Un abogado presentó tres casos que no existían. Todos los fabricó una IA. La sanción: $8.000.
Las alucinaciones de la inteligencia artificial llegaron a un tribunal de apelaciones de Nueva York en la forma más dañina posible: incrustadas en un escrito de apelación firmado por un abogado que nunca los verificó. El resultado es Landberg v. City of New York, 2026 NY Slip Op 03935, una decisión dictada el 23 de junio de 2026 por la Sala de Apelaciones del Segundo Departamento del Estado de Nueva York que se convertirá en referencia ineludible sobre responsabilidad profesional en el uso de IA generativa en la práctica jurídica.
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El caso de fondo: un tropiezo que no llegó a ninguna parte
El litigio original es relativamente ordinario. Judith Landberg sufrió una caída al tropezar con un ladrillo suelto en el alcorque de un árbol situado en la acera contigua a una finca de la entidad Whitman Owner Corp., en la ciudad de Nueva York. Landberg demandó tanto a la propietaria del inmueble como al propio Ayuntamiento de Nueva York en reclamación de daños personales.
El Tribunal Supremo del Condado de Kings desestimó la demanda mediante sentencia sumaria en diciembre de 2024, apreciando que ninguno de los dos demandados incurría en responsabilidad. La Sala de Apelaciones confirmó esa decisión el 3 de junio de 2026. Hasta aquí, nada inusual.
Lo que vino después sí lo es.
El escrito que lo cambió todo
El letrado Michael Sanders, en representación del despacho Law Offices of Michael S. Lamonsoff, PLLC, presentó el escrito de apelación de la demandante. Cuando los magistrados de la Sala comenzaron a leerlo, encontraron algo que no deberían haber encontrado nunca: casos que no existían, citas que nadie había pronunciado jamás, y caracterizaciones de la ley directamente contrarias a lo que la ley dice.
La Sala identificó cinco errores materiales, tres de ellos de gravedad máxima.
Primero. El escrito cita en dos ocasiones el caso Xiang Fu Ji v. City of New York (13 NY3d 791, 794) para sostener que el artículo 7-210 del Código Administrativo de la Ciudad —norma que traslada la responsabilidad por defectos en aceras desde el Ayuntamiento al propietario colindante— debe interpretarse "liberalmente para efectuar su finalidad reparadora". El problema es doble: ese caso no existe en ninguna base de datos, y la cita legal atribuida al Tribunal de Apelaciones afirma exactamente lo contrario de lo que ese tribunal ha declarado. El Tribunal de Apelaciones ha sostenido reiteradamente que el artículo 7-210, por ser contrario al common law y crear responsabilidad donde antes no existía, "debe ser objeto de interpretación estricta" (Vucetovic v. Epsom Downs, Inc., 10 NY3d 517, 521). Existe sí un caso real llamado Xiang Fu He v. Troon Mgt., Inc. (34 NY3d 167), que analiza esa misma norma, pero nunca contiene la cita reproducida en el escrito ni califica la disposición como "reparadora". La IA no solo inventó un caso: inventó una doctrina antagónica a la real.
Segundo. El escrito cita también en dos ocasiones Hausser v. Giunta (88 AD3d 969, 970) para sostener que los propietarios aledaños son quienes "mejor pueden vigilar y controlar" el estado de los andenes adyacentes. El caso no existe en la referencia aportada. Hay un caso real llamado Hausser v. Giunta (217 AD2d 604), pero versa sobre un accidente en Long Beach y aplica el Código Municipal de Long Beach, no el artículo 7-210, y no contiene la frase transcrita en el escrito.
Tercero. El escrito cita Lack v. Lack (841 NYS2d 403, 404) para la proposición —en sí misma inocua— de que la revisión de una sentencia sumaria en apelación se hace de novo. No existe ningún caso con ese nombre en Nueva York. No existe en esa referencia ni en ninguna otra.
Junto a estas tres citaciones de casos inexistentes, el escrito también malinterpretó dos casos reales. Campaign for Fiscal Equity v. State of New York (86 NY2d 307) fue invocado para sostener que las excepciones a las normas reparadoras deben interpretarse estrictamente: ese caso trata sobre financiación escolar y la constitucionalidad del sistema educativo neoyorquino, y no contiene ni las palabras "reparador" ni "excepción" ni ninguna discusión sobre técnica de interpretación normativa. Además, Rodgers v. City of New York (34 AD3d 555) fue citado para sostener que una búsqueda de dos años puede ser suficiente para acreditar ausencia de notificación previa escrita: ese caso únicamente resolvió una pretensión de un propietario colindante y no abordó en ningún momento el requisito de notificación previa aplicable al Ayuntamiento.
La vista oral: el momento en que todo se descubrió
El 20 de mayo de 2026, Sanders compareció ante la Sala para sostener oralmente el recurso. Durante el acto, varios magistrados del tribunal le interrogaron directamente sobre las citas ficticias y las afirmaciones jurídicas erróneas que contenía el escrito. Sanders no estaba preparado para responder sobre esos casos. El tribunal le ofreció un receso de quince minutos para que pudiera consultar sus fuentes. Sanders lo rechazó.
En ese momento, Sanders declaró que él había redactado personalmente el escrito y que las citas procedían de Westlaw, Lexis, algún libro, un caso anterior o algún otro escrito. Esa afirmación era falsa, y Sanders lo sabía.
La rectificación tardía: "tenía miedo de pronunciar la palabra IA"
Tras la vista, el tribunal dictó auto de oficio convocando a las partes para que justificasen por qué no debían imponerse sanciones contra Sanders y el despacho al amparo del artículo 22 NYCRR 130-1.1.
En su escrito de respuesta, Sanders asumió "plena responsabilidad" y reconoció haber presentado "sin saberlo" un escrito con tres citas fabricadas. Admitió haber utilizado "herramientas de investigación asistidas por inteligencia artificial" durante la fase de investigación complementaria —sin recordar exactamente cuál, "una de las gratuitas disponibles al público"— y haber "negligentemente omitido verificar" las citas antes de presentar el escrito. Reconoció que, cuando el tribunal le interrogó en la vista oral, debería haber dicho que los casos habían sido "alucinados por inteligencia artificial". Y explicó el motivo por el que no lo hizo: "sentía que mi carrera estaba en juego y tenía miedo incluso de pronunciar las palabras IA".
El despacho, por su parte, presentó una declaración de su directora jurídica, Stacey Haskel, acreditando que Sanders había mantenido hasta entonces un expediente sin mancha desde su incorporación en 2024, que la firma disponía de una política expresa que exigía la revisión humana de todas las citas generadas por IA, y que la conducta de Sanders había excedido los límites del uso de tecnología aprobado por el despacho. La firma anunció sesiones de formación ética sobre IA generativa para toda la plantilla.
Lo que el tribunal no aceptó como excusa
La Sala de Apelaciones no fue complaciente con la explicación. Y lo dejó claro en su razonamiento.
Sanders atribuyó los tres casos inexistentes a la fase de "investigación suplementaria" realizada con IA, presentándolos como citas para principios "básicos e incuestionables" del derecho. Pero la Sala señaló que esta versión no podía ser completa: también había citas fabricadas del Tribunal de Apelaciones —con contenido doctrinal contrario al real— y dos casos reales enteramente malinterpretados. Estos últimos tipos de errores son, precisamente, las "alucinaciones características del uso de IA generativa en la redacción de escritos", según la propia doctrina que la Sala había fijado semanas antes en Matter of Julien v. Arthur (2026 NY Slip Op 03308). Si todo ello era fruto de IA, su uso fue mucho más extenso de lo reconocido; si no lo era, seguía siendo negligencia grave.
La falta de sinceridad durante la vista oral constituyó, además, un agravante autónomo. La Sala calificó la actitud de Sanders como una muestra de "inmadurez profesional, arrogancia y profundo falta de respeto hacia el sistema judicial".
El marco normativo de las sanciones
El artículo 22 NYCRR 130-1.1 autoriza a los tribunales a imponer sanciones económicas por conducta frívola, definida como aquella que carece de mérito jurídico, persigue dilatar el procedimiento, o afirma hechos materialmente falsos. La norma requiere valorar las circunstancias, el tiempo disponible para investigar y si la conducta se mantuvo cuando su falta de fundamento era o debería haber sido evidente.
La Sala recordó que sancionar sirve tanto para castigar conductas pasadas como para disuadir conductas futuras —no solo en el sancionado, sino en el conjunto del foro. Comparó este caso con Matter of Julien v. Arthur (2026), donde se impusieron $250 a un padre pro se que citó un único caso inexistente y reconoció rápidamente su dependencia mal aplicada de la IA. La diferencia es sustancial: Julien era lego; Sanders es abogado con acceso a Westlaw, sujeto a las Reglas de Conducta Profesional, y no fue sincero ante el tribunal.
Las sanciones impuestas
La Sala impuso las siguientes sanciones económicas, pagaderas al Fondo de Protección al Cliente del Estado de Nueva York en el plazo de veinte días desde la notificación:
- Michael Sanders, Esq.: $8.000
- Law Offices of Michael S. Lamonsoff, PLLC: $2.500
Al despacho se le impuso una sanción menor, reconociendo que su actuación fue contraria a la política interna de la firma y que no existía razón para suponer que Sanders estaba usando IA más allá de lo autorizado. Aun así, el hecho de que el nombre del despacho figurara en un escrito con falsedades materiales justificó, a efectos disuasorios, la imposición de responsabilidad económica.
La Sala añadió expresamente que la cuestión de si también procede una actuación disciplinaria colegial queda abierta y podrá ser examinada por el Comité de Disciplina de Abogados.
La doctrina que consolida esta sentencia
Landberg v. City of New York no cambia el derecho aplicable a las aceras de Nueva York. Cambia el estándar de diligencia exigible a todo abogado que use IA generativa.
La Sala sintetiza tres principios que, a partir de ahora, son jurisprudencia consolidada de ese departamento:
El uso de IA generativa en la preparación de escritos judiciales no está prohibido. Lo que sí está prohibido es confiar en sus resultados sin verificación humana. El paralelismo es explícito: así como nadie presenta en un tribunal el trabajo de un pasante sin revisarlo, nadie puede presentar el trabajo de una IA sin revisarlo. La obligación de comprobar cada cita y cada afirmación jurídica es indelegable.
Las alucinaciones de IA pueden tomar tres formas: casos inexistentes, citas fabricadas de casos reales, y malinterpretaciones de lo que los casos reales realmente decidieron. Las tres están documentadas en este caso. Las tres son imputables al abogado que firma el escrito.
La falta de verificación no es excusa técnica: es negligencia profesional. Y la falta de sinceridad ante el tribunal cuando esa negligencia es descubierta agrava la sanción de forma autónoma.
Conclusiones
- Un tribunal de apelaciones de Nueva York ha impuesto $8.000 de sanción a un abogado y $2.500 a su despacho por presentar un escrito con citas judiciales generadas por IA y no verificadas.
- Las infracciones incluyeron tres casos completamente inexistentes, una cita fabricada del Tribunal de Apelaciones contraria a la doctrina real, y la tergiversación de dos casos reales.
- El abogado mintió en la vista oral sobre el origen de las citas y solo reconoció el uso de IA en su escrito posterior, lo que la Sala consideró agravante.
- La sentencia consolida que el deber de diligencia del abogado no se delega en la IA: verificar es obligación personal e irrenunciable.
- La Sala deja abierta la posibilidad de actuación disciplinaria colegial, lo que amplía las consecuencias potenciales más allá de la sanción económica.
- Esta resolución se suma a una jurisprudencia norteamericana creciente —Mata v. Avianca, Deutsche Bank v. LeTennier, Matter of Julien v. Arthur— que construye un estándar uniforme: usar IA, sí; verificar, siempre; mentir sobre ello, nunca.
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