores para evitar la dependencia de un único suministrador extranjero.

En tercer lugar, factores políticos internos pueden haber influido en la decisión. El Gobierno español, liderado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y con el apoyo de formaciones de izquierda y nacionalistas, mantiene una retórica crítica con la Administración Trump y con las grandes tecnológicas estadounidenses, a las que acusa de prácticas monopolísticas y de vulnerar la privacidad de los ciudadanos. El veto a Palantir puede interpretarse como un gesto político hacia estos socios de gobierno, que han presionado por una mayor regulación de las plataformas digitales y por una reducción de la dependencia de Estados Unidos.

En cuarto lugar, motivaciones económicas e industriales no pueden descartarse. El veto a Palantir abre espacio para que empresas españolas y europeas —como Indra, GMV, o las francesas ChapsVision y Thales— desarrollen y ofrezcan soluciones alternativas, lo que podría impulsar la industria tecnológica nacional y generar empleo cualificado. Esta lógica de sustitución de importaciones tecnológicas es común en las políticas industriales de defensa y ha sido utilizada por Francia y Alemania para justificar sus decisiones similares.

Sin embargo, la presión política de Estados Unidos también debe ser considerada como un factor que podría contrarrestar el veto. La Administración Trump ha mostrado una sensibilidad particular hacia las decisiones de los aliados que afectan a empresas estadounidenses, y no es improbable que haya transmitido su descontento a través de canales diplomáticos. La opacidad del veto español podría interpretarse como una estrategia para evitar una confrontación directa con Washington, manteniendo la posibilidad de una retirada discreta si la presión se intensifica.

5.4. La posición ambivalente del Ministerio de Defensa: contradicciones y matices

Uno de los aspectos más intrigantes del caso español es la aparente contradicción entre el veto gubernamental y la posición del Ministerio de Defensa. Según informaciones recogidas por El Confidencial y otros medios, el Ministerio de Defensa había respondido a preguntas parlamentarias sobre Palantir asegurando que la compañía «no tiene acceso a datos de ciudadanos españoles» y que el uso de sus herramientas se limitaba a aplicaciones específicas con garantías de seguridad (1). Estas respuestas parecían transmitir tranquilidad sobre la relación con Palantir y no anticipaban el veto posterior.

Esta ambivalencia puede explicarse de varias maneras. En primer lugar, el veto puede haber sido una decisión posterior a las respuestas parlamentarias, tomada por el núcleo del Gobierno (La Moncloa) sin la participación del Ministerio de Defensa, o con su oposición. Las tensiones entre los distintos departamentos ministeriales sobre cuestiones estratégicas no son infrecuentes, y en este caso podría haber existido un desacuerdo entre el Ministerio de Defensa, más inclinado a valorar la eficiencia operativa y la interoperabilidad con la OTAN, y la Vicepresidencia o el Ministerio de Transformación Digital, más atentos a la soberanía tecnológica y a la presión de los socios de gobierno.

En segundo lugar, es posible que el Ministerio de Defensa mantenga una posición ambivalente respecto a Palantir, reconociendo su valor operativo pero aceptando la decisión política de reducir la dependencia. El propio ministerio ha participado en conversaciones con Palantir para la adquisición de sistemas, como ha reconocido la propia compañía (5), lo que sugiere que el veto no es absoluto ni unánime dentro del Gobierno. La dualidad entre la valoración técnica positiva y la decisión política negativa es característica de los debates sobre soberanía tecnológica en todo el continente.

En tercer lugar, la opacidad del veto permite al Gobierno mantener un discurso dual: ante la opinión pública y los socios de gobierno, puede presentar una imagen de firmeza en la defensa de la soberanía tecnológica; ante los aliados estadounidenses y la OTAN, puede mantener abierta la posibilidad de una relación continuada con Palantir, negando la existencia de un veto formal. Esta estrategia de «doble lenguaje» es común en la política internacional cuando se manejan asuntos sensibles que afectan a relaciones con aliados.

Las contradicciones en la posición española son sintomáticas de un dilema más amplio que enfrentan todos los Estados europeos. Por un lado, la necesidad de interoperar con la OTAN y con el Ejército de Estados Unidos, que ya utilizan el MSS de Palantir, exige una cierta compatibilidad tecnológica. Por otro lado, la aspiración a la soberanía tecnológica y la desconfianza hacia los proveedores estadounidenses impulsan la búsqueda de alternativas. El caso español muestra cómo este dilema se resuelve mediante soluciones pragmáticas y opacas que tratan de conciliar tensiones irreductibles.

La posición española, en su ambivalencia, refleja la situación de la mayoría de los Estados europeos: ninguno quiere romper abiertamente con Palantir, porque el sistema funciona y no hay alternativas inmediatas; pero todos quieren reducir su dependencia, porque el riesgo geopolítico es demasiado alto. El veto español es, en este sentido, una medida de precaución más que una ruptura definitiva. Como ha señalado un analista, «Palantir ha ganado la batalla tecnológica pero está perdiendo la guerra política» (1). Y en esta guerra política, España está librando su propia batalla, en silencio y sin estridencias, pero con determinación.

6. Dimensiones Legales, Éticas y de Protección de Datos

6.1. Marco normativo aplicable: GDPR, Directiva de Protección de Datos en el Ámbito de la Ley y su proyección sobre sistemas de defensa

El uso de sistemas de inteligencia artificial y análisis de datos en el ámbito de la defensa y la seguridad plantea complejas cuestiones jurídicas que afectan a múltiples capas del ordenamiento europeo e internacional. El marco normativo de referencia en la Unión Europea está compuesto por el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR, Reglamento (UE) 2016/679) y la Directiva (UE) 2016/680, relativa a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales por parte de las autoridades competentes para fines de prevención, investigación, detección o enjuiciamiento de infracciones penales o de ejecución de sanciones penales (la «Directiva de Protección de Datos en el Ámbito de la Ley») (15).

Sin embargo, la aplicación de estos instrumentos al ámbito de la defensa y la seguridad nacional presenta importantes limitaciones. La Directiva 95/46/CE —predecesora del GDPR— ya establecía que no se aplicaba al tratamiento de datos en el ámbito de la seguridad pública, la defensa, la seguridad del Estado y las actividades del Estado en el ámbito penal. Esta exclusión se ha mantenido en el GDPR, cuyo artículo 2.2.d) dispone que el Reglamento no se aplica al tratamiento de datos personales «en el marco de actividades que no estén comprendidas en el ámbito de aplicación del Derecho de la Unión», incluyendo las actividades relativas a la seguridad nacional (15). La Directiva (UE) 2016/680, por su parte, excluye expresamente de su ámbito de aplicación las actividades relativas a la seguridad nacional (15).

Esta exclusión normativa tiene consecuencias trascendentales para el análisis jurídico del uso de Palantir en el ámbito de la defensa. Los datos personales procesados por el MSS en el contexto de operaciones militares de la OTAN —imágenes de satélite que pueden identificar a personas, comunicaciones interceptadas, datos de localización de combatientes o civiles— quedan, en gran medida, fuera del alcance de las garantías sustantivas y procedimentales del GDPR y de la Directiva de Protección de Datos en el Ámbito de la Ley (15). Esta laguna normativa no es, sin embargo, un vacío legal absoluto: los Estados miembros están sujetos a sus propias constituciones y leyes nacionales, y la UE ha desarrollado instrumentos específicos para la protección de datos clasificados, como la Decisión 2011/292/UE de la Comisión, sobre normas de seguridad para la información clasificada de la UE.

La ausencia de un marco normativo europeo uniforme para el tratamiento de datos personales en el ámbito de la defensa crea un espacio de incertidumbre jurídica que los críticos de Palantir han aprovechado para plantear alegaciones de vulneración de derechos fundamentales (15). Como ha señalado un análisis reciente, el uso de software de análisis de datos a gran escala en los ámbitos de la seguridad y la defensa plantea preocupaciones en materia de protección de datos personales y puede crear situaciones de dependencia tecnológica de proveedores externos (15).

6.2. Alegaciones de vulneración de derechos fundamentales en peticiones ante el Parlamento Europeo

La preocupación por el uso de las herramientas de Palantir ha trascendido el ámbito académico y político para llegar a las instituciones europeas a través del mecanismo de peticiones ciudadanas. La Petición nº 1566/2025, presentada por Felix Schuler ante el Parlamento Europeo, constituye el ejemplo más relevante de esta movilización ciudadana (15). El peticionario solicita al Parlamento Europeo y a la Comisión Europea que introduzcan una prohibición a escala de la UE del uso del software de Palantir Technologies por parte de los servicios policiales, de inteligencia y otras autoridades públicas (15).

Los argumentos del peticionario son de gran calado jurídico. Sostiene que los sistemas de análisis de datos de Palantir «pueden infringir los derechos fundamentales consagrados en la Carta de la UE, el GDPR y la Directiva de Protección de Datos en el Ámbito de la Ley, en particular en lo que respecta a la protección de datos, la transparencia y la limitación de la finalidad» (15). El peticionario también plantea preocupaciones sobre «la libertad de los medios de comunicación, la soberanía de los datos y el posible acceso extranjero a los datos de los ciudadanos de la UE debido a los vínculos de Palantir con la inteligencia estadounidense» (15).

Además, la petición señala «los riesgos de militarización de la vigilancia, las cuestiones éticas relacionadas con el liderazgo de la empresa y la posibilidad de un bloqueo tecnológico que socave la autonomía digital de la UE» (15). El peticionario solicita «la suspensión de los contratos existentes, una prohibición de futuras adquisiciones, auditorías del software actual de las fuerzas del orden y la creación de un grupo de trabajo de la UE para promover alternativas seguras y respetuosas con los derechos» (15).

La Petición nº 1566/2025 no es un caso aislado. Existen peticiones similares en otros idiomas que abordan las mismas preocupaciones (15). Estas peticiones reflejan un creciente malestar ciudadano ante la percepción de que las tecnologías de vigilancia y análisis de datos desarrolladas por empresas privadas —especialmente aquellas con vínculos estrechos con el complejo militar-industrial estadounidense— operan en un vacío de control democrático y supervisión judicial.

La Pregunta Parlamentaria E-002035/2026, formulada por varios eurodiputados, añade una dimensión adicional al debate (10). El texto de la pregunta «confirma la imagen de una empresa que prioriza los intereses y la supremacía militar de Estados Unidos sobre los principios democráticos y la soberanía de datos de otras naciones» (10). En el Reino Unido, los parlamentarios han declarado que el manifiesto de Alex Karp demuestra que Palantir es «fundamentalmente inadecuada para manejar los datos sensibles de los ciudadanos» (17).

6.3. Casos de uso controvertido: control migratorio en EE. UU., operaciones en Gaza y abusos de derechos humanos

La controversia en torno a Palantir no se limita a consideraciones abstractas sobre soberanía tecnológica o protección de datos. La compañía ha sido objeto de críticas contundentes por su participación en operaciones que, según numerosas organizaciones de derechos humanos, constituyen violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos fundamentales (16; 17; 18).

El uso de las herramientas de Palantir por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) ha sido particularmente controvertido. Desde 2013, Palantir ha proporcionado a ICE sistemas como FALCON y Investigative Case Management (ICM), utilizados en redadas en lugares de trabajo (16). Más recientemente, la compañía ha desarrollado una herramienta llamada ELITE, que permite a los agentes de ICE «poblar un mapa con posibles objetivos de deportación», generando «expedientes con 'puntuaciones de confianza' de direcciones a partir de datos gubernamentales y comerciales» (16). La Electronic Frontier Foundation (EFF) ha calificado la decisión de Palantir de seguir respaldando a ICE con herramientas utilizadas en «redadas masivas y detenciones discriminatorias» como «indefendible» a la luz de los propios compromisos de derechos humanos de la compañía (16).

El uso de la tecnología de Palantir por parte de las fuerzas armadas israelíes en la Franja de Gaza ha generado una condena aún más severa. Según Amnesty International, «las herramientas de Palantir están siendo utilizadas por el ejército israelí mientras cometen genocidio contra los palestinos en la Gaza ocupada» (17). La organización ha señalado que la misma compañía «suministra a ICE tecnología de vigilancia utilizada para rastrear y detener a migrantes en Estados Unidos» (17). Estas no son, subraya Amnesty, «controversias abstractas» sino «violaciones en curso del derecho internacional» (17).

La campaña de la sociedad civil contra Palantir ha alcanzado también al sistema sanitario británico. En 2023, NHS England adjudicó a Palantir un contrato de 330 millones de libras para proporcionar una nueva plataforma de datos, un contrato que debe renovarse en febrero de 2027 (18). Amnesty International ha instado al gobierno de Irlanda del Norte a bloquear cualquier implicación de Palantir en el sistema sanitario local, argumentando que «Palantir es una empresa vinculada a una serie de abusos de los derechos humanos, incluido el genocidio en Gaza y la violación de los derechos de los migrantes en Estados Unidos, y tiene un historial de desprecio por el derecho internacional y las normas» (18).

Estos casos de uso controvertido tienen una relevancia directa para el debate sobre la adopción del MSS por parte de la OTAN y el veto español. Para los críticos, la participación de Palantir en operaciones militarmente agresivas y en políticas migratorias draconianas no es un hecho incidental, sino un reflejo de la cultura corporativa y de la orientación estratégica de la compañía (16; 17). La cercanía de sus fundadores, Peter Thiel y Alex Karp, a la Administración Trump y el manifiesto de Karp en el que loaba las bondades del poder americano y daba a entender que hay culturas inferiores a otras (1) han alimentado la percepción de que Palantir no es un mero proveedor tecnológico neutral, sino un actor con una agenda política propia.

6.4. La cuestión del «kill switch»: análisis de las afirmaciones de Palantir sobre ausencia de puertas traseras

Una de las cuestiones técnicas y legales más sensibles en el debate sobre la adopción del MSS es la existencia o inexistencia de mecanismos que permitan al proveedor —Palantir— desactivar, limitar o acceder remotamente al sistema desplegado en la OTAN. Los ejecutivos de la compañía han insistido repetidamente en que el MSS no tiene un «kill switch» ni «puertas traseras» que permitan a Palantir o al gobierno estadounidense interferir en su funcionamiento (1).

Louis Mosley, vicepresidente ejecutivo de Palantir UK & Europe, ha sido especialmente explícito en este punto. «Lo que tiene ahora la OTAN, y todos nuestros clientes militares en Europa, es su propia versión soberana del software. No hay un kill switch (botón de apagado), no hay ninguna puerta trasera. Nadie puede borrar nada en Estados Unidos y no se puede revocar esa capacidad de las redes en las que ha sido desplegado el software, porque están controladas y aseguradas por la OTAN, que tiene pleno control sobre el software» (1). Mosley ha utilizado la analogía de Microsoft Word: «puedes escribir lo que sea en Word, pero Microsoft no tiene acceso, ni puede leer lo que hay en ese archivo. Palantir tiene la misma relación con sus clientes» (1).

Desde una perspectiva técnica, la afirmación de Palantir es plausible en la medida en que el MSS se despliega en infraestructuras controladas por la OTAN, y no en la nube de Palantir o de terceros proveedores (8). La acreditación de seguridad completa para su uso en redes clasificadas de la OTAN, otorgada por la Junta de Acreditación de Seguridad de la OTAN (8), respalda la tesis de que el sistema cumple con los más altos estándares de seguridad y que no existen vulnerabilidades deliberadas.

Sin embargo, los críticos han planteado objeciones a esta interpretación. En primer lugar, la ausencia de un «kill switch» técnico no elimina la dependencia estratégica. Palantir mantiene el control sobre el código fuente, los algoritmos de inteligencia artificial, las actualizaciones y el mantenimiento del sistema. Una decisión unilateral de la compañía de dejar de dar soporte al MSS, de modificar las condiciones de la licencia o de introducir cambios en el software que afecten a su funcionamiento podría tener un impacto devastador sobre las capacidades operativas de la OTAN (10). Esta dependencia de mantenimiento y actualización es, en la práctica, una forma de «kill switch» blando, aunque no exista un botón de apagado físico.

En segundo lugar, la legislación estadounidense puede imponer obligaciones a Palantir que prevalezcan sobre sus compromisos contractuales con la OTAN. La Cláusula CLOUD (Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act) de 2018 autoriza a las autoridades estadounidenses a requerir a proveedores de servicios electrónicos la entrega de datos almacenados en servidores en el extranjero, siempre que el proveedor tenga «posesión, custodia o control» de los datos (15). Aunque Palantir afirma que no tiene acceso a los datos procesados por el MSS, la interpretación de la «posesión, custodia o control» en el contexto de un software como servicio (SaaS) no está exenta de ambigüedad jurídica (10). La Pregunta Parlamentaria E-002035/2026 plantea explícitamente esta preocupación, señalando el riesgo de que datos de la UE se filtren a autoridades de EE. UU. a través de la Cláusula CLOUD (10).

En tercer lugar, la confianza en la ausencia de puertas traseras depende, en última instancia, de la buena fe de Palantir y de la capacidad de la OTAN para auditar el código fuente del sistema. La acreditación de seguridad de la OTAN incluye auditorías del código y revisiones de seguridad, pero los críticos argumentan que la complejidad del software y su continua evolución dificultan una verificación exhaustiva (8). La opacidad que caracteriza a la compañía —que «opera en la máxima discreción» (1)— no contribuye a disipar estas dudas.

6.5. Soberanía de datos vs. acceso gubernamental extranjero: el riesgo de la Cláusula CLOUD y la legislación estadounidense

La cuestión de la soberanía de los datos —es decir, la capacidad de un Estado para ejercer control efectivo sobre la información generada y almacenada en su territorio o por sus instituciones— se ha convertido en uno de los ejes centrales del debate sobre la dependencia tecnológica de proveedores extranjeros. En el caso de Palantir y el MSS, esta cuestión adquiere una dimensión particularmente aguda por la aplicación potencial de la legislación estadounidense a los datos procesados por el sistema (10; 15).

La Cláusula CLOUD, aprobada en 2018, representa un cambio paradigmático en el derecho estadounidense en materia de acceso a datos extraterritoriales (10). Antes de su aprobación, el gobierno de EE. UU. solo podía requerir la entrega de datos almacenados en servidores ubicados en territorio estadounidense. La Cláusula CLOUD extendió esta capacidad a datos almacenados en el extranjero, siempre que el proveedor tenga «posesión, custodia o control» de los mismos (10). Esta disposición, diseñada inicialmente para facilitar la investigación criminal y la lucha contra el terrorismo, tiene implicaciones directas para los proveedores de servicios tecnológicos como Palantir (15).

El riesgo teórico es que, en virtud de la Cláusula CLOUD, las autoridades estadounidenses puedan requerir a Palantir la entrega de información relacionada con el MSS —ya sea el código fuente, los algoritmos, los registros de uso o, en un escenario extremo, los propios datos procesados— aduciendo que la compañía tiene «control» sobre el sistema (10). Palantir ha negado reiteradamente que tenga acceso a los datos de sus clientes, y la OTAN ha confirmado que el sistema se despliega en infraestructuras aliadas sin acceso de la compañía a los datos (1; 8). Sin embargo, la definición jurídica de «control» no es idéntica a la definición técnica, y un tribunal estadounidense podría interpretar que la capacidad de Palantir para actualizar, mantener y modificar el software constituye una forma de control suficiente para activar la Cláusula CLOUD (10).

Los ejecutivos de Palantir han intentado disipar estas preocupaciones mediante la analogía con Microsoft Word: «puedes escribir lo que sea en Word, pero Microsoft no tiene acceso, ni puede leer lo que hay en ese archivo» (1). Sin embargo, la analogía no es perfecta. Microsoft Word es un software de procesamiento de textos que se ejecuta localmente en el ordenador del usuario; el MSS es una plataforma en la nube con múltiples capas de integración y actualización continua. La distinción entre software local y software como servicio (SaaS) es crucial en este contexto, ya que las plataformas SaaS implican un mayor grado de interacción y dependencia del proveedor, lo que podría influir en la interpretación judicial de la «posesión, custodia o control» (10).

La Pregunta Parlamentaria E-002035/2026 formula explícitamente esta preocupación: «¿Puede la Comisión confirmar si ha evaluado los riesgos de que los datos de la UE almacenados o procesados por Palantir —incluso a través de la OTAN— puedan ser objeto de solicitudes de las autoridades estadounidenses en virtud de la Cláusula CLOUD u otras leyes estadounidenses?» (10). Esta pregunta, que refleja una inquietud compartida por varios eurodiputados, no ha recibido una respuesta satisfactoria que disipe completamente los temores (10).

Desde la perspectiva de la soberanía tecnológica, el riesgo de acceso gubernamental extranjero a los datos europeos constituye un argumento central para quienes abogan por la reducción de la dependencia de Palantir. Incluso si el riesgo es remoto o meramente teórico, la mera existencia de la posibilidad socava la confianza en la integridad del sistema y alimenta las dudas sobre la autonomía estratégica de Europa (1; 5). Esta percepción de riesgo, más que la realidad técnica, es la que ha impulsado las decisiones de Francia, Alemania, Países Bajos, Dinamarca y España de buscar alternativas a Palantir, aunque el proceso sea gradual y la transición se prolongue durante años (2; 5).

La cuestión jurídica, en definitiva, no se resuelve con garantías técnicas de que Palantir no tiene acceso a los datos. El verdadero problema es la dependencia estratégica de un proveedor estadounidense en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes (10; 15). Como ha señalado un analista, «el hecho de que no haya un kill switch técnico no significa que no haya un kill switch geopolítico» (1). Y en la geopolítica actual, donde las relaciones transatlánticas atraviesan momentos de incertidumbre, este riesgo es percibido por los gobiernos europeos como demasiado alto para ignorarlo.

7. Alternativas Europeas: Realidades, Limitaciones y Perspectivas

7.1. ChapsVision: la apuesta francesa y su despliegue en la DGSI

Entre las alternativas europeas a Palantir, la empresa francesa ChapsVision ha logrado el avance más significativo en términos de contratación pública y reconocimiento institucional. Fundada en 2019, ChapsVision se presenta como una alternativa soberana a Palantir, especializada en la integración y análisis de grandes volúmenes de datos procedentes de múltiples fuentes, con un enfoque particular en los sectores de la defensa, la seguridad y la inteligencia (5). La compañía ha conseguido posicionarse como el principal competidor europeo de Palantir en el ámbito de la inteligencia doméstica, gracias a una combinación de factores que incluyen su capital íntegramente europeo, su despliegue en infraestructuras propias y su compromiso con los estándares de protección de datos de la UE (14).

El hito más relevante de ChapsVision ha sido su selección para reemplazar progresivamente a Palantir en la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) de Francia, el principal servicio de inteligencia doméstica del país (5; 14). La decisión, anunciada por el primer ministro Sébastien Lecornu, forma parte de una estrategia más amplia de soberanía tecnológica que busca reducir la dependencia de proveedores estadounidenses en áreas críticas para la seguridad nacional (5). La DGSI ya había otorgado a ChapsVision un contrato inicial en 2024, y la decisión de 2026 consolida esta relación y acelera la transición hacia una infraestructura de inteligencia completamente nacional (14).

Las fortalezas de ChapsVision frente a Palantir son notables en varios aspectos. En primer lugar, la compañía está «100% en manos europeas» y sus servidores se encuentran desplegados en suelo francés, lo que garantiza que los datos procesados no salgan del territorio nacional y no estén sujetos a legislación extranjera (14). En segundo lugar, ChapsVision ha desarrollado su tecnología desde cero para cumplir con los más estrictos estándares de protección de datos de la UE, lo que contrasta con la trayectoria de Palantir, marcada por controversias en materia de privacidad y derechos humanos (5; 14). En tercer lugar, la empresa ha demostrado una capacidad de crecimiento significativa: en 2025 reportó ingresos de 232 millones de dólares, frente a una tendencia a la baja en la facturación de Palantir en Europa (5). Esta dinámica de crecimiento refleja la confianza de los gobiernos europeos en la alternativa nacional.

Sin embargo, la comparación de escalas entre ChapsVision y Palantir revela una asimetría sustancial. Palantir, valorada en aproximadamente 250.000 millones de euros (1), tiene unos ingresos anuales (4.500 millones de dólares) que multiplican por veinte los de ChapsVision (5). Esta disparidad financiera se traduce en diferencias en capacidad de inversión en I+D, alcance global y profundidad de la cartera de productos. ChapsVision es, en este sentido, una alternativa viable para aplicaciones específicas de inteligencia y seguridad doméstica, pero no puede competir en igualdad de condiciones con Palantir en el ámbito de las operaciones militares a gran escala que requiere la OTAN (5; 14).

7.2. Arcadia: el sistema de IA de batalla francés y sus pruebas en ejercicios de la OTAN

La iniciativa más ambiciosa de Europa para desarrollar una alternativa al Maven Smart System de Palantir es Arcadia, un sistema de mando y control con inteligencia artificial desarrollado por un consorcio de empresas francesas integrado por Mistral AI, Safran, Thales y Airbus (4). Arcadia ha sido concebido específicamente para ofrecer una alternativa soberana al MSS en el ámbito de las operaciones militares, con el objetivo de reducir la dependencia de Europa de la tecnología estadounidense (4).

El primer despliegue operativo de Arcadia tuvo lugar durante el ejercicio Coalition Warrior Interoperability de la OTAN, celebrado en Polonia del 8 al 26 de junio de 2026 (4). Este ejercicio, diseñado específicamente para probar la interoperabilidad de los sistemas de mando y control de los aliados, ofreció a Francia la oportunidad de validar su alternativa soberana en un entorno operativo real y bajo las condiciones exigentes de un ejercicio de la Alianza (4). Arcadia está concebido para cumplir con los estándares de interoperabilidad de la OTAN (FMN) y está trabajando hacia la certificación oficial por parte de la Alianza (4).

Las capacidades de Arcadia son comparables, en sus líneas generales, a las del MSS de Palantir. El sistema está diseñado para integrar datos de múltiples fuentes, aplicar capas de inteligencia artificial para el análisis y la toma de decisiones, y ofrecer a los comandantes una comprensión situacional en tiempo real del campo de batalla (4). La participación de Mistral AI, la principal empresa europea de inteligencia artificial generativa, aporta una capacidad de procesamiento de lenguaje natural y de modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM) que sitúa a Arcadia en la vanguardia tecnológica europea (4).

Sin embargo, la comparación entre Arcadia y el MSS revela diferencias sustanciales en términos de madurez operativa, escala de inversión y despliegue. Mientras que el MSS de Palantir lleva años en funcionamiento en teatros de guerra reales —Ucrania, Irán— y ha sido probado en condiciones de combate de alta intensidad, Arcadia se encuentra todavía en fase de pruebas y ejercicios (4). La brecha de inversión es igualmente significativa: el contrato de Palantir con el Ejército de EE. UU. asciende a 10.000 millones de dólares (6), mientras que Francia ha anunciado una inversión total de 655 millones de euros para inteligencia artificial en defensa, que incluye pero no se limita a Arcadia (1). Esta asimetría financiera se traduce en una asimetría de capacidades que difícilmente puede cerrarse en el corto plazo.

La pregunta clave que se plantea es si Arcadia podrá escalar desde su fase de pruebas hasta convertirse en un sistema operativo para la OTAN equivalente al MSS. La respuesta de los expertos es cautelosa. El almirante Pierre Vandier, máximo comandante de la OTAN para la Transformación, ha reconocido que «hasta donde yo sé, hoy no hay un competidor real para Palantir» y que quienes buscan alternativas deben demostrar que pueden ofrecer soluciones equivalentes «en cuestión de meses, años, y no una década» (3). Esta afirmación refleja la percepción generalizada en los mandos aliados de que, por muy prometedor que sea Arcadia, su madurez operativa está todavía lejos de la que ha alcanzado el MSS (3).

7.3. Iniciativas de los Países Bajos y Dinamarca: aproximaciones nacionales

Más allá de las iniciativas francesas, otros Estados europeos han manifestado su intención de reducir su dependencia de Palantir, aunque sin haber desarrollado aún alternativas nacionales con el nivel de sofisticación de Arcadia o ChapsVision (1). Los Países Bajos y Dinamarca son los casos más relevantes de esta aproximación cautelosa a la soberanía tecnológica.

A diferencia de Francia, ni los Países Bajos ni Dinamarca han articulado todavía una alternativa nacional propia con el grado de madurez de Arcadia o ChapsVision. El gobierno neerlandés se ha limitado a fijar el horizonte de dos años para reducir su dependencia de Palantir, sin concretar plazos intermedios ni un proveedor sustitutivo, una indefinición que resulta tanto más significativa cuanto que el propio territorio holandés alberga el Mando Conjunto de Brunssum, uno de los nodos operativos del MSS (7). Dinamarca, por su parte, se mantiene en una fase exploratoria, sin compromisos formales ni calendario público. Ambas posiciones ilustran una estrategia de transición gradual y pragmática, que prioriza la continuidad operativa sobre la afirmación inmediata de principios de soberanía (7).

Dinamarca también estaría considerando reducir su dependencia de Palantir a medio plazo, aunque sin haber desarrollado aún alternativas nacionales propias (1). La posición danesa refleja una cautela pragmática similar a la neerlandesa: el país no ha anunciado medidas concretas ni ha establecido plazos para la transición, limitándose a manifestar su disposición a explorar opciones europeas. Esta aproximación, que podríamos calificar de «expectante», es compartida por otros Estados miembros que observan los desarrollos franceses y alemanes antes de comprometerse con una estrategia propia (1).

La fragmentación de las aproximaciones nacionales —Francia con Arcadia y ChapsVision, Alemania con ChapsVision, Países Bajos y Dinamarca con posiciones expectantes, España con un veto silencioso— refleja la ausencia de una estrategia coordinada a nivel de la Unión Europea (1; 5; 7). Esta fragmentación beneficia objetivamente a Palantir, que puede negociar con cada Estado miembro desde una posición de fuerza, explotando las divisiones europeas y ofreciendo soluciones adaptadas a las necesidades de cada cliente (1). La falta de una iniciativa paneuropea que consolide recursos, evite duplicidades y presente un frente unido frente a la hegemonía de Palantir es, quizás, el principal obstáculo para el desarrollo de una alternativa europea creíble.

7.4. Brecha de inversión: comparativa de recursos destinados a I+D en defensa y ciberseguridad

La asimetría entre la capacidad de inversión de Estados Unidos y la de Europa en tecnologías de defensa basadas en inteligencia artificial es uno de los factores estructurales que explican la hegemonía de Palantir y la dificultad de desarrollar alternativas europeas creíbles. La magnitud de esta brecha es abismal y difícilmente puede cerrarse en el corto plazo.

El contrato de Palantir con el Ejército de Estados Unidos, firmado en agosto de 2025, asciende a 10.000 millones de dólares para la próxima década (6). Este monto, que representa el mayor contrato de la historia de la compañía, supera con creces la inversión total que cualquier país europeo ha destinado a inteligencia artificial para defensa (6). Francia, el país europeo que más ha invertido en esta área, ha anunciado una partida de 655 millones de euros para inteligencia artificial en defensa, que cubre no solo Arcadia sino también otras iniciativas (1). La proporción entre la inversión estadounidense y la francesa es de aproximadamente 15 a 1, una disparidad que refleja la diferente escala de los presupuestos de defensa y las diferentes prioridades estratégicas.

Esta brecha de inversión tiene consecuencias directas sobre la capacidad de Europa para desarrollar alternativas al MSS. El desarrollo de sistemas de inteligencia artificial para defensa requiere no solo capital para I+D, sino también acceso a datos masivos, infraestructura de cómputo, talento altamente cualificado y, sobre todo, tiempo para probar y perfeccionar los sistemas en entornos operativos reales (1). Palantir ha tenido dos décadas para desarrollar su software y ha podido probarlo y refinarlo en conflictos reales como Ucrania e Irán (1; 2). Las alternativas europeas, por el contrario, parten de una posición de desventaja estructural que no puede compensarse únicamente con inversión financiera, por muy generosa que sea.

La fragmentación de la inversión europea agrava el problema. En lugar de una iniciativa paneuropea con un presupuesto ambicioso, Europa cuenta con múltiples iniciativas nacionales —Arcadia en Francia, ChapsVision en Francia, iniciativas en Alemania, Países Bajos y otros países— que compiten por recursos limitados y duplican esfuerzos (1; 5). Esta fragmentación refleja la ausencia de una estrategia de defensa común y la persistencia de lógicas nacionales que obstaculizan la consolidación de una base industrial europea de defensa integrada (1).

El almirante Vandier ha sido especialmente explícito al reconocer esta realidad: «Europa necesita estar preparada para la guerra para finales de esta década. Y eso significa sistemas militares que funcionen. Pero no que funcionen en 2030, sino sistemas militares que funcionen hoy» (5). Esta declaración, pronunciada en un briefing con periodistas europeos, encapsula el dilema central de Europa: la urgencia operativa exige soluciones disponibles, mientras que la aspiración soberana exige soluciones propias (5). La brecha de inversión hace que estas dos exigencias sean, por ahora, irreconciliables.

7.5. El dilema de la dependencia tecnológica encubierta: hardware, nubes y componentes de terceros

Un aspecto del debate sobre la soberanía tecnológica que a menudo pasa desapercibido es que las alternativas europeas a Palantir, por muy «soberanas» que sean en términos de propiedad intelectual y control de datos, siguen dependiendo de infraestructuras y componentes que no son europeos (1; 5). Esta dependencia encubierta plantea un dilema fundamental: ¿puede una solución ser verdaderamente soberana si se asienta sobre hardware, nubes o componentes de terceros controlados por potencias extranjeras?

Louis Mosley, vicepresidente ejecutivo de Palantir UK & Europe, ha señalado esta paradoja en sus intervenciones públicas. «Cualquier solución europea estará, en algún punto del proceso, basada en tecnología extranjera, ya sea Google o Huawei» (1). Esta afirmación, aunque interesada, contiene un núcleo de verdad incómodo. Los sistemas de inteligencia artificial para defensa requieren infraestructuras de cómputo masivo —centros de datos, servidores, redes de comunicaciones— que en Europa son proporcionados mayoritariamente por empresas estadounidenses (Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google Cloud) o chinas (Huawei) (1). Incluso Arcadia, el sistema francés desarrollado por un consorcio nacional, se despliega sobre infraestructuras que, en última instancia, pueden depender de proveedores extranjeros en alguna de sus capas (4).

Esta dependencia encubierta tiene implicaciones tanto técnicas como políticas. Técnicamente, significa que la «soberanía» de una solución europea puede ser más aparente que real: si el hardware o la nube que sustentan el sistema son controlados por una empresa extranjera, esa empresa —y, potencialmente, el gobierno de su país de origen— podría tener capacidad para interferir en el funcionamiento del sistema (1). Políticamente, significa que Europa no puede resolver el problema de la dependencia tecnológica simplemente sustituyendo a Palantir por un proveedor europeo; necesita también desarrollar capacidades propias en infraestructuras críticas (1).

El dilema es particularmente agudo en el caso de España y otros países que han vetado a Palantir pero siguen utilizando infraestructuras de nube estadounidenses para sus sistemas de defensa (2; 5). El veto a Palantir, por sí solo, no resuelve el problema de la dependencia tecnológica si la infraestructura subyacente sigue siendo extranjera. Esta contradicción ha sido señalada por críticos del veto español, que lo califican de «simbólico» y advierten que no aborda el problema estructural de la dependencia tecnológica de Europa (2).

La solución a este dilema requiere una aproximación integral que abarque todas las capas del ecosistema tecnológico: desde el software (como el MSS de Palantir o sus alternativas europeas) hasta el hardware (servidores, procesadores, redes) y las infraestructuras de nube. El desarrollo de una verdadera autonomía tecnológica europea en defensa exige inversiones coordinadas y sostenidas en todas estas capas, así como una estrategia industrial que consolide la fragmentada base tecnológica del continente (1). Esta es una tarea que se mide en décadas, no en años, y que requiere un compromiso político y financiero que, hasta ahora, Europa no ha demostrado estar dispuesta a asumir (1; 5).

8. Análisis Crítico: Entre la Eficiencia Operativa y la Autonomía Estratégica

8.1. El argumento de la urgencia operativa: ¿puede Europa permitirse esperar hasta 2035?

El argumento central esgrimido por Palantir y por los defensores de la adopción del MSS en la OTAN es el de la urgencia operativa. Louis Mosley, vicepresidente ejecutivo de Palantir UK & Europe, lo ha formulado con claridad meridiana: «Europa necesita estar preparada para la guerra para finales de esta década. Y eso significa sistemas militares que funcionen. Pero no que funcionen en 2030, sino sistemas militares que funcionen hoy» (5). Esta declaración, pronunciada en un briefing con periodistas europeos, encapsula el dilema central al que se enfrentan los Estados miembros de la OTAN: la disyuntiva entre disponer de una capacidad operativa inmediata, aunque dependiente de un proveedor extranjero, y esperar a desarrollar una capacidad propia, con el riesgo de quedar rezagados en un entorno de seguridad cada vez más competitivo (5).

El almirante Pierre Vandier, máximo comandante de la OTAN para la Transformación, ha respaldado implícitamente este diagnóstico al reconocer que «hasta donde yo sé, hoy no hay un competidor real para Palantir» y que quienes buscan alternativas deben demostrar que pueden ofrecer soluciones equivalentes «en cuestión de meses, años, y no una década» (3). Esta declaración, procedente de un alto mando francés —precisamente de un país que lidera la búsqueda de alternativas soberanas— confiere un peso considerable al argumento de la urgencia (3).

El contexto geopolítico actual refuerza este diagnóstico. La guerra de Ucrania ha demostrado que los conflictos modernos se deciden en gran medida por la capacidad de procesar y actuar sobre datos en tiempo real (1). El MSS ha sido señalado como un factor determinante en la resistencia de Kiev, y los ejércitos que no dispongan de capacidades equivalentes en el futuro cercano partirán con una desventaja táctica significativa (1; 2). En este contexto, la decisión de la OTAN de adoptar el MSS como su sistema operativo puede interpretarse no como una elección entre opciones equivalentes, sino como la única opción realista para mantener la efectividad operativa de la Alianza (1; 5).

Sin embargo, el argumento de la urgencia también puede ser cuestionado. Los críticos señalan que la dependencia de un proveedor estadounidense no es solo un problema de soberanía tecnológica, sino también un riesgo operativo en sí mismo. La concentración de la inteligencia militar europea en un sistema controlado por una empresa extranjera crea una vulnerabilidad sistémica que, en un escenario de conflicto o de tensión política, podría ser explotada por el proveedor o por el gobierno de su país de origen (10; 15). El riesgo de un «kill switch» geopolítico —aunque no exista un botón de apagado técnico— es percibido por varios gobiernos europeos como un peligro que puede ser tan grave como la falta de capacidad operativa (1; 5). Desde esta perspectiva, la urgencia no es solo operativa, sino también estratégica: Europa necesita con urgencia reducir su dependencia para no quedar expuesta a una vulnerabilidad que podría ser explotada en el momento más crítico (1; 10).

8.2. La paradoja de la soberanía: ¿es posible una alternativa 100 % europea en el corto plazo?

Una de las paradojas más profundas del debate sobre la soberanía tecnológica es que ninguna alternativa europea puede considerarse verdaderamente «100 % europea» en el corto plazo. Como ha señalado Louis Mosley, «cualquier solución europea estará, en algún punto del proceso, basada en tecnología extranjera, ya sea Google o Huawei» (1). Esta afirmación, aunque interesada, plantea una cuestión incómoda sobre los límites de la soberanía tecnológica en un mundo globalizado.

La soberanía tecnológica, en su sentido más estricto, implicaría el control exclusivo y completo sobre todas las capas del ecosistema tecnológico: hardware, software, infraestructura de nube, algoritmos y datos. Ningún país europeo, ni siquiera la Unión Europea en su conjunto, dispone actualmente de esta capacidad en el ámbito de la inteligencia artificial aplicada a la defensa (1). Los procesadores de los servidores que ejecutan Arcadia o ChapsVision son fabricados en su mayoría por empresas estadounidenses o taiwanesas; los sistemas operativos de estos servidores son desarrollados por empresas estadounidenses; las redes de comunicaciones que interconectan los centros de datos dependen de componentes y tecnologías que no son exclusivamente europeos (1). La «soberanía» de Arcadia y ChapsVision es, por tanto, una soberanía parcial, limitada a la propiedad intelectual y al control de los datos, pero no al control de la infraestructura subyacente (4; 14).

Esta paradoja ha llevado a algunos analistas a cuestionar la viabilidad de una alternativa europea real al MSS de Palantir. Si Europa no puede desarrollar sus propios procesadores, sus propias infraestructuras de nube y sus propias redes de comunicaciones, ¿qué sentido tiene sustituir a Palantir por un proveedor europeo que, en última instancia, depende de la misma infraestructura subyacente? (1). Los defensores de la soberanía tecnológica responden que el control de la capa de software y de los datos es un paso necesario y significativo, aunque no suficiente, hacia una autonomía estratégica plena (5). La construcción de una alternativa europea es un proceso gradual, no un salto instantáneo, y cada paso hacia la reducción de la dependencia es valioso por sí mismo (5).

La paradoja de la soberanía también se manifiesta en la relación entre los esfuerzos nacionales y la integración europea. Francia ha impulsado Arcadia y ChapsVision como alternativas nacionales, pero estas soluciones no son automáticamente adoptables por otros Estados miembros (4; 14). La fragmentación de los esfuerzos europeos —Francia con sus propias soluciones, Alemania con ChapsVision, los Países Bajos con posiciones expectantes, España con su veto silencioso— impide la consolidación de una alternativa paneuropea que pueda competir en igualdad de condiciones con Palantir (1; 5; 7). Esta fragmentación es, paradójicamente, el principal obstáculo para el desarrollo de una auténtica soberanía tecnológica europea (1).

8.3. El papel de la OTAN como catalizador de la dependencia: implicaciones para el pilar europeo de la Alianza

La adopción del MSS por parte de la OTAN como su «sistema operativo» tiene implicaciones profundas para el equilibrio de poder dentro de la Alianza y para el desarrollo del pilar europeo de la defensa. Al institucionalizar la dependencia de un proveedor estadounidense en el núcleo de sus capacidades operativas, la OTAN no solo ha resuelto un problema técnico inmediato, sino que ha creado una inercia que dificultará la futura desconexión de Europa (1; 5; 8).

El MSS no es un sistema que se instala y se olvida; es una plataforma en evolución que requiere actualizaciones, mantenimiento, formación del personal y una integración creciente con otros sistemas (8). Cuanto más tiempo esté en uso, más difícil será reemplazarlo sin disrupciones operativas significativas (9). La dependencia de Palantir, una vez consolidada, se convierte en una «dependencia de trayectoria» que autoconsolida su posición y hace cada vez más costoso y arriesgado el cambio a alternativas (1; 5). En este sentido, la decisión de la OTAN de adoptar el MSS no es un punto final, sino el comienzo de un proceso de dependencia que se profundizará con el tiempo (1).

Esta dinámica tiene implicaciones directas para el pilar europeo de la OTAN. Los Estados europeos que han manifestado su intención de reducir su dependencia de Palantir se enfrentan a una contradicción: al mismo tiempo que implementan vetos y buscan alternativas nacionales, participan en una Alianza que profundiza su dependencia del mismo proveedor (1; 2; 5). Esta dualidad —nacional versus aliada, soberanía versus interoperabilidad— crea tensiones internas en los Estados miembros y genera una situación de «doble vinculación» que dificulta la articulación de una estrategia coherente (5; 7).

El almirante Vandier ha reconocido implícitamente esta tensión al señalar que para la OTAN el problema más inmediato es evitar la dependencia de un único proveedor, un riesgo que puede reducirse impulsando sistemas interoperables que permitan a los países cambiar de proveedor si es necesario (9). Sin embargo, la adopción del MSS como sistema operativo de la Alianza —no como una opción entre varias, sino como la plataforma central— parece ir en dirección contraria a esta aspiración de diversificación (1; 8). La elección de un único sistema operativo para toda la Alianza, por muy justificada que esté desde el punto de vista de la eficiencia operativa, profundiza la dependencia de un único proveedor y reduce la capacidad de los Estados miembros de ejercer opciones soberanas (1).

8.4. Riesgos de fragmentación frente a la necesidad de interoperabilidad

El conflicto entre la búsqueda de soberanía tecnológica y la necesidad de interoperabilidad en el seno de la OTAN plantea un riesgo significativo de fragmentación de las capacidades militares europeas. Si cada Estado miembro desarrolla o adopta su propia solución de inteligencia artificial para defensa, el resultado será un mosaico de sistemas incompatibles que dificultarán las operaciones conjuntas (1; 5; 9).

Este riesgo es especialmente agudo en el caso de las alternativas nacionales a Palantir. Francia ha desarrollado Arcadia con el objetivo de que sea interoperable con los estándares de la OTAN (FMN), pero la interoperabilidad no es automática; requiere pruebas, certificaciones y acuerdos técnicos que no siempre se alcanzan con la rapidez necesaria (4). Alemania ha optado por ChapsVision para su inteligencia doméstica, pero no está claro que esta solución sea compatible con los sistemas de mando y control de la OTAN (9). Los Países Bajos y Dinamarca, por su parte, están en fase de exploración sin haber definido aún una alternativa concreta (1). El resultado de esta fragmentación podría ser una Europa militarmente dividida, con sistemas incompatibles que dificulten la cooperación operativa en el seno de la Alianza.

La interoperabilidad no es solo una cuestión técnica; es también una cuestión política y estratégica. La OTAN se fundamenta en la capacidad de sus miembros para luchar juntos, integrando sus sistemas de mando y control, compartiendo inteligencia y coordinando sus operaciones (8). Si cada Estado miembro desarrolla su propio sistema de inteligencia artificial sin atender a la interoperabilidad, se corre el riesgo de socavar la base misma de la Alianza (9). La decisión de la OTAN de adoptar el MSS como su sistema operativo puede interpretarse, desde esta perspectiva, como una apuesta por la interoperabilidad frente a la soberanía fragmentada (8).

Sin embargo, la apuesta por la interoperabilidad a través de un único proveedor estadounidense tiene un coste en términos de soberanía tecnológica que varios Estados europeos no están dispuestos a asumir (1; 5). La solución a esta tensión podría residir en un enfoque de «interoperabilidad soberana»: sistemas nacionales o europeos que cumplan con los estándares de la OTAN pero que sean controlados por los propios Estados o por la Unión Europea, sin dependencia de proveedores extranjeros (1). Este enfoque, que combina la soberanía con la interoperabilidad, es el que Francia intenta desarrollar con Arcadia, pero su viabilidad a gran escala y en plazos operativos sigue siendo incierta (4; 5).

El dilema de la fragmentación frente a la interoperabilidad no tiene una solución fácil. La búsqueda de soberanía tecnológica, si no se coordina a nivel europeo, puede conducir a una fragmentación que debilite la capacidad de defensa colectiva. La apuesta por la interoperabilidad a través de un proveedor único, por el contrario, puede consolidar una dependencia estratégica que, a largo plazo, también debilite la autonomía de Europa. La resolución de este dilema exige una estrategia europea coordinada que combine la inversión en tecnologías propias, la estandarización técnica y la integración industrial, una tarea que requiere un nivel de cooperación política que, hasta ahora, Europa no ha demostrado estar dispuesta a alcanzar (1; 5).

9. Prospectiva y Recomendaciones

9.1. Escenarios futuros: integración profunda, coexistencia híbrida o desacoplamiento progresivo

La evolución de la relación entre la OTAN, los Estados europeos y Palantir puede proyectarse a través de tres escenarios plausibles, cada uno con implicaciones estratégicas, tecnológicas y políticas distintas. Estos escenarios no son mutuamente excluyentes y podrían combinarse en diferentes grados y plazos, pero ofrecen un marco analítico para comprender las posibles trayectorias futuras.

Escenario 1: Integración profunda. En este escenario, la dependencia de la OTAN respecto al MSS de Palantir se profundiza y se extiende a más áreas operativas. La Alianza, satisfecha con el rendimiento del sistema y consciente de la falta de alternativas inmediatas, amplía su contrato con Palantir para cubrir nuevas funcionalidades y nuevos comandos. Los Estados europeos que han manifestado su intención de reducir su dependencia —Francia, Alemania, Países Bajos, Dinamarca y España— enfrentan crecientes dificultades para mantener sus vetos nacionales, ya que la interoperabilidad con el MSS se convierte en un requisito operativo cada vez más exigente. Las alternativas europeas (Arcadia, ChapsVision) se mantienen en un segundo plano, utilizadas en ámbitos nacionales pero sin capacidad para escalar al nivel de la OTAN. La dependencia de Europa respecto a la tecnología estadounidense en defensa se consolida y se institucionaliza, y la soberanía tecnológica europea queda postergada sine die (1; 5; 8).

Escenario 2: Coexistencia híbrida. En este escenario, la OTAN mantiene el MSS como su sistema operativo principal, pero desarrolla una arquitectura de «interoperabilidad soberana» que permite la integración de sistemas alternativos europeos en la red de la Alianza. Francia logra certificar Arcadia como un sistema compatible con los estándares de la OTAN (FMN) y lo despliega en algunos comandos o en determinados tipos de operaciones. Los Países Bajos y Dinamarca desarrollan o adoptan soluciones de compromiso que combinan componentes del MSS con otros desarrollos europeos. Alemania mantiene su apuesta por ChapsVision para inteligencia doméstica, pero participa en el MSS para operaciones de la OTAN. España modula su veto, permitiendo el uso del MSS en operaciones aliadas mientras impulsa el desarrollo de capacidades nacionales para ámbitos no OTAN. Este escenario, el más complejo técnicamente y el más exigente en términos de coordinación política, permitiría a Europa reducir gradualmente su dependencia sin romper la interoperabilidad con la Alianza (1; 4; 5; 9).

Escenario 3: Desacoplamiento progresivo. En este escenario, la presión de los Estados europeos por la soberanía tecnológica lleva a la OTAN a adoptar una estrategia de reducción gradual de la dependencia de Palantir. La Alianza establece un plan plurianual para desarrollar o adoptar un sistema operativo europeo, basado en Arcadia o en una iniciativa paneuropea que consolide los esfuerzos nacionales. La inversión europea en inteligencia artificial para defensa se incrementa significativamente, cerrando parcialmente la brecha con Estados Unidos. El MSS de Palantir sigue utilizándose durante un período de transición, pero se van sustituyendo progresivamente sus funcionalidades por alternativas europeas. Este escenario, el más ambicioso y el más difícil de implementar, requeriría un compromiso político excepcional y una inversión financiera que los presupuestos de defensa europeos no han demostrado hasta ahora (1; 5).

La probabilidad de cada escenario depende de factores que incluyen la evolución de las relaciones transatlánticas, la capacidad de Europa para coordinar sus esfuerzos tecnológicos, la madurez de las alternativas europeas y la presión de la opinión pública y los parlamentos nacionales (1; 5; 10). La decisión de la OTAN de adoptar el MSS como su sistema operativo inclina la balanza hacia el primer escenario, pero las decisiones nacionales de veto y búsqueda de alternativas —Francia, Alemania, Países Bajos, Dinamarca, España— mantienen abierta la posibilidad del segundo o tercer escenario (1; 2; 5; 7).

9.2. Estrategias para una autonomía tecnológica efectiva en defensa y seguridad

La consecución de una autonomía tecnológica efectiva en defensa y seguridad no puede lograrse mediante decisiones aisladas de veto o mediante el desarrollo de iniciativas nacionales fragmentadas. Requiere una estrategia integral que abarque múltiples dimensiones y que movilice a todos los actores relevantes: Estados miembros, instituciones europeas, industria de defensa, centros de investigación y academia.

En primer lugar, es necesaria una estrategia de inversión coordinada y sostenida. La brecha de inversión entre Estados Unidos y Europa en inteligencia artificial para defensa es estructural y no puede cerrarse con esfuerzos nacionales aislados (1; 5). Se requiere un programa europeo de I+D en IA para defensa, financiado con recursos del presupuesto de la UE y de los Estados miembros, que consolide y escale las iniciativas existentes (Arcadia, ChapsVision y otras). Este programa debería tener un horizonte temporal de al menos diez años y un presupuesto que permita competir en igualdad de condiciones con los programas estadounidenses (1; 5). La inversión anunciada por Francia (655 millones de euros) es un paso en la dirección correcta, pero es insuficiente para cerrar la brecha con los 10.000 millones de dólares del contrato de Palantir con el Ejército de EE. UU. (1; 6).

En segundo lugar, es imprescindible el desarrollo de infraestructuras soberanas de nube y cómputo. La dependencia de infraestructuras de nube estadounidenses (AWS, Azure, Google Cloud) socava cualquier esfuerzo de soberanía tecnológica, por muy «europeo» que sea el software que se ejecute sobre ellas (1). Europa necesita desarrollar su propia capacidad de nube soberana para defensa, basada en centros de datos europeos, hardware europeo (en la medida de lo posible) y estándares de seguridad y protección de datos propios (1; 5). Este es un proyecto de gran envergadura que requiere la colaboración público-privada y una inversión significativa, pero es condición necesaria para una autonomía tecnológica real (1).

En tercer lugar, es necesaria una estrategia de estandarización e interoperabilidad que permita la coexistencia de sistemas europeos con los de la OTAN (1; 9). El desarrollo de alternativas europeas no debe conducir a una fragmentación que debilite la capacidad de defensa colectiva. Por el contrario, debe ir acompañado de un esfuerzo por garantizar que los sistemas europeos sean interoperables entre sí y con los de la OTAN, cumpliendo con los estándares FMN y STANAG (8; 9). Este esfuerzo requiere una participación activa de Europa en los procesos de estandarización de la OTAN y una inversión en pruebas de interoperabilidad (4; 9).

En cuarto lugar, es fundamental el fortalecimiento de la base industrial europea de defensa. La fragmentación de la industria europea de defensa en campeones nacionales (Indra en España, Thales en Francia, Airbus en Alemania y Francia) dificulta la consolidación de una oferta europea integrada que pueda competir con Palantir (1; 5). Se requiere una política industrial europea que fomente la consolidación y la colaboración transfronteriza, superando las resistencias nacionales y los intereses particulares (1). La Comisión Europea tiene un papel clave en este proceso, a través de instrumentos como el Fondo Europeo de Defensa y la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) (1).

En quinto lugar, es necesaria una gobernanza de datos y algoritmos que garantice que los sistemas europeos de IA para defensa respeten los derechos fundamentales y los valores democráticos (15; 16; 17). Las controversias en torno a Palantir —su participación en el control migratorio de EE. UU. y en las operaciones en Gaza— han puesto de manifiesto la necesidad de un marco ético y legal sólido para el uso de IA en defensa y seguridad (16; 17). Europa tiene una oportunidad única de desarrollar un modelo de IA para defensa que combine eficiencia operativa con respeto a los derechos humanos, en contraste con el modelo estadounidense, percibido como más laxo en estas materias (15; 16; 17).

9.3. Propuestas de gobernanza y regulación a nivel europeo y transatlántico

La gobernanza de la inteligencia artificial aplicada a la defensa es un desafío que trasciende el ámbito nacional y requiere soluciones a nivel europeo y transatlántico. La complejidad de las relaciones entre la OTAN, la UE y los Estados miembros, así como la naturaleza global de las empresas tecnológicas, exige un enfoque multinivel que combine regulación, supervisión y cooperación.

A nivel europeo, se propone la creación de un Reglamento Europeo de IA para Defensa y Seguridad, que establezca un marco común para el desarrollo, la adquisición y el uso de sistemas de inteligencia artificial en el ámbito de la defensa. Este reglamento debería incluir disposiciones sobre:

  • Requisitos de transparencia y auditabilidad: los sistemas de IA para defensa deben ser auditables por las autoridades competentes, tanto nacionales como europeas, para verificar el cumplimiento de los estándares de seguridad y protección de datos (15).

  • Protección de datos y privacidad: el tratamiento de datos personales en el ámbito de la defensa debe sujetarse a garantías sustantivas y procedimentales equivalentes a las del GDPR, adaptadas a las especificidades del sector (15).

  • Evaluación de impacto ético: cualquier sistema de IA para defensa debe someterse a una evaluación de impacto ético que considere los riesgos para los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y los valores democráticos (15; 16; 17).

  • Cláusulas de soberanía: los contratos de adquisición de sistemas de IA para defensa deben incluir cláusulas que garanticen la soberanía de datos, la ausencia de puertas traseras y la no dependencia de proveedores no europeos (10; 15).

A nivel transatlántico, se propone el establecimiento de un Acuerdo OTAN-UE sobre IA y Defensa, que regule las condiciones de uso de sistemas de IA en el seno de la Alianza y garantice la interoperabilidad entre los sistemas europeos y los de la OTAN. Este acuerdo debería incluir disposiciones sobre:

  • Certificación de sistemas: un procedimiento común de certificación de sistemas de IA para defensa que garantice la interoperabilidad y el cumplimiento de los estándares de seguridad (8; 9).

  • Gobernanza de datos: un marco para el intercambio de datos entre los sistemas europeos y los de la OTAN que garantice la protección de datos y la soberanía de los Estados miembros (10; 15).

  • Mecanismos de solución de controversias: un procedimiento para resolver las disputas que puedan surgir entre la OTAN y los Estados miembros en relación con el uso de sistemas de IA para defensa (10).

La implementación de estas propuestas requerirá una voluntad política que, hasta ahora, no ha sido plenamente evidente. Sin embargo, la presión de la opinión pública, las peticiones ciudadanas ante el Parlamento Europeo y las decisiones de gobiernos nacionales como el francés, el alemán o el español están creando un entorno favorable para el cambio (2; 5; 10; 15). Europa tiene la oportunidad de convertirse en un líder global en la regulación ética y soberana de la IA para defensa, un liderazgo que no solo fortalecería su autonomía estratégica, sino también su capacidad para influir en los estándares globales.

9.4. Implicaciones para España: recomendaciones de política pública y seguridad nacional

El caso español, con su veto silencioso a Palantir, representa una oportunidad y un desafío para la política de defensa y seguridad nacional. La oportunidad reside en la posibilidad de posicionarse como un actor relevante en el desarrollo de alternativas europeas a Palantir, aprovechando el tejido industrial y tecnológico del país. El desafío reside en la necesidad de conciliar el veto con la interoperabilidad en el seno de la OTAN y con la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas.

En primer lugar, España debe clarificar y formalizar su posición respecto a Palantir. La opacidad del veto actual —una instrucción extraoficial a consejos de administración, sin comunicación oficial— genera incertidumbre en el sector industrial y debilita la capacidad de negociación del país (2; 5). Se recomienda que el Gobierno publique una declaración oficial sobre su política de contratación en el ámbito de la IA para defensa, estableciendo criterios claros de soberanía tecnológica y seguridad de los datos (2; 5). Esta declaración no debería cerrar la puerta a la cooperación con Palantir en operaciones de la OTAN cuando sea necesario, pero debería establecer un marco de transición hacia soluciones europeas (1; 5).

En segundo lugar, España debe fortalecer su capacidad nacional en IA para defensa. Indra, Navantia y otras empresas del sector deben recibir apoyo público para desarrollar o adoptar soluciones de IA que puedan sustituir a Palantir en los ámbitos nacionales (2; 5). La participación de España en Arcadia o en otras iniciativas europeas debería ser prioritaria, aprovechando la alianza estratégica con Francia y el peso de la industria española en programas europeos (4; 5). El presupuesto de defensa debe incluir partidas específicas para I+D en IA, en línea con la inversión francesa (1; 5).

En tercer lugar, España debe participar activamente en la gobernanza europea de la IA para defensa. El país tiene la oportunidad de influir en el diseño del futuro Reglamento Europeo de IA para Defensa y Seguridad, así como en los acuerdos OTAN-UE sobre la materia (10; 15). La experiencia española con el veto a Palantir, y las lecciones aprendidas, pueden ser valiosas para otros Estados miembros y para las instituciones europeas (1; 5).

En cuarto lugar, España debe gestionar la relación con la OTAN y con Estados Unidos con prudencia y realismo. El veto a Palantir, por muy justificado que esté desde la perspectiva de la soberanía tecnológica, no debe poner en riesgo la participación española en la Alianza (1; 5). España debe mantener abiertos los canales de diálogo con la OTAN y con Estados Unidos, explicando su posición y buscando soluciones de interoperabilidad que permitan conciliar la soberanía nacional con la defensa colectiva (1; 5; 9).

Finalmente, España debe impulsar un debate público y parlamentario sobre el uso de la IA en defensa. La opacidad del veto actual contrasta con la importancia estratégica del asunto y con la necesidad de un control democrático sobre las decisiones de defensa y seguridad (2; 5). Se recomienda la creación de una comisión parlamentaria de investigación sobre la dependencia tecnológica en defensa, que analice el caso de Palantir y proponga recomendaciones para el futuro (2; 5). Este debate público fortalecería la legitimidad de las decisiones del Gobierno y contribuiría a la construcción de una cultura de defensa más informada y participativa (2; 5).

10. Conclusiones

10.1. Síntesis de los hallazgos principales

La adopción del Maven Smart System de Palantir como «sistema operativo» de la OTAN en julio de 2026 constituye un hito de profundas implicaciones estratégicas, tecnológicas y políticas para la Alianza y para sus Estados miembros europeos (1). Esta decisión, que formaliza un proceso de integración iniciado en 2025, no es un mero contrato de suministro tecnológico, sino la institucionalización de una dependencia crítica de un proveedor estadounidense en el núcleo de las capacidades operativas de defensa colectiva (1; 8). El MSS, una plataforma de inteligencia artificial que integra y armoniza datos de múltiples fuentes para facilitar la toma de decisiones en tiempo real, ha demostrado su eficacia en teatros de guerra como Ucrania e Irán, pero su adopción por parte de la OTAN plantea interrogantes acuciantes sobre la soberanía tecnológica europea, la seguridad de los datos y la autonomía estratégica del continente (1; 2; 3).

La contradicción central que articula este análisis es la coexistencia de la decisión de la OTAN con el creciente recelo de varios Estados europeos hacia la misma compañía. Francia, Alemania, Países Bajos, Dinamarca y España han manifestado, con distintos grados de intensidad y formalidad, su intención de reducir o eliminar su dependencia de Palantir (1; 2; 5; 7). El caso español es particularmente revelador: el Gobierno de Moncloa ha cursado una orden tácita de veto a la multinacional en contratos y empresas públicas, afectando a actores estratégicos como Indra, Navantia y Telefónica (2; 5). Esta decisión, adoptada en silencio y sin comunicación oficial, refleja una tensión entre la eficiencia operativa —que aconseja mantener la interoperabilidad con el sistema de la OTAN— y la soberanía tecnológica —que exige reducir la dependencia de proveedores extranjeros en un contexto de relaciones transatlánticas inciertas (1; 2; 5).

El análisis de las alternativas europeas revela un panorama heterogéneo y fragmentado. Francia ha impulsado Arcadia, un sistema de mando y control con IA desarrollado por un consorcio de empresas francesas (Mistral AI, Safran, Thales y Airbus), que fue desplegado en un ejercicio de la OTAN en junio de 2026, y ChapsVision, una alternativa soberana para inteligencia doméstica que ha sido seleccionada para reemplazar a Palantir en la DGSI (4; 5; 14). Sin embargo, la brecha de inversión entre Estados Unidos y Europa —10.000 millones de dólares en el contrato de Palantir con el Ejército de EE. UU. frente a 655 millones de euros de inversión francesa en IA para defensa— hace improbable que las alternativas europeas puedan competir en igualdad de condiciones en el corto plazo (1; 6). La fragmentación de los esfuerzos nacionales —Francia con Arcadia y ChapsVision, Alemania con ChapsVision, Países Bajos y Dinamarca en fase de exploración, España con su veto silencioso— agrava el problema y beneficia objetivamente a Palantir (1; 5; 7).

Las dimensiones legales y éticas del uso de Palantir añaden una capa adicional de complejidad al debate. La exclusión de las actividades de defensa y seguridad nacional del ámbito de aplicación del GDPR y de la Directiva de Protección de Datos en el Ámbito de la Ley crea un vacío normativo que dificulta la supervisión judicial y el control democrático de estos sistemas (15). Las peticiones ante el Parlamento Europeo, como la nº 1566/2025, y las preguntas parlamentarias sobre la aplicación de la Cláusula CLOUD a los datos procesados por Palantir, reflejan una creciente inquietud ciudadana y política por los riesgos de vulneración de derechos fundamentales y de injerencia extranjera (10; 15). Los casos de uso controvertido de Palantir en el control migratorio de EE. UU. y en las operaciones militares israelíes en Gaza han alimentado la percepción de que la compañía no es un proveedor neutral, sino un actor con una agenda política propia y con vínculos estrechos con la Administración Trump (1; 16; 17).

La cuestión de la soberanía de los datos y el riesgo de acceso gubernamental extranjero a través de la Cláusula CLOUD o de otras leyes estadounidenses constituye uno de los argumentos centrales de los críticos de Palantir (10; 15). Aunque los ejecutivos de la compañía insisten en que el MSS desplegado en la OTAN no tiene puertas traseras ni kill switch, y que la Alianza tiene pleno control sobre el sistema, la dependencia de un proveedor estadounidense conlleva un riesgo residual de presión política o de interferencia que los gobiernos europeos no están dispuestos a asumir (1). La percepción de este riesgo, más que la realidad técnica, es la que ha impulsado las decisiones de veto y de búsqueda de alternativas (1; 2; 5).

El análisis prospectivo identifica tres escenarios posibles para la evolución de la relación entre la OTAN, los Estados europeos y Palantir: integración profunda, coexistencia híbrida y desacoplamiento progresivo (1; 5; 9). La decisión de la OTAN de adoptar el MSS como su sistema operativo inclina la balanza hacia el primer escenario, pero las decisiones nacionales de veto mantienen abierta la posibilidad de los otros dos (1; 2; 5). La resolución de esta tensión exigirá una estrategia europea coordinada que combine inversión en tecnologías propias, desarrollo de infraestructuras soberanas, estandarización e interoperabilidad, y una gobernanza ética y legal robusta (1; 5; 15).

10.2. Contribución al debate académico y político

Este artículo contribuye al debate académico y político sobre la soberanía tecnológica europea en el ámbito de la defensa desde una perspectiva multidisciplinar que integra el análisis tecnológico, jurídico, geopolítico y ético. La literatura existente sobre dependencia tecnológica en defensa ha tendido a centrarse en aspectos macroeconómicos o en la geopolítica de las relaciones transatlánticas, prestando menos atención a los casos concretos de contratación pública y a las tensiones entre la interoperabilidad aliada y la autonomía estratégica (1; 5). Este artículo llena ese vacío mediante el análisis detallado de un caso emblemático —la adopción del MSS de Palantir por la OTAN y el veto español— que ilustra las contradicciones y los dilemas de la soberanía tecnológica en un contexto de defensa colectiva.

La contribución principal del artículo es la identificación y el análisis de la «paradoja de la soberanía»: ninguna alternativa europea puede considerarse verdaderamente «100 % europea» en el corto plazo, ya que todas dependen, en alguna capa del ecosistema tecnológico, de infraestructuras o componentes extranjeros (1). Esta paradoja no invalida la búsqueda de soberanía tecnológica, pero sí exige un enfoque realista y gradual que reconozca los límites de la autonomía en un mundo globalizado (1; 5). La soberanía tecnológica, en este sentido, no es un estado binario —se es soberano o no se es soberano— sino un continuo en el que cada paso hacia la reducción de la dependencia es valioso por sí mismo (1; 5).

El artículo también contribuye al debate sobre la gobernanza de la inteligencia artificial en defensa, proponiendo un marco regulatorio europeo que combine transparencia, protección de datos, evaluación de impacto ético y cláusulas de soberanía (10; 15). Este marco, que se inspira en las peticiones ciudadanas ante el Parlamento Europeo y en las decisiones de gobiernos nacionales como el francés, el alemán o el español, ofrece una vía para conciliar la eficiencia operativa con el respeto a los derechos fundamentales y la autonomía estratégica (2; 5; 10; 15).

La contribución política del artículo radica en sus recomendaciones para España y para la UE. Para España, se recomienda clarificar y formalizar su posición respecto a Palantir, fortalecer su capacidad nacional en IA para defensa, participar activamente en la gobernanza europea del sector, gestionar prudentemente las relaciones con la OTAN y con Estados Unidos, e impulsar un debate público y parlamentario sobre el uso de la IA en defensa (2; 5). Para la UE, se recomienda una estrategia de inversión coordinada y sostenida, el desarrollo de infraestructuras soberanas de nube y cómputo, una estrategia de estandarización e interoperabilidad, el fortalecimiento de la base industrial europea de defensa, y una gobernanza de datos y algoritmos que garantice el respeto a los derechos fundamentales y los valores democráticos (1; 5; 15).

10.3. Limitaciones del estudio y líneas de investigación futuras

Este artículo, aunque exhaustivo en su cobertura del caso Palantir y sus implicaciones para la soberanía tecnológica europea, presenta limitaciones que deben tenerse en cuenta al interpretar sus conclusiones. La principal limitación es la dependencia de fuentes periodísticas y de documentos públicos para el análisis del veto español, que no ha sido comunicado oficialmente por el Gobierno (2; 5). La opacidad de la decisión española dificulta la verificación de los hechos y la identificación de las motivaciones exactas del veto, por lo que el análisis de esta sección se basa en inferencias a partir de las fuentes disponibles y del contexto político (2; 5). Futuras investigaciones podrían abordar esta limitación mediante entrevistas con actores clave —responsables gubernamentales, miembros de consejos de administración, ejecutivos de empresas afectadas— que permitan esclarecer el proceso de toma de decisiones y las motivaciones subyacentes.

Otra limitación es la naturaleza dinámica y rápidamente cambiante del sector tecnológico y del contexto geopolítico. Las alternativas europeas a Palantir —Arcadia y ChapsVision— se encuentran en fase de desarrollo y pruebas, y su evolución futura es incierta (4; 14). La relación entre la OTAN y Palantir, así como las políticas nacionales de veto y búsqueda de alternativas, están sujetas a cambios impulsados por factores políticos, tecnológicos y económicos que escapan al control de este análisis (1; 5; 8). Futuras investigaciones deberán actualizar y refinar el análisis a medida que se disponga de nueva información y de nuevos desarrollos tecnológicos.

Una tercera limitación es la escasez de datos empíricos sobre el rendimiento comparativo de los sistemas de IA para defensa. El MSS de Palantir ha sido probado en conflictos reales (Ucrania, Irán), mientras que Arcadia solo ha sido desplegado en ejercicios de la OTAN (2; 4). Esta asimetría de experiencia operativa dificulta una comparación objetiva de las capacidades de ambos sistemas. Futuras investigaciones podrían abordar esta limitación mediante el análisis de datos operativos, informes de evaluación y testimonios de usuarios de ambos sistemas.

Por último, el artículo se centra en el caso europeo y no aborda en profundidad las implicaciones globales de la hegemonía de Palantir en la IA para defensa. La compañía tiene contratos con gobiernos de todo el mundo y su influencia se extiende más allá de la OTAN y de Europa (1; 16). Futuras investigaciones podrían explorar el papel de Palantir en otros teatros geopolíticos (Asia-Pacífico, Oriente Medio) y las implicaciones de su hegemonía para el equilibrio de poder global y para la gobernanza internacional de la inteligencia artificial en defensa.

En conclusión, la adopción del Maven Smart System de Palantir como «sistema operativo» de la OTAN es un fenómeno complejo que trasciende lo puramente tecnológico para convertirse en un campo de batalla geopolítico de primer orden. La tensión entre la eficiencia operativa y la autonomía estratégica, la fragmentación de las respuestas europeas frente a la hegemonía estadounidense, y la necesidad de una gobernanza ética y legal de la IA en defensa son los ejes de un debate que definirá el futuro de la seguridad europea en las próximas décadas (1; 5; 15). El caso español, con su veto silencioso a Palantir, es un síntoma de esta tensión y una oportunidad para repensar la relación entre Europa y sus aliados tecnológicos. La resolución de esta tensión no será fácil ni rápida, pero es imprescindible para que Europa pueda ejercer su soberanía en un mundo cada vez más digitalizado y cada vez más incierto.

Bibliografía

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(2) El Confidencial (2026b). Moncloa veta al gigante estadounidense Palantir en contratos y empresas públicas. 1 de julio de 2026.

(3) POLITICO (2026a). NATO commander: Europe has no alternative to Palantir's warfare tech for now. 20 de mayo de 2026.

(4) Euronews (2026b). France testing AI battlefield system in NATO exercise. 7 de junio de 2026.

(5) POLITICO (2026b). French spy service drops Palantir. 16 de junio de 2026.

(6) Ejército de EE. UU. (2025). U.S. Army Awards Enterprise Service Agreement to Enhance Military Readiness and Drive Operational Efficiency. 31 de julio de 2025.

(7) ICT Magazine (2026). NAVO kiest definitief voor Amerikaanse software van Palantir. 2 de julio de 2026.

(8) Jane's (2026). NATO's JFC Norfolk to receive Palantir's Maven Smart System by end of May. 19 de marzo de 2026.

(9) Defense News (2026). France to test its own AI-powered battlefield command in June NATO exercise. 6 de junio de 2026.

(10) Pregunta Parlamentaria Europea (E-002035/2026). Dependency on digital instruments threatening European sovereignty. 18 de mayo de 2026.

(11) La Opinión de Murcia (2026). Moncloa veta a la multinacional estadounidense Palantir en contratos y empresas públicas. 1 de julio de 2026.

(12) LBC News (2026). Spanish government 'quietly bans use of Palantir' in critical state systems over fears of national security leaks. 2 de julio de 2026.

(13) AA.com.tr (2026). Spain tells state-backed firms to avoid new Palantir contracts amid national security concerns. 2 de julio de 2026.

(14) Numerama (2026). Validée sur le papier, pas encore sur le terrain: c'est quoi ChapsVision, l'alternative française à Palantir ?. 16 de junio de 2026.

(15) Petición ante el Parlamento Europeo (PETI) nº 1566/2025. Palantir's data-analytics systems risk infringing fundamental rights.

(16) Electronic Frontier Foundation (EFF) (2026). Palantir Has a Human Rights Policy. Its ICE Work Tells a Different Story. 20 de abril de 2026.

(17) Amnesty International UK (2026a). UK: Amnesty backs MPs' call to terminate NHS England's contract with Palantir. 3 de junio de 2026.

(18) Amnesty International UK (2026b). Minister must keep Palantir out of Northern Ireland's health service. 9 de abril de 2026.

(19) Blog de Palantir (2021). The Ontology system. 14 de diciembre de 2021.

(20) Blog de Palantir (2026). Connecting Agents to Decisions. 28 de abril de 2026.

(21) Democrata.es (2026). España también frena a Peter Thiel: Moncloa pide a empresas públicas no contratar con el gigante Palantir. 1 de julio de 2026.

(22) Swissinfo.ch (2026). Palantir loses legal challenge against Swiss investigative magazine. 14 de junio de 2026.